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MEMORIA - PAMIAT |
¡¡¡NUNCA MÁS, QUE NO NOS LLEVEN NUNCA MÁS INDEFENSOS AL MATADERO!!!
ATENCIÓN: IMÁGENES MUY DURAS
Las violaciones del comunismo en Alemania y en el resto de Europa 1944-45
"Los soldados del Ejército
Rojo, en Berlín y en todas partes, no fueron más que unos ladrones y unos
violadores, en todos los casos, y muy frecuentemente, además, unos asesinos.
Una chica alemana que luego yo tomaría como secretaria, cuando tenía 17 años,
debió ser hospitalizada, tras lograr huir de Berlín y llegar a nuestras líneas.
Siete soldados rusos violaron por turno a la chica y a su madre en su
apartamento... 230 mujeres alemanas fueron tratadas en el mismo hospital en un sólo
día, a consecuencia de violaciones y sevicias".
General norteamericano Frank Howley, el 17 de Junio de 1945". "Newsweek".
23-1-1950

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- "Prácticamente todas las
mujeres, desde los siete años hasta las más ancianas, fueron repetidamente
violadas...".
- "Tras las violaciones, muchas de ellas eran degolladas o destripadas;
muchas de aquellas desgraciadas eran finalmente ultrajadas a bayonetazos".
- "En el Gran Berlín, el número de mujeres violadas no debió bajar del
millón y medio".
Hay un libro terrible,
"Martirio y Heroísmo de la Mujer Alemana del Este", prologado por el
antiguo Obispo Auxiliar de Breslau -el único obispo superviviente tras el paso
de los rusos- Joseph Ferche, en el que se dan detalles sobrecogedores sobre el
trato dado a la población alemana de la zona ocupada por los rusos, y, en
especial, a las mujeres. Algunos ejemplos tomados al azar:
- "... Eran terribles las noches en que los rusos penetraban en las casas
para saquear y deshonrar. Muchas conocidas mías fueron víctimas de los rusos.
Quien se negaba era fusilada en la mayoría de los casos. Desde la muchacha, aún
niña, hasta la anciana de 82 años -una señora conocida mía- corrieron esta
suerte".
- "Mi hija fue violada 23 veces".
- "Así deshonraron a una venerable anciana de 80 años en presencia de su
familia; una horda se lanzó sobre una muchacha de 13 años. La niña perdió la
razón. En Herzogtswaldau todas las mujeres fueron violadas por rusos y
polacos".
- "... Noche y día los rusos eran huéspedes. No se podían conducir más
bestialmente al deshonrar a las muchachas o a las ancianas. ¡Cuántas veces se
oía de noche el grito de socorro! Pero ¿quién podía prestar auxilio? Si uno
se atrevía a hacerlo era fusilado al instante. Nada se podía impedir...
- "Elisabeth Thomas, hija del campesino Alois Thomas, fue sacada por los
rusos de su casa y llevada a un pajar, donde la ataron a un palo después de
deshonrarla y le cortaron los pies y las manos. Sus gritos de muerte se oían
por todo el pueblo. Se la halló al día siguiente, casi enteramente carbonizada
en el pajar incendiado por los rusos" [552].
- "Los rusos se comportaban exactamente como animales. ¡Deshonraron
salvajemente a mujeres de todas las edades. Los polacos demostraron ser unos
buenos alumnos de los rusos" [553].
- "En Wiese Pauliner, la Madre Superiora, que intentaba proteger a una
alumna de los intentos lascivos de un polaco, fue atada a un pajar, golpeada con
látigos y repetidamente violada. Al final, fue estrangulada".
Jurgen Thorwald. "...Y terminó en el Elba" y Johannes Kaps. “Martirio y Heroísmo de la Mujer Alemana del Este".
* * *
Es uno de los dramas más trágicos y ocultos del siglo XX, pero ahora —medio siglo después— el libro de un historiador militar británico logró que muchas mujeres alemanas hablaran de él: los horrores vividos a manos de soldados soviéticos, que perpetraron violaciones en Alemania desde 1945 hasta 1949. La odisea de estas mujeres salió a la luz gracias a Anthony Beevor, cuyo libro Berlín: The Downfall, 1945 (Berlín: La caída, 1945) se publicó el mes pasado y se convirtió en suceso. En su best-séller, Beevor —un ex soldado británico— usa material inédito de los archivos rusos de Moscú y describe el terrible sufrimiento de unas dos millones de mujeres y niñas alemanas. Entre las víctimas hubo mujeres que llegaron a ser figuras destacadas. Por ejemplo,
Hannelore Kohl, esposa del ex canciller Helmut Kohl. La señora Kohl (se suicidó el año
2001) fue violada a los doce años, cuando ella y su mamá no pudieron escapar en un tren que iba a
Dresden.

