
Nuestro
Héroe - Walt Disney
POR
A.V. SCHAERFFENBERG
A usted no le gustaría que su biografía estuviera
escrita por Marc Eliot. A no ser, claro está, que fuese
usted un judío marxista o un traidor racial amante de
los judíos. Incomprensiblemente, ningún hombre
Blanco carente de respeto hacia si mismo podría esperar
un tratamiento correcto en las manos de este biógrafo
carroñero.
Pero
mientras usted vive, no debería temer nada de las opiniones
del Sr. Eliot Ya que pertenece a esta nueva estirpe de buitres
"políticamente
correctos" que se nutren de la vida de hombres ya fallecidos.
Una forma barata y fácil de fomentar una controversia
para un libro (controversia = ventas) es la difamar convenientemente
a una personalidad fallecida, cuya persona es todavía
generalmente reverenciada. Y si la víctima en cuestión
no resultaba ser amiga de los judíos, entonces las oportunidades
de lograr cada vez más entrevistas en órganos
de opinión judíos como el "New York Times"
están virtualmente aseguradas para chacales de este género.
La desvergonzada cobardía de estos necrófilos
personajillos se ve recalcada por el hecho de que las personas
sobre las que escriben no pueden defenderse, ya que están
muertas.
Habiendo
hecho ya jirones la reputación de ciertos héroes
Blancos como Enrique Ford, H.L. Mencken y Carlos Lindbergh.
las alas de los buitres baten hacia la próxima víctima
de su voracidad, en esta ocasión, nada más y nada
menos que Walt Disney. Si alguien no necesita introducción
alguna, ese hombre es el Tío Walt, una de las figuras
universalmente más amadas de esté siglo XX. Es
decir, hasta que Marc Eliot decidió hacerse de oro logrando
el apoyo del Poder Sionista mancillando el nombre de un genuino
Ario. No debería resultar pues una sorpresa, que otro
libro del Eliot, "Down Thunder Road", sea una servil
parodia de Bruce Springsteen. El autor es, por consiguiente,
uno de esos chaqueteros enemigos de la cultura Blanca, que vendió
a su propia raza para inflar el ego del excesivamente supravalorado
y judaico cantante de rock 'n' roll, mientras embadurnaba de
tinta e intentaba destrozar a auténticos héroes
de la Raza Blanca, como el creador de "Fantasia",
para satisfacer la incoherente ansia de la distorsión
de un seboso y repugnante judío. Paradójicamente,
la mayoría de las cosas que Eliot encuentra más
horribles son precisamente los hechos de la vida de Disney que
cualquier lector Sano aplaudirá. Para los Nacional Socialistas
particularmente, "El Príncipe Oscuro de Hollywood",
como es llamado despectivamente en el subtítulo de la
biografía, ganará en respeto y admiración.
Una
Trampa, Judía para Disney
A
pesar de su descarada hostilidad (¿enviada?) hacia el
protagonista, el autor revela por primera vez la increíble
magnitud del trasfondo Nacional Socialista de Walt Disney y
su generalmente desconocido combate contra el dominio judío
de su oficio y su país. Eliot cuenta como Disney comenzó
como un joven y oscuro ilustrador en los primeros años
20, cuando abandonó su hogar en Kansas para tentar la
suerte en Hollywood. La primera producción de Walt, Alicia
(de Lewis Carroll), puso de relieve sus innovadoras técnicas
cinematográficas, que consistían en combinar personajes
animados con actores reales. Pero necesitaba un distribuidor
para hacer triunfar a su obra. Por aquel entonces, como es sabido,
la distribución cinematográfica era el reino privado
de los judíos, que, por instinto, habían percibido
desde los primeros pasos del cine que éste podría
ser un medio inigualable para dominar y moldear las mentes de
la masa de Gentiles. Consecuentemente, Milton Feld fue el primer
agente de Disney, y le puso en camino al agujero de ratas Talmúdicas
que era Nueva York. Una vez allí, cayó en las
garras de Margarita Winkler. Ella administró la primera
distribución de las series de Alicia por las cuales él
recibió 1,500$ por película, lo suficiente para
justificar los costos de producción, pero fue un humilde
comienzo por el cual el ingenuo artista del MedioOeste estuvo
sinceramente agradecido.
