Juan D. Perón

La Fuerza es el Derecho de las Bestias

[Transcripto de la Tercera Edición, 1974]

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V *


 

Capítulo V

 

CONCLUSIONES

 

I. LA SITUACIÓN

 

            Los capítulos anteriores fueron escritos antes de la primera crisis de la dictadura. Había previsto la expulsión de Lonardi, aunque no imaginé que sería tan pronto.

            Cayó aplastado por el peso de su propia ineptitud, impulsado por los hombres de su propio gabinete y traicionado por las ambiciones de sus compañeros de aventura. Es lo natural en esta clase de gobiernos espúreos. En ellos cada uno es un enemigo oculto de los demás, en medio de intenciones contradictorias y ambiciones contrapuestas. El menor error, a veces la menor vacilación, son utilizados para desplazar.

            Estos hombres que han demostrado un grado de perversidad inconcebible con los peronistas, no serán menos malvados con los suyos. Ahora comienza el momento del reparto, la hora en que los bandidos suelen pelear entre ellos.

            El primer episodio ha terminado. Fue a base de una obscura intriga con muchas pistolas, ametralladoras y muchos tenientes. Culminó con un nuevo gobierno, ni mejor ni peor que el otro. Así se seguirán sucediendo tras cada nueva fase de mezquindad y ambición. La dictadura militar tiene su técnica y su destino, aplicará la primera y no escapará al segundo.

            Este nuevo gobierno seguirá enfrentando al peronismo, luchará con la C.G.T., se defenderá contra sus allegados, maniobrará con los políticos de la Junta Consultiva. Entre tanto, el país sin gobierno seguirá la deriva. Los nuevos ministros, inexpertos e indecisos, poco podrán hacer. La economía seguirá cayendo. Los técnicos ayudaran a ello. El orden social se anarquizará y las consecuencias ya parecen vislumbrarse. Con un hombre atemperado puede prolongarse, con uno violento acelerarse. Todo depende de que cuando Rojas toma el poder.

 

Los políticos

 

            El apoyo político a la dictadura estuvo dado por los partidos que durante diez años se opusieron sin éxito al peronismo unidos en el contubernio que se llamó la " Unión Democrática". Sus dirigentes más conspicuos forman hoy la Junta Consultiva, algo así como un consejo áulico de la política.

            Los conservadores con el nombre de Partido Demócrata Nacional, constituyen el sector reaccionario. La acción destructora del tiempo ha terminado con sus viejos dirigentes. Otro sin mayor arraigo los han reemplazado. Su aporte electoral es mínimo.

            Los radicales muy divididos y peleados entre sí, representa la tendencia liberal un tanto declamatoria e inorgánica. Con todo, es el partido opositor con mayor arraigo, especialmente en la clase media.

            Los demócratas progresistas, restos de un partido abortado y en franca decadencia. Su aporte electoral microscópico.

            Los socialistas, antiguo partido popular, dirigido por viejos aburguesados, perdieron el apoyo popular de la clase trabajadora. Sus dirigentes octogenarios no son una promesa de recuperación.

            Los comunistas, como en todas partes, constituyen una agrupación activa en la clase trabajadora. La dictadura, con los "sindicatos libres" (léase "comunistas"), realiza un juego peligroso para luchar con la C.G.T.. Los comunistas, excelentes "pescadores en río revuelto", pueden sacar, de este error de la dictadura, un gran provecho.

            El clero, toma también parte activa mediante el "Partido Demócrata Cristiano", ordenado por Roma. Se forma a base de la Acción Católica Argentina, manejada por el cura Tato y los Nacionalistas clericales dirigidos por Mario Amadeo. El general Lonardi es hombre de esta agrupación. Su expulsión obedece a eso, la dirigió Rojas con la Junta Consultiva y los marinos y militares. El general Bengoa había sido antes eliminado por los clericales.

            Los hombres que deciden en la dictadura son solamente los militares y los marinos. La expulsión de Bengoa fue obra de Lonardi y el grupo clerical, la de éste y su grupo fue obra de Rojas. Aramburu es sólo una transacción al Ejército. La "eminencia detrás del trono" es Isaac Rojas. Su enorme impopularidad no le ha permitido aún intentar "el salto". Sin embargo, los ministros militares controlan a Aramburu. Un gobierno controlado por éstos significa estar manejado por Rojas. El problema se planteará tarde o temprano entre el Ejército y la Marina. Será el principio del fin.