"Me habían ordenado enterrar a unos muchachos de la Juventud Hitleriana cuando ellos me encontraron", dice Martha Dowsey. "Seis soldados del Ejército Rojo con las caras tiznadas me tiraron al suelo junto a las tumbas y me violaron, uno tras otro". La mujer tiene ahora 81 años. Durante décadas, nunca había encontrado a nadie que creyera lo que le tocó vivir. Por años, se consideró que el Ejército Rojo era un grupo de héroes que había liberado a Alemania de los nazis. Para Martha no fue así. "Eran agresivos, brutales. Nunca les conté esto a mis hijos; y mi esposo sólo supo que me había pasado algo horrible. Tuvo la delicadeza de no preguntar", dice en su casa de un barrio del sur de Londres. Hace muy poco que Martha se armó de valor y habló. Y fue gracias al libro de Beevor. Las víctimas —a quienes Beevor señala que los rusos consideraban "botín de guerra" con el que compensar los crímenes de la Wehrmacht en Rusia— iban de los 12 a los 80 años de edad o más. Una mujer alemana —Jutte, de Preston— le escribió a Beevor: "Muchas veces quise hablar de eso, pero sabía que nadie me creería o que interpretarían mi historia como un rapto de autocompasión. Lo que usted escribió es una forma de mostrar cómo se puede soportar el sufrimiento."
Una mujer a la que Beevor visitó en Berlín le contó que había matado a un soldado con su arma mientras él trataba de violar a su mamá. "Después —dice Beevor— me di cuenta de que el soldado la había violado a ella y que ella luego había armado la historia y trataba desesperadamente de creerla." En sus cartas, las mujeres confirmaron lo que describe Beevor en el libro en el sentido de que, para evitar correr la misma suerte que sus vecinas, muchas mataron a sus hijas y luego se suicidaron. Para fines de la década de 1940 —las violaciones se sucedieron durante tres años o más— las tropas soviéticas habían sembrado desesperación. Según algunos informes, el 90% de las mujeres berlinesas había contraído enfermedades venéreas. Beevor cita declaraciones de un médico que le dijo que, de las aproximadamente 100.000 mujeres violadas en Berlín, un 10% murió, la mayoría por suicidios. La tasa de mortalidad del casi millón y medio de mujeres violadas en el este de Prusia, Pomerania y Silesia, dice, es más elevada. En el caso de las embarazadas, se estima que el 90% abortó. Las que optaron por seguir con el embarazo, dieron al bebé en adopción porque no soportaban la vergüenza. En 1946, el 3,7% de los niños nacidos en Berlín eran hijos de rusos.
Diario CLARÍN (Argentina) 4-7-2002
VIOLADAS POR EL EJERCITO RUSO
3 de febrero de 2002
Crónica EL MUNDO
Antony Beevor, autor de «Stalingrado», una novela que causó gran impacto internacional, ha realizado una minuciosa investigación sobre otro episodio de la II Guerra Mundial: la caída de Berlín. Su nuevo libro sacude las conciencias con las revelaciones de barbaridades cometidas por soldados rusos
El diario se descubrió entre las ruinas en llamas de Berlín, totalmente arrasada por el choque de dos ejércitos poderosos y
desesperados. No había ningún nombre escrito en la portada, pero entre todas las historias de privaciones y luchas, una revelaba el infierno de una guerra que se acercaba a su apocalíptico final. La autora, una joven alemana, describía cómo había sido violada por los soldados del Ejército Rojo, que avanzaba ávido de tomar la ciudad y de vengarse de los alemanes. «Cierra los ojos, aprieta los dientes, no digas nada», garabateó la mujer, recordando cómo se había inducido al silencio para soportar la agresión. «Pero cuando la ropa interior cae rasgada y los dientes rechinan involuntariamente, la última prenda...Estoy paralizada. No siento asco, sino una completa
frialdad. Es como si mi espalda estuviera helada. Estoy mareada, tengo frío en la nuca. Antes de marcharse extrae algo del bolsillo y lo lanza sobre la mesa sin decir palabra; aparta la silla y sale dando un portazo. Ha dejado un paquete de tabaco
arrugado. Es la propina».
Ha habido que esperar hasta ahora, 60 años después de que se produjera la violación de esta mujer anónima, para que se conozca la verdadera dimensión de la campaña de violaciones perpetrada por el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor británico Antony Beevor, ex oficial del Ejército cuya reconstrucción de la batalla de Stalingrado se convirtió en un éxito de ventas, está a punto de publicar un libro sobre la caída de Berlín. Al buscar entre archivos soviéticos, cuyo acceso había estado vedado a los historiadores hasta hace poco, Beevor descubrió una tormenta de venganzas que le dejó «totalmente consternado».