Unos
pocos meses más tarde, no obstante, Winkler le informó
de que reduciría sus honorarios a la mitad, ya que sus
series no estaban siendo bien recibidas y estaba perdiendo dinero
en la taquilla. Eliot escribe, "Disney estaba menos al
tanto de la restricción que de la razón de porque
sus películas no eran más exitosas. No había
manera para él de saber que la decisión de Winkler
no tenía nada que ver con la calidad de sus películas.
Habían sido, de hecho, las más exitosas de las
de Winkler y habían comenzado a crear un numeroso grupo
de entusiastas seguidores a lo largo de la costa este. No obstante,
habiéndose casado recientemente con Carlos B. Mintz un
antiguo representante de la Warner Bros., Winkler le había
trasferido todo cl control de la compañía a él.
Mintz redujo inmediatamente todos los pagos a los proveedores
de la compañía, sin importarle cuanto aportaban
sus películas." En ese momento la trampa contra
Walt Disney estaba en camino.
Mintz
se presentó inesperadamente un día en el estudio
Hyperion y mintió a Walt y a su hermano Roy, diciéndoles
que las series de Alicia habían sido canceladas por falta
de interés. Walt "se encerró en su despacho
y permaneció allí hasta la noche del día
siguiente, rechazando hablar con nadie y culpándose a
sí mismo por el fracaso de la compañía.
Lo que él no sabía era que Mintz había
estado viajando regularmente de Nueva York a Hollywood para
negociar un acuerdo con Carl Laemmle, el fundador de Universal
Pictures, respecto a una serie sobre un conejo para competir
con las altamente triunfantes series del Gato Félix.
Cuando el acuerdo estuvo sellado Mintz vislumbró un camino
a seguir que no sólo había sido concebido por
los Disney sino que, si todo resultaba según lo planeado,
los 'patanes' (¿o 'goyims'?, AVS), como Mintz se refirió
a los Disney a sus espaldas, airearían permitiéndole
quitarles el estudio para consolidar el trato. Tras dejar pasar
unos cuanto días,
Mintz hizo otra visita al Hyperion, esta vez con 'buenas nuevas”.
Podría ser capaz de salvar su acuerdo, dijo a los dos
hermanos, si podían crear un dibujo animado original,
algo como –dijo- “un conejo."
El
Conejo de Disney en la Trampa
Totalmente
engañado por lo que él creyó era la amable
ayuda de su distribuidor judío, Walt se afanó
para producir finalmente "Oswaldo el Conejo afortunado".
Aquel por el que Oswaldo debía estar contento resultaría
evidente en tiempos de pago. Mintz, en su calidad de mediador,
recibió el doble de sus honorarios por firmar también
como "creador" para la agencia títere de su
inocente esposa, "de este modo creando dos sociedades entre
Walt y Laermule". Oswaldo fue un éxito instantáneo
y enorme, y generó "beneficios proporcionales"
para el agente judío y la caricatura judía. El
sólo comenzó a rebelarse, cuando accidentalmente
descubrió que Mintz y Laemmle estaban embolsándose
secretamente algunos millones adicionales comercializando a
Oswaldo en juguetes, caramelos, ropas y otros productos para
niños, todo sin su conocimiento, consentimiento o participación.
Mintz fingió conmiseración y le habló para
que evitase cualquier acción que pudiera perjudicar al
Gran Señor, Carl Laemmle.
En
febrero de 1.928, con Oswaldo el conejo afortunado como la caricatura
más popular en las pantallas de toda América,
Disney fue con su esposa, Lillian, a renovar su contrato con
Mintz en Nueva York, éste "disfrutó mucho
presentando a Walt a varíos productores y directores
que habían venido para conocer al audaz y joven animador
de Hollywood". Ese mismo día, Mintz sentó
a Walt en su lujosa oficina de la quinta Avenida. "Entonces,
sin perder el tiempo, de una manera tranquila e intensa marcadamente
diferente de la que había empleado en el almuerzo, Mintz
comunicó que lo que iba a decir iba a ser su única
oferta. Desde ese momento los honorarios de Disney por caricatura
serían recortados de 2,250 $ a 1.800 $. Si esto no era
aceptado, la única alternativa para Snappy (la agencia
de Míntz) sería la de retirar todas las producciones
posteriores de las caricaturas de Oswaldo. Y Mintz advirtió
a Walt que usaría el propio equipo de Disney para hacerlo!"