            Cada día se desdobla más el heterogéneo conglomerado revolucionario. La pugna hace que cada día surjan nuevos enemigos de la dictadura. Ellos siguen encarcelando dirigentes, pero llegará un momento en que deban decidir. Ese será el "punto crítico".

            Estos son los personajes y la tragedia. Su papel surge de los acontecimientos mismos. Hay que considerar que frente a los revolucionarios está una enorme masa que los repudia: el Movimiento Peronista y la Confederación General del Trabajo que, unidos se aproximan a los siete millones de personas. El partido Peronista, con todos sus dirigentes presos (unas 15.000 personas), ha "desensillado hasta que aclare". La C.G.T. en plena lucha contra la dictadura ha comenzado su resistencia pasiva con el "trabajo a desgano" y el "sabotaje individual" alternando con huelgas y perturbaciones sociales. A las armas de la fuerza, el pueblo opone sus armas.

 

II. EL JUSTICIALISMO

 

            El Movimiento Justicialista que durante diez años consecutivos ha influenciado profundamente la vida argentina, no es un simple partido político como algunos creen. Es todo un movimiento doctrinario nacional que levantando las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, ha creado un orden orgánico, estructural y funcional, mediante una profunda reforma integral que ha cambiado la vida argentina, dándole características propias y originales.

            Diez años de intensa prédica y de constante superación ha persuadido a la clase trabajadora de su conveniencia y de los beneficios que su aplicación ha acarreado al pueblo humilde de la República.

            Su doctrina, inspirada en las aspiraciones populares, ha sido inculcada profundamente en la masa. Sus dirigentes han recibido, asimismo, una gran capacitación técnica, política y doctrinaria.

            Los sistemas, económicos y sociales propugnados por nuestra doctrina han conformado un sistema de vida y un módulo de acción. Nadie que no sea justicialista y aplique la doctruba podrá manejar al país sin enormes inconvenientes. Pretender retroceder sobre nuestros pasos, es imposible para la comunidad argentina del presente. Volver al año 1943, como desea la dictadura, sería algo como retrovertir la vida a la niñez.

            Mientras sostengan semejantes objetivos y alientes tan descabelladas intenciones podemos asegurar su absoluto fracaso. Ellos no aceptan al justicialismo, pero sin justicialismo ya no es posible vivir en la Argentina.

            Su empeño es tan vano como nadar contra la corriente. En la lucha entre el nadador y la corriente, a lo largo, ganará siempre la corriente. Eso ocurrirá también con la acción torrencial del justicialismo argentino. La dictadura podrá haber ganado la batalla de la fuerza. Los justicialistas hace rato hemos ganado la batalla de la opinión.

 

III. EL DESEQUILIBRIO SOCIAL

 

            Es indudable que hasta ahora el principal enemigo de la dictadura ha estado representado por la acción de los trabajadores y sus organizaciones sindicales. Es que ellos saben que el desastre provocado por aquélla lo habrán de pagar ellos con miseria y dolor.

            La primera medida económica de la dictadura, al desvalorizar el peso, ha quitado el 50% del valor adquisitivo a los sueldos y salarios. La paralización del plan quinquenal traerá conjuntamente con la anterior un amplio sector de desocupación y bajarán los salarios. El conflicto está planteado.

            La ocupación de la C.G.T. con tropas, el arresto de sus dirigentes, el despojo de su capital social y de sus diarios, el atropello de los sindicatos por agentes del gobierno en nombre de los "sindicatos libres" inexistentes, son todos "comburentes" que activarán la lenta combustión que arde dentro de las organizaciones sindicales.

            El 28 de febrero de 1956 terminan los actuales convenios colectivos de trabajo. En los nuevos habrá que nivelar salarios y precios reales. Ese será el día de la iniciación del verdadero conflicto. Veremos entonces si es posible arreglar con los "sindicatos libres".

            Los dirigentes obreros saben bien lo que hacen. La lucha va bien llevada. Las victorias de la dictadura son a lo Pirro. El éxito de la lucha sindical no se decide en una sola batalla sino en miles de pequeños combates. Es precisamente esa permaneste alteración social la que ha de perturbar más profunda y perjudicialmente a la dictadura.

