EL CASTILLO DE MONTSÉGUR
A mil doscientos metros de altura, frente al pico de Saint Bartélémy, se levanta un inmenso pilón de caliza. En su cima se yerguen los vestigios del castillo de Montségur.
Este castillo que nada tiene que ver con el que fue sitiado en el mes de mayo de 1243 por seis mil hombres a las órdenes de Hughes des Arcis, Senescal de Carcasona y de Pierre Amiel, arzobispo de Narbona, y que nunca dio refugio a los hombres puros, fue construido en 1246 por Guy de Levis, señor de Mirepoix, en las antiguas ruinas del castillo cátaro.
El emplazamiento goza de defensas naturales incalculables, y los acantilados del pilón son abruptos y escarpados. La ladera del sudoeste, es la que presentaba mayor facilidad para el acceso. En la cima de la montaña los muros del castillo constituyen la última muralla.
La puerta sur, que nos sorprende por su tamaño, estaba protegida por una galería de madera en desplome, sujetada por lo alto a la muralla. El umbral estaba bastante alto y se accedía gracias a unos escalones de madera escamotables. Tres otras escaleras permitían acceder al camino de ronda. La ladera oriental ha sido reforzada y mide más de cuatro metros de ancho y presenta unas muescas que eran donde se apoyaban las vigas que, desbordando hacia el exterior, tomaban a su vez apoyo gracias a unos puntales sobre un modillón que todavía se ve. Así se había armado, una plataforma fortificada que podía eventualmente soportar un trabuco.
Se entra al castillo por una puerta que da a un patio de unos 700 m2, cercado de altas murallas. Frente a la puerta de entrada se levanta una poterna ya su derecha, una escalera conduce a las fortificaciones. A la izquierda estaba el torreón, que presenta dos aberturas. Se perciben rastros de construcciones.
Actualmente se puede penetrar al torreón por una brecha abierta en el muro oeste. La primera pieza era la antigua cisterna, que podía contener hasta 50 m3 de agua. La segunda, con cinco aberturas, era la sala baja. La guarnición se alojaba en unas especies de hangares construidos en el patio.
Las investigaciones llevadas a cabo por el ingeniero Fernand Niel, que realizó mediciones en los muros de Montségur y comprobó la existencia de ciertas irregularidades en lo alto de los muros e incluso de troneras en los paños de murallas que no estaban justificados por las necesidades defensivas y que aportan aspectos totalmente nuevos sobre el monte y castillo de Montségur. Veamos el comentario que de ellos hace René Maikowski en la revista de Freiburg Die Kommenden (número 8, del 25 de abril de 1963): «... el plano del castillo resulta extraño, y no sólo para explicar la estructura del edificio como, por ejemplo el ángulo de la pared norte... Llamaba la atención la torre principal con sus 171 metros de base, y situada en la parte occidental...; no se trata fundamentalmente de una construcción dedicada a fines defensivos. Teniendo en cuenta que el castillo había sido construido antes de las grandes persecuciones emprendidas por la cruzada contra los herejes. tampoco tenía como finalidad dar cobijo a los fugitivos... Las obras realizadas por los cátaros en 1204 supusieron toda una innovación...».
«Un día de otoño, hacia el mediodía, se encontraba Fernand Niel en el umbral de la puerta principal del castillo de Montségur. Empezaron a sonar las doce campanadas en la iglesia del pueblo. Le llamó a atención cómo en ese mismo instante el umbral era dividido por los rayos del sol en una diagonal que unía exactamente los finales impuestos de las jambas de la puerta en dos mitades, una iluminada y la otra a oscuras. Lo primero que le vino a la mente fue pensar que para quienes vivían en Montségur debió de resultar muy sencillo; saber cuándo eran las doce del mediodía. Pronto descubrió multitud le disposiciones arquitectónicas que tenían una coherencia con posiciones astronómicas... Resumiendo, Niel llegó a la conclusión de que en determinados lugares de los muros del castillo podía comprobarse la salida y puesta del sol del solsticio vernal y los equinoccios del 21 de marzo y 23 de septiembre. También la entrada del sol en los distintos signos del Zodíaco encuentra su reflejo en la disposición de las estancias del castillo... Representa, por así decirlo, un calendario perfectamente sincronizado con el sol.»
Lo que Niel no sabia es que el castillo no era originario de los cátaros, pero eso no afecta el estudio que hizo de él y sus conclusiones sobre que su construcción tenia una relación directa con los astros, por otra parte cabe resaltar que la construcción de Montségur se vincula con la Orden del Temple.
Haríamos mal en dejarnos llevar por las ideas que hoy tenemos sobre la astronomía; lo que tenemos que hacer es intentar introducirnos en la mentalidad de los hombres de aquella época y en su mundo de vivencias cósmico-espirituales. El sol era para ellos mucho más que un mero astro físico que alumbra durante el día.