Los pasos de esta conspiración sanedrínica estaban
en marcha en el lejano Hollywood, en el mismo instante en el
que Mintz elogiaba a Walt durante el almuerzo, la mayoría
de los animadores de Disney "se resignaban simultáneamente
a aceptar las posturas de Snappy". Tomando ventaja por
la distracción de Disney y su inesperado ultimátum,
Mintz pretendió ablandarse, y ofreció permitir
a Walt mantener los derechos de Oswaldo, sólo si Snappy
podía obtener los derechos del 50% de los estudios Disney.
Fue la eterna historia del Demonio conspirando por la posesión
de un alma humana.
Avisado
por Roy, Walt desistió de preservar los derechos de su
propia creación, Oswaldo el conejo afortunado, perdiendo
por consiguiente todos su ingresos, pero retuvo la propiedad
de su drásticamente disminuido estudio. Perdidas virtualmente
tolas las esperanzas con su hurtada propiedad, Walt y Lillian
tomaron tristes el tren para el largo viaje de vuelta al hogar.
Fue en esta deprimente jornada, no obstante, en la que el genio
Ario que vence los grandes obstáculos alumbró
el fértil intelecto de Walt Disney creando Mickey Mouse.
El resto es historia. El destino de Oswaldo el conejo afortunado
fue sombrío debido a su nuevo carácter a pesar
de ser tan popular bajo la mano de Disney. Sin su creador, de
todas formas, la fortuna de Oswaldo desapareció rápidamente
y se marchitó sólo tras un corto período
de tiempo cayendo en el olvido. Los esfuerzos de los judíos
por generar ganancias perpetuas a través de Oswaldo y
sus vanas imitaciones del modelo de los estudios Disney no dieron
resultado, mientras que las Producciones Walt Disney remontaron
el vuelo hasta unas cotas sin precedentes en medio del clamor
mundial en los años30.
Disney
en el "Partido Nazi Americano"
Walt,
con los sentidos fijos en su arte, llegó a percatarse
del denominador común -el judío- de Feld, Winkler,
Mintz y Laemmle, así que se preparó para otro
combate a vida o muerte con la judería, cuando ingenuamente
aceptó a algunos judíos para integrarse en su
organización la cual se expandía rápidamente.
Para ser sinceros, mientras todavía estaba combatiendo
por la existencia, pocos creían que podría volver
a levantar cabeza tras la conspiración de Mintz. Pero
tras su inesperado éxito con Mickey Mouse, los judíos
comenzaron a verle como un peligro para sus planes. Entre los
animadores posteriores a Mintz que ingresaron en los estudios
Disney estaba Arthur Babbitt. Desconocido para Walt, por otro
lado, además de ser un judío, Babbitt también
estaba controlado por el FBI por ser simpatizante comunista.
Empezó a preparar secretamente el terreno para una huelga
que llevaría a los empleados de Disney a la abiertamente
marxista Hermandad de Caricaturistas. El que estos mismos empleados
fueran los animadores mejor pagados del sector, con condiciones
de empleo ejemplares, no impidió las demandas de Babbitt,
ya que su única intención era la de hacer de la
Productora Disney otro nido propaganda Roja. Tras ensalzar (e
inadvertidamente poner al descubierto) la creación y
manipulación de la Hermandad de Escritores de la Pantalla
por parte del Partido Comunista de los Estados Unidos de América,
Eliot se pavonea de que los comunistas "continuaron desempeñando
un papel muy importante en la politización de la ciudadanía
de Hollywood" en los años 40.
Habiéndose
enfrentado con anterioridad con la extinción a manos
de los judíos capitalistas, Disney estaba ahora enfrentado
a los judíos comunistas que intentaban quitarle su estudio.
Los métodos eran diferentes, pero el enemigo era el mismo.
Por fin descubrió la verdadera identidad del peligro,
y comenzó a buscar respuestas a sus preguntas. Según
Eliot, "Durante aquel tiempo Disney ayudó a organizarse
a los realizadores independientes de películas contra
la maquinaria de la industria del cine, también acompañar
a Lessing (Gunther Lessing, abogado y amigo intimo de Disney)
a las reuniones y concentraciones del partido (sic) Nazi Américano."
EI Partido Nazi Americano fue fundado en 1.958, cerca de 20
años después de los hechos mencionados por Eliot
Las reuniones a las que asistió Walt Disney eran dirigidas
por los "Camisas Plateadas" de Guillermo Dudley Pelley,
una temprana organización Nacional Socialista' y no un
partido con un programa concreto exceptuando la consecución
de la neutralidad de los Estados Unidos de América.