            Esta lucha no está dirigida contra los patrones que también han sido grandemente perjudicados por las medidas inconsultas, sino contra el gobierno. Por eso no interesa un arreglo sino precisamente un conflicto. Es lo que se está produciendo.

 

IV. EL DESEQUILIBRIO POLITICO

 

            Si difícil es la situación de la dictadura para gobernar, mucho más difícil le será salir políticamente adelante de su gobierno.

            El "peronismo" vetado políticamente por la dictadura representa la inmensa mayoría del electorado. De modo que una elección con su concurrencia no es posible dentro de los planes de la revolución. Una elección sin el peronismo resultaría algo así como un "guiso de liebre sin la liebre", porque lo que se guisará allí sería un gato. Al pueblo argentino es difícil "hacerle pasar gato por liebre".

            Suponiendo que todos los demás partidos se pusieran de acuerdo, cosa muy dificil, ese electorado no pasaría del 40% del total, lo que demostraría una vez más la orfandad de su predicamento. Si no se pusieran de acuerdo, cosa probable, resultaría el caso de un "Presidente Constitucional", elegido por el 20% del electorado; ¡triste honor! para cualquier candidato.

            Si al Movimiento Peronista no se le permite concurrir a elecciones se abstendría de votar, precisamente para demostrar su repudio a la dictadura y la orfandad de los adversarios. No sería sin embargo una actitud pasvia. Trabajaríamos por destruir para siempre toda posibilidad de una nueva dictadura antipopular.

            La dictadura no tendrá una salida decorosa en ningún caso; o caerá envuelta en su propio desprestigio, odiada y despreciada, o dirá quien mal anda, mal acaba. Si pretendiera perpetuarse en el gobierno, su desenlace será aún más peligroso.

 

V. EL DESEQUILIBRIO ECONOMICO

 

            Quien haya seguido el capítulo IV -II- (La falsedad en la Economía), tendrá idea formada sobre la seriedad y honestidad de la dictadura. Sus procedimientos no difieren en nada de los métodos que emplearon antes en el gobierno. Para ellos, en estos últimos veinte años, no ha pasado nada en el mundo.

            Sus sistemas económicos, de neto corte capitalista, conducen al pueblo, a través de una absoluta descapitalización, a una "economía de miseria". Capitalizan, en cambio, a los sectores del privilegio. Así el bienestar social está al servicio de la economía y ésta al del capital.

            Invertidos así los términos de la "economía de abundancia" del justicialismo, presupone sin más la inversión de todo un sistema. Ello es lo que está produciendo actualmente un verdadero caos en la economía argentina.

            Como ellos no confesarán, ni planificarán la reversión, porque no pueden decir al pueblo la verdad del despojo que están cometiendo, toda la etapa de esta inicua reforma estará sometida al ocultamiento de medidas inconfesables. Pero si bien el pueblo desconocerá las causas, no escapará a los efectos. Los humildes, no sabrán por qué, pero verán disminuir primero el poder adquisitivo de sus salarios, luego vendrá el encarecimiento de la vida, y, finalmente, los alcanzará la miseria con sus secuelas de hambre y de dolor.

            La dictadura no está al servicio del Pueblo sino de los intereses capitalistas que la financiaron. Si alguna prueba faltara para juzgar el interés espúreo de estos simuladores de la democracia y del ideal, sus procedimientos económicos no dejan lugar a dudas.

            La desvalorización del peso asestará un rudo golpe a la industria de la cual muchos establecimientos no podrán subsistir. Las masas obreras urbanas sentirán el fuerte impacto de esta inconsulta y brusca medida. La desocupación cundirá agravada por la suspensión del plan quinquenal y los salarios y sueldos bajarán de inmediato, si los obreros no producen un grave conflicto de paralización. Para evitar esto último, ya la dictadura ha comenzado su trabajo destructivo en la Confederación General del Trabajo. Cuando llegue el momento, espera que las organizaciones estén tan desquiciadas y divididas, que no puedan presentar un frente de resistencia, en cuyo caso no tendrá más remedio que aceptar su pauperización.

            El efecto no parará allí, disminución del poder adquisitivo del pueblo paralizará el consumo en un 50% y el comercio comenzará también a languidecer. La industria sufrirá así también el contragolpe y un círculo vicioso envolverá a la economía argentina por largo tiempo, castigándola fuertemente con bruscos y repentinos desplazamientos que sentirán todos por igual. Nada puede realizarse en una comunidad que no se realiza y la economía argentina, con la dictadura y sus "técnicos" retrocederá veinte años, después de un prolongado caos.

