EL LINCE IBERICO

 

El lince ibérico, lynx pardina, esta desapareciendo. Hace diez años quedaban unos mil doscientos ahora solo se cuentan pocos más de doscientos, y ninguno en cautividad para intentar una repoblación, se ha llegado a congelar el código genético de un ejemplar por si algún día pudiera ser clonado y así no pasara como con el Bucardo, una subespecie de cabra de los montes de Ordesa, que se extinguió el año pasado sin dejar el menor rastro. El animal más emblemático de nuestras tierras, ya que no se puede encontrar en ningún otro lugar del mundo(existen cinco especies y dos son europeas) esta desapareciendo sin despertar la mínima preocupación. Ni el ministerio de medio ambiente sabe como esta la situación actual del lince.

(c) Antonio Sabater/Enfoque 10

    Este animal solitario, bellísimo, muy raro de ver, que se pasa el día dormitando y sale a cazar en las horas del crepúsculo, de cuerpo vigoroso y proporcionado, piel moteada, pinceles en las orejas, cabeza con patillas, rabicorto, que marca su territorio con la orina, que necesita mucho espacio (una sola hembra puede precisar más de quinientas hectáreas), que evita encontrarse con otros congéneres salvo para aparearse, que alcanza los quince kilos y vive entorno a los doce años, este animal prácticamente solo sabe cazar conejos. Los mata de un mordisco fulminante en el cuello. Necesita comerse uno diario, y tres si es hembra con cachorros (generalmente tienen dos crías).

    En las causas de la desaparición del lince podemos decir que la principal es la del conejo. El lince depende del conejo que ha ido desapareciendo también, nadie sé a preocupado de la población del conejo que ha ido disminuyendo en los años, se sabe de dos grandes enfermedades que las reducieron un veinte por ciento en los años cincuenta, sin olvidar la caza que también a facilitado el descenso. También durante este año murieron atropellados tres linces que de una población de doscientos es un tanto elevado. Otra de las causas es la falta de territorios para que puedan llevar una vida según su naturaleza. La caza cinegética, que baya varias hectáreas en los montes y ponen unos pocos ciervos en cerrados para que algunos cazadores puedan practicar la caza mayor, perjudica enormemente el desplazamiento por las montañas a linces y conejos, afectando todo ello a su recuperación. Actualmente se encuentran repartidos en dos grandes terrenos uno el del parque de Doñana y otro en Sierra Morena.

    Aunque algún día se pudiera recuperar una población representativa, algo que implicaría grandes cambios, dicha población tendría problemas de consanguinidad o si fuera una clonación, seria un colectivo de linces multiplicados sin saber como terminaría la experiencia. Esta claro que el lince esta condenado a desaparecer en los años y nadie se va a sentir culpable.

    Sin olvidar el águila imperial ibérica de los que quedan ciento cuarenta ejemplares o el oso pardo de los que quedan ochenta.

    Los dinosaurios desaparecieron por causas de la naturaleza, ahora nosotros podemos ser los causantes de la desaparición del lince junto a otras muchas especies que ya han desaparecido o están apunto de hacerlo, igualando a la naturaleza, jugando a ser ella con las clonaciones o reproducciones en laboratorios.

    A todo esto sólo queda una reflexión:

    QUE HERMOSO ES EL LINCE Y QUE DESPIADADO ES EL HOMBRE.

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(c) Antonio Sabater/Enfoque 10