Babbitt,
el agitador huelguista, siguió a Disney a las reuniones
de los Camisas Plateadas y le espió: "En los años
inmediatamente posteriores entramos en guerra, había
un pequeño pero ferozmente leal, y supongo que legal,
grupo de seguidores del Partido Nazi. Se podían comprar
copias de "Mi Lucha" en cualquier quiosco de Hollywood.
Nadie me pidió que fuera a ninguna concentración,
pero yo lo hice, lleno de curiosidad. Había reuniones
libres, a las que cualquiera podía asistir y yo quería
ver de que se trataba por mi mismo. En más de una ocasión
vi a Walt Disney y Gunther Lessing allí, junto con otras
eminentes personalidades pro-Nazis (sic) de Hollywood. Disney
siempre estaba yendo a reuniones. Fui invitado a hogares de
numerosos actores y músicos, y todos ellos trabajaban
activamente para el Partido Nazi Americano. Se lo conté
a mi novia que era a su vez editora de la revista "Coronet"
y ella me animó a escribir lo que había visto.
Tenia algunos contactos con el FBI y les di información."
El hecho de que el marxista Babbitt no tuviera reparos en colaborar
con el archiconservador FBI cuando se trató de combatir
a los Nazis no debería sorprender a nadie consciente
de que la duplicidad es la segunda naturaleza de la mente judía.
No sin motivo Disney se refirió a él como "la
rata de alcantarilla"

¿El
Ratón Mickey o la Rata Holgazana?
Pero
fue escuchando a los oradores Nacional Socialistas cuando Walt
inició su auténtico despertar político.
Por primera vez, se percató de los pasos de la progresiva
influencia judía en Hollywood y comenzó a percibir
las causas profundas de su propio problema con Mintz, y del
más reciente conflicto con Babbitt. Irónicamente,
el dominio de la industria del cine americana nos es sucintamente
presentado en la biografía anti-Disney de Marc Eliot.
Apunta que el cine comenzó en el cambio de siglo como
una empresa totalmente Gentil liderada por su inventor; Tomás
Alva Edison. Él y el resto de sus compañeros cinematógrafos
Arios estaban intensamente preocupados por su responsabilidad
pública, especialmente en lo que concierne a los niños,
y deseaban producir películas de carácter ético
y de gran calidad que fuesen moralmente sanos y constructivos
artísticamente.
El
instinto judío pronto olfateó las posibilidades
financieras de este nuevo medio, como quiera que apelara a las
más viles inclinaciones de las masas:
Edison
fue muy atacado repentinamente, barriendo la popularidad de
la primera innovación del siglo, charlatanes callejeros,
y parlanchines que aparecieron por primera vez en los bajos
del Este de Nueva York. El sintió que degeneraron el
sofisticado arte del cine ofreciendo 'peep shows' y otras diversiones
libidinosas dirigidas a satisfacer los placeres carnales de
los trabajadores. En 1.940, Edison fundó la primera alianza
de productores de películas, que llegó a ser conocida
como el 'Trust'. Su objetivo era el de proteger al publico y
sus propios intereses financieros) de la. basura inmoral producida
por lo que él denominó los 'advenedizos judíos',
los cuales no sólo llamaban la atención de los
trabajadores sino que producían sus propias películas
para mostrárselas. En forma de respuestas, un grupo independiente
de productores –en su mayoría judíos, liderado
por Cari Laemmle, formó su propia organización
distribuidora, o de intercambio, como ellos la denominaron.
Organizaron un efectivo e ilegal mercado negro para importar
películas crudas extranjeras y equipos que les permitieron
continuar haciendo películas".
No
obstante, Edison no era un débil supracivilizado, como
los cobardes productores de hoy en día. Organizó
sus propias tropas de asalto. Como Eliot narra correctamente,
"Destrozaron las arcadas de los ilegales y colocaron barricadas
de fuego en los vecindarios que los alojaban." Era el único
argumento que los judíos comprendían y funcionó.
Nueva York estaba limpia de nuevo. Pero los judios y la chusma
de Laemmle sobresalientes en la supervivencia como en ningún
otro arte emigraron a California, "para poner tanta distancia
entre ellos y Edison como les fuera posible". Allí
encontraron un estado realmente barato, un clima perfecto, y
la protección natural de una zona de 3.000 millas de
escapada. California les dio una segunda oportunidad de hacer
sus películas.