Se cree que unos dos millones de mujeres fueron violadas, agredidas o asesinadas por los soldados del Ejército Rojo en su avance sobre Alemania, pero el libro de Beevor revelará horrores aún mayores.
«Cuando el Ejército Rojo llegó a Berlín, los soldados ya consideraban a las mujeres una especie de botín carnal», afirma.«Creían que podían hacer lo que quisieran, ya que estaban liberando Europa». En algunos casos las mujeres de una calle entera fueron violadas: abuelas, embarazadas, incluso mujeres que se encontraban en su lecho de muerte. Según el representante del Vaticano en Berlín, en octubre de 1945, seis meses después del final de la guerra, miles de mujeres permanecieron semanas escondidas en los tejados para eludir los saqueos y registros de los escuadrones del Ejército Rojo quienes, cuando se emborrachaban, avivaban su apetito sexual.
«Han violado a mujeres de entre 10 y 70 años, e incluso a algunas de hasta 75 años», aseguraba el representante del Vaticano. Beevor ha descubierto aspectos todavía más siniestros:
los rusos violaron incluso a reclusas liberadas de los campos de concentración, mujeres esqueléticas, vestidas de
harapos. «Esto echa por tierra la idea de que los soldados sólo utilizaron la violación como una forma de venganza contra los alemanes», afirma. Sus comentarios ya han provocado polémica. El embajador ruso en Londres ha acusado al escritor británico de «blasfemar» contra el pueblo ruso. «Es una injuria contra el pueblo que salvó al mundo del nazismo», ha declarado indignado esta semana Grigory
Karasin.
...
TAMBIÉN MORIBUNDAS
En la aldea de Dahlem, recuerda una mujer, «los rusos se colocaron en fila delante de un grupo de mujeres. Ni siquiera se daban cuenta de que algunas estaban agonizando, porque habían ingerido veneno o sufrían hemorragias internas. Los soldados les abrían la boca a la fuerza y las obligaban a tomar bebidas alcohólicas». Anna Seddig, una joven de Prusia oriental que intentaba escapar de la guerra encinta y con su hijo de un año, Siegfried, fue otra víctima de los rusos. «Una noche, cuando buscábamos un lugar para refugiarnos, nos topamos con un grupo de soldados. Nos iluminaron con una linterna. Uno me dijo: "Te vamos a llevar a un lugar donde podrás pasar la noche". Era un refugio antiaéreo. Ahí me violaron, uno tras otro. Era como si estuviera muerta, tenía calambres por todo el cuerpo. Sientes repugnancia, sólo sientes repugnancia. Éramos blancos legítimos para los rusos. No sé cuántos hombres había, 10, 15...».
Muchos han intentado ocultar lo ocurrido. Cornelius Ryan, autor de The Last Battle, donde narra la caída de Berlín, descubrió que tras publicarse el libro en 1966 algunos editores lo presionaron para que eliminara pasajes como el siguiente: «Mientras continuaba la batalla, se producía otra ofensiva salvaje. Era encarnizada, personal. Las hordas rusas que llegaban tras los disciplinados veteranos del frente exigían el derecho de los conquistadores: las mujeres de los conquistados». «Úrsula Roester dormía en el sótano de una casa de Zehlendorf junto con sus padres, sus hijas gemelas de seis años, y Bernard, su hijo de siete meses, cuando cuatro soldados rusos golpearon la puerta con la culata de sus fusiles». «Registraron el refugio. Un soldado ruso encontró un frasco de perfume francés. Lo destapó, lo olió y lo derramó sobre su uniforme. Otro encañonó a los padres e hijos de Úrsula y los encerró en el sótano. A continuación, los cuatro se turnaron para violarla».
«Al día siguiente, a eso de las seis de la mañana, Úrsula estaba amamantando a su bebé cuando otros dos soldados rusos entraron en el sótano». «Intentó escapar por la puerta con su bebé en brazos. Pero estaba muy débil. Uno de los rusos le quitó el bebé y lo colocó en su cochecito. El otro la miró y sonrió. Ambos la violaron...». El legado de la campaña de violaciones del Ejército Rojo es
imperecedero.... Hanna Gerlitz, esposa de un banquero de Berlín, fue violada por seis soldados rusos delante de su marido. «Cuando terminaron», recuerda, «dispararon sus fusiles al aire. Las otras personas que estaban en casa creían que me habían asesinado, hasta que les grité: "Estoy bien. Ya todo ha acabado"». Después tuve que consolar a mi esposo y ayudarlo a recobrar el valor. Lloraba como un niño».