            Las consecuencias sociales de esta locura son imprevisibles. Los obreros desesperados pueden tomar cualquier rumbo, hasta el comunismo. Ya los agitadores habrán preparado las medidas oportunas para cosechar lo que estos insensatos de la dictadura están sembrando. La aparición de los dirigentes comunistas como "sindicatos libres", son un indicio elocuente de que este trabajo ya ha comenzado. La ignorancia y la inexperiencia de esta gente es un grave peligro. Ellos lo querrán arreglar después de todo "a balazos", pero las armas en este campo, suelen ser inadecuadas.

            Todo este proceso repercutirá desfavorablemente en las finanzas nacionales y estatales. La dictadura, como ya lo anuncia, recurrirá los empréstitos. De ellos perderá en la contratación misma el 50% y del otro 50% se robarán la mitad de ellos y sus intermediarios como sucede siempre con los empréstitos. Luego el pueblo tendrá que pagar el total. Así empobrecido y endeudado, asesinado y escarnecido, todavía el pobre pueblo tendrá que decir que estos simuladores llegaron para libertarlos.

            No hará mejor negocio el prestamista, que dudo encuentren en esta ocasión de buena fe, pues él cobrará tarde, mal o nunca. Cuando preste, tendrá un amigo en la dictadura que espera sacar ventajas personales, pero cuando cobre, tendrá un enemigo en el gobierno que esté y otro más enconado en el pueblo que deba sufrir sacrificios para pagar al usurero.

            Uno de los más grandes errores que cometen los grandes países es prestar dinero a los gobiernos, porque se lo roban en perjuicio del pueblo que después culpa al prestamista. Los empréstitos deben hacerse a las grandes empresas y no a los políticos que, en el mejor de los casos, los malgastan.

            Durante mi gobierno recibí innumerables ofertas de empréstitos, siempre con la comisión correspondiente, de manera que yo sé de qué se trata cuando se demuestra, como en la dictadura, una aguda propensión a esta clase de operaciones.

            Esta gente ha provocado el desequilibrio de la economía hace dos meses equilibrada. Ahora comienza a prever el caos, producto de su insensata conducta y de sus inconsultas medidas. Su signo monetario y sus valores bursátiles están entrando, con reflejo, en una espiral catastrófica de caída. La anarquía social amenaza con su acción destructiva toda posibilidad de recuperación. El gobierno ocupado en capear el temporal político y gremial no atina a nada. Los técnicos, teóricos, toman medidas apresuradas e inconvenientes. El pueblo sabotea, los jueces prevarican, los militares conspiran, los curas cuchichean, todo parece venirse abajo.

 

VI. CONSIDERACIONES FINALES

 

            Cuando se produjo la revolución, mi temor era que un hombre habilidoso tomará el gobierno, y mediante una conducta inteligente pudiera aprovechar el propio Justicialismo para desplazar a los hombres e imponerse poco a poco dentro de él o colateralmente. Un hombre desapasionado e inteligente pudo haberse alzado con el santo y la limosna. Todo consistía en que se diera cuenta que el Justicialismo había copado las banderas populares de la justicia social, la independencia económica y la soberanía, que ya nadie podría arriar en nuestro país, como asimismo que se había inculcado una doctrina al Pueblo para destruir la cual no valen ni los tanques ni los cañones, sino que sería necesario reemplazarla por otra doctrina mejor.

            En cambio, la pasión cegó a nuestros enemigos y como tal los perdió, ellos entraron con innecesaria violencia, asesinando gente inútilmente, persiguiéndo dirigentes gremiales y políticos sin necesidad, destruyendo monumentos e interviniendo violentamente para destruirlo todo con el fin de "desperonizar al país". Ello representaba colocarse en lucha activa contra el ochenta por ciento de la población. Llevaron su falta de tino hasta lo inconcebible, ofendiendo la memoria de Eva Perón que es adorada por el pueblo. Mandaron romper sus bistos (el busto de Eva Perón en la puerta de la C.G.T. fue mandado a destruir con un tanque del Ejército) y atropellaron la "Fundación Eva Perón" por ella creada. Es de imaginar lo que esto representa para el pueblo que levanta altares y prende velas a la memoria de la "Mártir del Trabajo", como se le llama.