"Al
contrario que sus primero socios de la Costa Este,. los directores
de los estudios de Hollywood estaban más interesados
en los beneficios que en la experimentación artística.
Pusieron en pantalla lo que más vendía. El público
estaba deseando pagar por ver películas repletas de sexo
y de violencia, y Hollywood estaba más que contento de
poder hacerlas. No obstante los magnates de Hollywood no tenían
ni idea de lo que significaba el término de películas
'socialmente aceptables'. No sabían si sus películas
eran morales o inmorales y por tanto no podían tener
las mas mínima preocupación. Para ellos, las películas
eran estrictamente medios de ganancias, no instrumentos de expresión.
Cuanto mas dinero diese una película, mejor era. Todas
las veces que la industria fue atacada por ser moralmente corrupta,
ninguno de los propietarios de Hollywood creyó que el
problema tuviese que ver nada con la moralidad.
"Lo
cual, por supuesto, era precisamente el problema. Entre aquellos
que percibieron correctamente que Hollywood estaba dominado
por los judíos, muchos de ellos en el gobierno y el sector
privado no eran más gentiles, incapaces de comprender,
por estar abandonada, la esencia de la moralidad Cristiana.
Creían que los hombres de negocios judíos de Hollywood
habían corrompido un arte con el propósito de
ganar dinero, y de paso contribuyendo a la creciente corrupción
moral de América. Eran, en palabras de Enrique Ford,
un ejemplo perfecto del creciente problema de América,
eL influjo "judío internacional" en el cambio
de siglo.
Ford
no fue el único Americano Ario célebre que se
enfrentó al Hebraico Hollywood. Guillermo Randolfo Hearst,
"nada amigo ni de los judíos ni de la industria
del cine", publicó una serie de editoriales documentando
la degeneración y el marxismo latente en las películas.
"La campaña de Hearst recibió apoyos en el
congreso, donde la definición de la moralidad en las
películas había pasado con los años a incluir
no solamente la provocación sexual sino la subversión
política. En Marzo de 1.929, el senador americano Smith
Brookhart expuso lo que él consideraba la deteriorada
situación en Hollywood como nada más que una lucha
por los beneficios a costa de la moralidad social entre estudios
rivales, liderados por 'cuadrillas de judíos'."
Mickey
Mouse y la Esvástica
En
consecuencia expuesto a los hechos del poder judío en
Hollywood, el velo cayó de los ojos de Walt Disney e
hizo voto de mantener su estudio libre de judíos para
siempre. Además de lo concerniente a su arte, quería
combatir la misma amenaza que amenazaba a su país y a
su civilización. Consciente de que su pertenencia en
un grupo abiertamente Nacional Socialista sólo añadiría
combustible a la pira preparada para él por sus enemigos,
Disney se aproximó al "más respetable"
movimiento “América Primero”, una organización
tapadera de los grupos conservadores, de derechas e incluso
Fascistas y Nacional Socialistas incluidos las Camisas Plateadas,
en oposición popular a la histeria de guerra generada
desde el capitolio en Washington, D.C. hasta la capital del
cine en Hollywood. Walt se convirtió incluso en un abierto
activista, incluso compartiendo el estrado de los oradores con
Carlos Lindbergh en las concentraciones y discursos radiofónicos
de “América Primero” a lo largo y ancho del
país.
Por
siempre un genio, no pudo resistirse a insertar subrepticiamente
algún apoyo críptico para la Causa en sus caricaturas.
Inevitablemente, tanto los amigos como los enemigos se percataron:
“Había algunos que comenzaron a ver 'señales
secretas' en los trabajos de Disney, incluyendo, en una ocasión,
una esvástica en la imagen final de una caricatura de
Mickey Mouse el 19 de junio de 1940. La conmoción y el
enfado que rodearon a la tira animada llegó eventualmente
al despacho de J. Edgar Hoover después de que un 'fan'
de Disney escribiera al jefe del Gabinete citando la edición
del 19 de junio. El 'fan' advertía que 'en la ultima
sección de Mickey Mouse de Walt Disney había una
muy visible esvástica en forma de dos notas musicales
cruzadas'." De hecho, la aparición de la cruz en
cuestión no parece accidental debido a su colocación
sobre las palabras "el viejo lacero". Disney, un ferviente
amante de los caballos, a menudo se refirió a si mismo
como "un viejo lacero". La caricatura probablemente
interpretada como una broma personal, el único campo
público en el que Walt sentía que podía
identificarse con el Nacional Socialismo, al menos de una forma
críptica.
