PROCESOS INICIATICOS

 

    Durante el proceso de iniciación, cuando el cuerpo astral del candidato era dilatado y guiado a través de un mundo de seres espirituales, su ego, o "yo", no tomaba parte en estos procedimientos. Es decir, las antiguas formas de iniciación se ocupaban tan sólo del cuerpo astral, y el candidato no se daba cuenta de lo que sucedía, de modo que se sumía en un profundo trance antes de que empezara la iniciación espiritual. Cuando el ritual terminaba, el candidato volvía en sí y recobraba la consciencia de sí mismo, en la que recordaba la experiencia espiritual que su cuerpo astral había vivido en el macrocosmos.

    Las técnicas de iniciación se hicieron más y más sofisticadas y peligrosas, hasta que llegaron a la fase muy avanzada del "sueño del templo" de los antiguos egipcios. Con esta técnica, el candidato pasaba por una forma de muerte ritual. Envuelto en una mortaja y encerrado en un sarcófago, su ego era llevado a un estado en el que quedaba suspendido de un hilo entre la vida y la muerte en los procesos físicos del cuerpo. Al final de este procedimiento, el Hierofante se adelantaba para nombrar al candidato de lo que virtualmente consistía en una resurrección ritual desde la tumba. El alma recién iniciada había pasado por una especie de muerte mística en los procesos físicos del metabolismo, y ahora despertaba a la vida con la "memoria-conocimiento" de su Yo Eterno, que había sido percibido astralmente detrás del velo de los sentidos. Le parecía que había vuelto a nacer. De hecho, los iniciados de Egipto recibían a menudo el nombre de "los nacidos dos veces".

    Llegaba un momento en la evolución del hombre en el que el cuerpo etéreo estaba demasiado inmerso en el cuerpo físico para permitir estos métodos de iniciación con algún margen de seguridad. En este período se utilizaban drogas, incluida la llamada setas sagradas, para llegar a una forma de iniciación sintética. En los estados de consciencia superior evocados por las drogas, la persona que busca realidades espirituales podía incluso entrar en la esfera del Archivo Akásico, y contemplar el pasado y el futuro en un lazo indivisible de tiempo. "Los pergaminos del Mar Muerto" ofrecen el testimonio de las visiones provocadas por las drogas de los iniciados Essene, que al igual que los Teraputae de Egipto, llevaba a cabo dichas prácticas. En un mundo que se sumía cada vez más en las tinieblas por la falta de luz del espíritu, todos los medios para alcanzar una visión de las realidades espirituales estaban moralmente justificadas.

    Otro ritual de iniciación, que era muy peligroso y a menudo fracasaba, era la inmersión total en el agua, hasta que el candidato estaba a punto de ahogarse. Este método producía la separación parcial del cuerpo etéreo del Yo Superior. El candidato veía ante él toda su vida en una gran pantalla, y por unos breves instantes experimentaba la experiencia del espíritu individual humano.

    Todos los rituales de iniciación precristianos tenían un denominador común. Su propósito era crear una disociación temporal de la percepción física, afín de entrar en dimensiones superiores de tiempo y consciencia, en los que se manifestaban todos los mundos espirituales.

    Ni los iniciados en el conocimiento del misterio antiguo, ni los ocultistas modernos consideraban el macrocosmos en términos de espacio y tiempo, sino más bien como esferas de la consciencia transcendental. Los adeptos de la magia ritual, buscan una expansión de la consciencia en lo que ellos llaman la "Luz Astral" de las esferas planetarias. El propósito de sus rituales mágicos es canalizar las fuerzas cósmicas o despertar el "reflejo" de estos poderes desde las profundidades de su propio ser. Y como ayuda para el cumplimiento de este propósito se utilizan, como parte del ritual, muchos signos, símbolos, colores y formas, a fin de guiar al mago hacia la comunicación con estos poderes, a los que aspira servir.

    El siguiente gran principio de la magia occidental es la creencia de que la fuerza de voluntad bien entrenada de un hombre es, casi literalmente, capaz de cualquier cosa. Una cita del gran teólogo del siglo XVII Joseph Glanvill sintetiza de forma admirable esta doctrina:

"Y la voluntad está allí dentro...

¿Quién conoce los misterios de la voluntad con su vigor?

Porque Dios no es más que una gran voluntad

que impregna todas las cosas con su atención.

El poder motivador, entonces es, en todas las operaciones mágicas, la voluntad bien ejercida del mago.

Todos los accesorios de la ceremonia mágica, luces, colores, triángulos, perfumes, no son mas que ayudas para concentrar la voluntad del mago en una corriente impetuosa de energía pura.