            Lo único que no se perdona es la ofensa a las cosas que nos son sagradas. En cada corazón existe un altar invisible pero poderoso, donde colocamos las cosas queridas y donde dólo llegamos nosotros. Nadie puede sacarlas de allí y menos aun por la violencia. Por eso a pesar de la amenaza de los buques, los tanques y las ametralladoras, aun hoy yo mando más que ellos en la Argentina porque lo hago sobre muchos millones de corazones humildes.

            La política es un arte sutil y todo de ejecución y los errores cometidos en el comienzo ya no pueden ser subsanados en el curso de los acontecimientos. Dentro del cauce que han tomado los hechos, para nuestro Movimiento y para nuestra Doctrina, este golpe será beneficioso, pues la persecución lo fortalecerá y la lucha lo hará aguerrido, a la par que los groseros errores de la dictadura en lo económico y en lo social, reafirmarán y elevarán inusitadamente los valores de nuestra concepción doctrinaria. Para triunfar no basta que las doctrinas sean acertadas, sino que también es menester que se las someta a la prueba del combate. Si resiste la lucha es porque son buenas, si no son buenas es mejor que desaparezcan. Los males no se remedian solamente evitándolos, sino también enfrentándolos.

            Si nuestros enemigos pudieran dejar al país una doctrina mejor que la nuestra, nos sentiríamos con ello pagado suficientemente de las calumnias, las penas y las persecuciones. Para nosotros, el país está siempre por sobre nuestros intereses personales. No nos interesa quién lo gobierna, sino quién pueda asegurar mejor la felicidad del pueblo y su futura grandeza.

            Pero, ¿qué puede esperarse de esta dictadura de ignorantes y reaccionarios que no sea miseria, dolor y ruina?

            Cuando en un país se produce un movimiento revolucionario, se conocen las causas y se aprecian las consecuencias. Esas causas explican o justifican la revolución y las consecuencias ponen remedio a los males que le dieron causa.

            La actual revolución argentina no tiene causas porque sólo es una reacción, es decir un movimiento de fuerza anti-popular, reaccionario. El pueblo y la opinión pública están contra la dictadura.

            Esta revolución no tiene causas porque no ha sido inspirada sino financiada. Por eso, les ha sido necesario buscar una explicación mediante la calumnia denigratoria de los hombres, ya que en el gobierno no existe nada que pueda dar siquiera asidero a la calumnia.

            Su programa, según lo anunciado por ellos, es "volver al año 1943", es decir, destruir lo realizado por nosotros en los últimos diez años transcurridos.

            Destruir la justicia social, lo cual ya está en marcha mediante los arbitrios económicos que hemos comentado.

            Destruir la independencia económica mediante la vuelta al país a 1943, es decir, endeudado por empréstitos y con sus servicios entregados al extranjero.

            Destruir la soberanía política mediante el fraude electoral en lo interno y la dependencia colonial en lo externo.

            Ya han conseguido en gran parte destruir la felicidad del pueblo y van en camino franco hacia la destrucción de la grandeza del país.

            He tratado de presentar un panorama de la situación argentina vista con los justicialistas y apreciada con corazón argentino.

            Habiendo actuado desde 1943 y durante los nueve años que siguieron a ese gobierno "de facto" en el ejercicio del gobierno constitucional, puedo apreciar desde "el llano", con mi gran experiencia, cómo se desempeña la dictadura militar reaccionaria.

            Nosotros luchamos durante diez años por incorporar el pueblo a la vida nacional. Ahora la reacción trabaja por desplazarlo nuevamente. Iniciamos en 1945 la marcha hacia el porvenir siguiendo las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, en busca de la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación. Ellos arriaron esas banderas y han renunciado a su destino.

            Han pasado tres meses y dos gobierno. Aun estamos en la etapa de la persecución despiadada. El gobierno a tumbos recuerda al viajero que desconoce una región, que preguntando y preguntando, no llega nunca a destino. Estos dictadores inexpertos, como no saben a dónde van, de consulta en consulta, terminarán por perderse en un camino que al fin, no conduce a ninguna parte.

            Dolorosa experiencia para el pueblo argentino que sufrirá y pagará las consecuencias. Una dictadura militar es una grave enfermedad que se pasa, pero que deja las terribles secuelas de sus males.

 

Panamá, 1956.


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