Mientras,
la huelga promovida por Babbitt estaba perjudicando a su estudio
llevándose a sus animadores. Los huelguistas judíos
y comunistas trabajaban codo con codo con los magnates judíos
capitalistas todavía ansiosos de controlar a Disney de
una manera u otra, como Francisco Tashlin, líder de la
compañía propiedad de Harry Cohn "Las Gemas
de la Pantalla": "Entre los primeros en firmar con
Tashlin estaba David Swift, uno de los más jóvenes
y prometedores animadores de Disney. Cuando Walt supo de los
planes de Swift de abandonar, según el artista 'Al final
me llamó y hablando con un claro acento judío
dijo, 'De acuerdo chico, te vas fuera a trabajar para esos judíos.
Ahí está tu lugar, con esos judíos'."
Un
Eminente Judío Ocupa los Estudios Disney
Los
esfuerzos de Disney para prevenir a su país de involucrarse
en una guerra para la liberación de los estipendios judíos
tuvo un brusco final inmediatamente después de Pearl
Harbor. Su estudio fue ocupado por las Fuerzas Armadas de los
Estados Unidos y fue obligado a crear breves cortometrajes propagandísticos
ni más ni menos que para el Secretario del Tesoro, Enrique
Morgenthau, creador del sangriento "Plan Morgenthau",
destinado a liquidar al pueblo alemán por su imperdonable
pecado de antisemitismo. "Se quejó amargamente a
Roy y Lessing de como su estudio estaba siendo forzado a aceptar
a 'aquel judío', como Walt se refirió al Secretario,
no como un asesor sino como un propietario que quería
estar a cargo de todo. Para Walt, el estudio funcionaba ahora
con el mensaje de Morgenthau sacado a la luz por los mensajeros
de Disney - películas de propaganda política que
hicieron subir como la espuma la popularidad del ratón
americano Mickey, su querida, Minnie, el pato Donald, el camarada
Goofy, y el perro Pluto. Se dice que en un momento dado Disney
se refirió a sus adorados personajes como cautivos, forzados
a desempeñar un papel similar al de Pinocho para un Stromboli
como Morgenthau".
Pero
la ocupación judía de los estudios Disney fue
breve y el ejército se retiró en 1.943. Después
de esto, Walt continuó el combate, aunque fuese fútil,
contra la creciente marea marxista, principalmente testificando
anteriormente a varias investigaciones gubernamentales acerca
de la infiltración comunista en las artes y los medios
de entretenimiento. Pero los judíos no volvieron a ser
capaces de ganar la posición anterior en la Productora
Disney, al menos mientras él vivió, y su nombre
continuó siendo un sinónimo de la excelencia de
la cultura popular.
Disneylandia
Invadida por Ratas
Tras
su muerte en 1.966, a la edad de 65 años, el estudio
pasó a sus herederos. Sus riñas e incompetencias
llevaron a la productora y a la corporación Disney a
un rápido declinar, generando una peligrosa crisis para
su legado artístico y financiero, abriendo a la vez nuevas
posibilidades al Viejo Enemigo: "Un hombre bajito y obeso
con unos ojos semejantes a unos orificios de bala y pelo negro
que un socio describe como no menos negro que su corazón,
Saul Steinberg, había llegado a la conclusión
de que en su presente estado de debilidad, la Productora Walt
Disney estaba en una posición perfecta para una expropiación.
Lo que había atraído a Steinberg fue el continuo
declive del valor de las existencias de Disney. Ya en 1.984,
Disney cotizaba cada acción a 45 $, muy por debajo de
los 84 $ del año anterior. Steinberg quería adquirir
el apurado estudio para vender sus fondos individuales -la filmoteca,
el estudio Burbank, los parques de atracciones- por lo que creía
que le daría el equivalente de 100 $ por acción,
un enorme beneficio de más de doble de su inversión."
