EL ORIGEN DEL TÉRMINO CÁTARO

 

    Se ha admitido durante mucho tiempo que el término de «cátaro» venía del griego katharos, que significa «puro». Cosa que no parece evidente hoy, sobre todo si observamos que los cátaros no se llamaron nunca así ellos mismos. Ese término fue utilizado únicamente por sus adversarios y es evidente que tiene una connotación infamante en la voz del que lo empleó por primera vez en sus sermones, en 1163, el monje alemán Eckbert de Schonau. Treinta y cinco años después el polemista católico Alain de Lille escribe que se les llama así a causa del latín «catus», que quiere decir «gato», pues dice «se cuenta que besan el trasero de un gato, forma bajo la cual se les aparece Lucifer...» Injuria esta que se puede explicar por el hecho de que los cátaros, imputaban al Príncipe del Mal la creación del mundo visible y que en muchas tradiciones medievales, sobre todo en Alemania, el gato era el animal que simbolizaba al Diablo. Es significativo, además, que la palabra alemana medieval kettel; que quiere decir «hereje», derive de katte «gato» (en alemán moderno es ketzer y katze).

    No obstante, aunque la palabra cátaro no provenga del griego katharos de significado «puro», bien podría definir a esos hombres que buscaban la pureza del alma para así poder escapar de la creación demiurga.

    También se atribuyeron a los dualistas otros muchos nombres: mientras que en Alemania los trataban de «cátaros», les llamaban «poplicanos» y «piphles» en Flandes, «patarins» en Italia y en Bosnia «bougres» o «boulgres», es decir «búlgaros». Igualmente, y sin maldad esta vez, los denominaban a menudo «tejedores», «tisseyres», en el país de Oc a causa del oficio predilecto que desempeñaban, que a menudo se asemejo como una alquimia, al creerse que tejían el alma de los hombres. Se les designó igualmente con términos geográficos: «los herejes ageneses, tolosanos, albigenses...» Este último vocablo, con el de «cátaros», fue el que más se empleó hasta el punto de convertirse en el equivalente de «cátaros» aunque fueran de regiones lejanas de Albi.

    Los cátaros entre ellos se autodeterminaban «cristianos», «buenos cristianos». Los creyentes solían llamar a los Perfectos «buenos hombres» y más a menudo «amigos de Dios», una fórmula que se encuentra con frecuencia en el Languedoc en el siglo XIII y que es la traducción literal del eslavo «bogo-mil». De modo que para ser fieles al vocabulario de aquella época tendríamos que llamar a la Iglesia dualista, dicha «bogomila» en los Balkanes y «cátara» en Occidente, la «Iglesia de los Amigos de Dios».