Filosofía
de la imaginación
Sistema
fracasado
Si hay algo que distingue al verdadero político del tecnócrata es el uso que
hace el primero de la imaginación. El tecnócrata reprime este talento y mas
bien restringe cualquier empleo de este don de la naturaleza en aras de
materializar un proyecto que supuestamente ya tiene definido y simplemente basta
ser aplicado. En esta comparación, entonces, el político representa en el
fondo a la naturaleza humana, mientras que el tecnócrata se deshumaniza a
medida que se envuelve en la telaraña de la técnica.
La imaginación, como lo decían Adam Smith y David Hume en el siglo
XVIII, no solamente servía para impulsar la sociedad comercial, sino también
para afirmar un discurso ético, por ejemplo cuando una persona, empleando la imaginación,
podía suponer que si se encontraba en una situación de miseria sería su deseo
que alguien le pudiese tender la mano. La imaginación entonces nos conducía a
la solidaridad y nos llevaba al afianzamiento de la vida comunitaria.
Así también, no podría existir una sociedad plural sin la imaginación,
porque tan solo bastaría el contacto con el entorno o la lectura de buena
literatura para encontrarnos con una realidad política enriquecida por ella.
Finalmente, sin la imaginación no estaríamos en capacidad de aspirar a nuevas
formas políticas y a una sociedad mas justa y mas feliz.
Si hay algo que ha conseguido la sociedad contemporánea es precisamente
asfixiar a la imaginación, y por ello nos encontramos con una realidad que nos
aplasta y que nos impide aspirar a algo diferente. La crisis de las ideologías
y la tiranía del llamado "pensamiento único" no son sino
manifestaciones de la supresión de la imaginación.
Resulta también paradójico cómo el mercado, que inicialmente se forjó en función
a la misma imaginación, ahora resulta ser su mayor enemigo, pues la tarea de
este en la actualidad es estandarizar y aniquilar miles de formas de vida que
por ejemplo no son deseables para los consumidores. Por ello, la alianza entre
el mercado y la tecnología deviene en realmente siniestra para la política y
para la posibilidad de constituir un proyecto político plural, tolerante y
libre.
Da mucha lástima ver como es que todos nuestros políticos hace mucho tiempo
que dejaron la imaginación a un lado y se han convertido en simples
reproductores de discursos tecnocráticos que no han servido para nada y que en
el caso de América Latina, por ejemplo, han contribuido a dejarnos tal y como
estamos hoy: en la miseria mas trágica. Sin embargo, si bien la política
requiere de la imaginación, como ya señalamos, ciertamente la pura imaginación
sin ningún freno sería también negativa, porque limitaría la posibilidad de
la decisión --esencial en la política--, dejando al político literalmente en
las nubes y sin capacidad de acción. En ese sentido, una buena dosis de
realismo no estaría regida con la actividad política.
Devolverle al hombre la capacidad de soñar debe ser una de las primeras cosas
que tendríamos que hacer si es que queremos realmente cambiar. Es cierto que
ahora todo esto hecho precisamente para evitar que ella retorne, pues sin duda
la imaginación estaría en condiciones de vencer a la apatía con la que se
nutre y se mantiene este delirante sistema.