Pero
Steinberg fue únicamente el primero de los chacales atraído
por el olor a carroña que despedía el declive
de la compañía Disney: El desarrollo de la Disney
llamó entonces la atención de la nueva generación
de mediadores de Wall Street, inversores de una gran cantidad
de compañías a quebrar cuyo valor aumentaría
luego rápida y repentinamente. De la
noche
a la mañana, uno de estos mediadores, Ivan Boesky, entró
en el juego. Su objetivo no era apoderarse del estudio, sino
meramente la de guiar la anticipada escalada de valor de las
existencias lo que naturalmente sería seguido de algunos
repentinos y grandes beneficios de Steinberg, Roy E. Disney
o suyos propios. Boesky se convirtió de esta forma en
el cuarto mayor accionista del estudio de Walt Disney."
Al
final, no hubo diferencia alguna en cual de los carroñeros
tomara las riendas. El chacal victorioso fue Miguel Eisner,
responsable de distribuir tales "epopeyas" como el
anti-nazi "En Busca del Arca Perdida", el favorable
al mestizaje "Oficial y Caballero", y el descaradamente
bolchevique "Rojos". Basados en estas financieramente
exitosas películas, si bien artística y moralmente
cuestionables, los directores del equipo Disney, se desmoralizaron
tras pago de 325 millones de $ a Saul Steinberg en concepto
de intereses", y permitieron á Eisner convertirse
en el gerente del estudio. Fiel a las formas, abrió las
puertas de la Dysney a sus compañeros del Pueblo Elegido,
como Jeffrey Katzenberg y Ricardo Frank, ambos ejecutivos de
la Paramount, los cuales salvaron al estudio de la destrucción
financiera por medio de despidos masivos y recortes drásticos
del alto dintel de producción creado por Walt
La
Productora Disney de hecho creció económicamente,
pero nunca se recuperó artísticamente. "No
obstante, ocultos entre los sumisos se oían las disgustadas
voces de muchos veteranos de la compañía. Los
animadores fieles al viejo estilo, especialmente, estaban disgustados
por la animación casi totalmente computerizada del estudio.
Aunque el mismo Walt adoraba las innovaciones técnicas,
el sentimiento entre muchos de los animadores veteranos era
el de que el estudio había abandonado su herencia creativa,
el arte de la creación a mano al servicio del argumento.
Las nuevas películas, se quejaban, no parecían
más que burdas copias de unos originales mucho mejores.
Uno de los más antiguos animadores de la Disney afirmó
que 'Querida, he encogido a los niños', más o
menos con su argumento, no era en realidad más que una
versión de "Alicia en el País de las Maravillas".
Un veterano guionista sugirió que la caracterización
dé Roger Rabbit se parecía mucho al original Oswaldo
de Walt.
Por
supuesto, la razón real de la despersonalización
y la calidad a la baja del producto rehecho de la Disney de
hoy en día no reside en ninguna técnica de informática,
sino en descarados hombres de negocios que ahora controlan el
vasto imperio Disney y se enfrentan con algo que sus mentes
no hubiesen sido ni de lejos capaces de concebir. Incluso el
identificable Eisner se ha ido: "Cauto, quizás,
de la promesa del Presidente Clinton de un impuesto más
severo sobre las ganancias, cobró la mayoría de
las existencias y se llevó a casa un cheque de 192 millones
$."
"En
una taberna de Burbank, el hijo de uno de los animadores del
equipo original de Disney se sentaba en una esquina, bebiendo
un whiskey con soda. Las noticias de la distribución
de las existencias de Eisner le hicieron reír entre dientes.
Meneó su cabeza, bebió un trago, y se echó
hacia atras. '¿Qué cree usted que hubiese pensado
el viejo Walt sobre un judío que sacaba tanto dinero
de su estudio?'"
Así
acaba la última biografía del mayor animador del
mundo. Su portada exhibe una fotografía de un perfil
siniestro, obviamente perteneciente a Walt Disney. Pero la encorvada,
ávida y ganchuda imagen no guarda semejanza con el creador
Ario de “Blanca Nieves” y “20000 leguas de
viaje submarino”. Más bien es la notoria silueta
de aquella intrínsicamente endiablada eminencia que le
persiguió toda su vida, incluso tras su muerte. Por identificar
y despreciar aquel demonio, los anti-semitas en general y los
Nacional-Socialistas en particular están condenados por
los dueños de la opinión pública de Hollywood
como “psicóticos”, porque alguien que no
aprecie cuan adorables son los judíos ha de ser insano.
Sí es así, entonces estamos en la mejor compañía
posible, con amigos como Walt Disney.
POR
A.V. SCHAERFFENBERG

Walt
Disney y Mickey Mouse
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