LOS SIETE SERMONES A LOS MUERTOS

Introducción

Miguel Serrano

 

En 1925, Jung editó un extraño libro, sin su firma. Sólo después de su muerte, con la publicación de sus Memorias, se ha confirmado la paternidad de la obra, contándonos Jung bajo cuáles urgencias la escribió, aparentemente en escritura automática, como dictada desde el «otro mundo», desde el Inconsciente Colectivo, como diría él. El personaje que se «la dictó» fue un Arquetipo: el del Maestro, del Sabio, del Gurú de los hindúes: Por aquel entonces, Jung se enfrentaba con el Arquetipo del Anima, esforzándose por no oír sus engañosas voces, al mismo tiempo que, algunas veces, se tomaba de su mano para descender con él a los infiernos o escalar hasta los cielos.

    Jung bautizó con el nombre de Filemón a ese anciano que se le aparecía y le hablaba, revelándole profundos secretos en el fondo de su propia alma. Llegó a dibujarle, y así se ha podido conocer su silueta en El Libro Rojo, que redactó como diario de aquella época. De este modo, Filemón venía a ser el Anciano Eterno, el Caminante de la Aurora, el Viajero de los Días, el Maestro, el Gurú que habla desde un mundo sin tiempo, con otras dimensiones.

    He conocido en la India y también en Chile a iniciados que reciben sus órdenes, sus «prácticas», sus normas de vida, de Maestros descarnados, habitantes del otro mundo. Estos Gurús no han descendido jamás a la carne, aun cuando sus imágenes son definidas y descritas con la misma precisión que Jung usó para dibujar a su Filemón.

    Jung nos cuenta cómo se vio obligado a escribir ese extraño libro que tituló, en latín, VII Sermones ad Mortuos y el cual le fuera dictado por Filemón; pero que él atribuyó a Basílides, gnóstico de Alejandría, «la ciudad donde el Este se topa con el Oeste».

    Los más curiosos fenómenos precedieron a la realización de la obra. La casa de Jung se llenó de ruido, el aire era tenso, como si estuviera lleno de presencias invisibles, sus hijos y él mismo tenían extraños sueños, la fatalidad parecía rondarles, acechando en los rincones. Todo lo cual no cesó hasta el momento mismo en que Jung dio fin a su libro.

   El estilo en que está escrito es arcaico y un tanto confuso, lo cual es inevitable ante el impacto numinoso del Arquetipo.

    Los junguianos no desean que este libro se difunda, temiendo quizás que la reputación científica del Maestro pueda sufrir menoscabo, confirmándose la acusación del misticismo que algunos críticos han hecho a Jung. Pero Jung lo reconoce y destaca en sus Memorias, sin temor alguno. En la edición alemana de estas Memorias póstumas se reproducen enteros los VII Sermones ad Mortuos, no así en la traducción inglesa, de donde han sido expurgados.