Nota: Para acelerar la carga del texto dividimos el libro en dos páginas distintas mas el "Apéndice de actualización doctrinaria", el cual formó parte de la edición del año 1974 de "La Comunidad Organizada".

Primera página

Segunda página

Apéndice de actualización doctrinaria*


APÉNDICE DE
ACTUALIZACIÓN DOCTRINARIA

PRIMERA PARTE

PERÓN: ACTUALIZACIÓN POLÍTICA Y DOCTRINARIA PARA LA TOMA DEL PODER

Selección de citas extraídas del documento fílmico realizado en Madrid, los meses de junio, julio y octubre de 1971.

    Cada comunidad tiene su propia idiosincrasia y sus propios valores intrínsecos, que es necesario respetar. No son iguales dos comunidades: son las características distintas en las que influye hasta la situación geográfica absoluta, la situación geográfica relativa, la raza, en fin, un sinnúmero de circunstancias que gravitan sobre la formación de esa comunidad.

    Entonces un socialismo justo, como el que aspira el Justicialismo, y por eso se llama Justicialismo, ha de ser aquel donde una comunidad se realice de acuerdo con sus condiciones intrínsecas.

    Es que no se puede importar nada de afuera. ¿Por qué? Porque no se pueden asimilar los métodos de una comunidad diferente. Es decir, no es cuestión de adoptar, sino en algunas circunstancias de adoptar y en otras de crear.

    Porque la suprema condición del arte de conducir a los pueblos es precisamente la creación. Y para crear hay que someterse a las circunstancias naturales del hecho que uno pretende crear.

    Y en esto eso es una cosa fundamental; si se hace un movimiento socialista en la Argentina, ha de ser un movimiento hecho por los argentinos para los argentinos. ¿Por qué? Porque no se puede hacer un socialismo igual para un "mujik" de la zona asiática que para un hombre de la pampa argentina. Los dos son campesinos, pero son diametralmente opuestos en todas sus manifestaciones anímicas y físicas. Y el medio es también diferente y la actividad es también distinta. En consecuencia, lo que queremos es una cosa para ese argentino, realizada por los argentinos.

    Y si en eso es necesario sacrificar algunas cosas, será necesario sacrificarlas. Para gozar de algunas es necesario sacrificar otras. Ese es el proceso de pesos y contrapesos que en toda comunidad establece el verdadero equilibrio de realizaciones. Eso es lo que nosotros aspiramos hacer con el Justicialismo.

    Lo que no es aceptable es que en una comunidad puedan existir tipos que no producen ni siquiera lo que consumen. Porque una comunidad donde abundan los que consumen y no producen es una comunidad que no va a ninguna parte.

    Ahora, para producir, al hombre hay que darle las condiciones de dignidad, de felicidad y de tranquilidad, para que pueda producir sin sacrificios; eso es lo que nosotros queremos.

    La única manera conocida para terminar con el antagonismo entre hombre y comunidad, sería indudablemente desmontar un poco el egoísmo. Y eso nosotros lo decimos, precisamente en nuestra ideología. Que el hombre termine un proceso de explotación de su egoísmo, sacrificando gran parte de él en beneficio de la comunidad. Solamente así se puede arribar a una comunidad organizada.

    El individualismo es la escuela nefasta y negativa de ganar haciendo mal a los demás, en vez de ganar siendo más capaz y más moral que los otros. Ese es el espíritu maldito del individualismo, carente de sentido social y sentido político, que no sólo ha hecho de cada hombre un lobo, sino que ha hecho lanzar a unas naciones contra otras.

    Y el hombre podrá independizarse, solamente en una comunidad organizada. Donde cada uno haga lo suyo, realizándose dentro de una comunidad que también se realiza.

    Ya que es muy difícil que un hombre pueda realizarse en una comunidad que no se realiza. La comunidad organizada tiende hacia ese fin y, por eso, nosotros, a nuestro proceso ideológico enunciado, lo hemos llamado LA COMUNIDAD ORGANIZADA. Porque es la comunidad organizada, precisamente, aquella donde el hombre puede realizarse mientras se realizan todos los hombres de esa comunidad en conjunto.

    La comunidad organizada es el punto de partida, diremos así, del Justicialismo. Y es también el punto de arribo del Justicialismo.


SEGUNDA PARTE

DISCURSO DEL GENERAL PERÓN EN LA CGT

Selección de citas extraídas de dicha exposición, que se realizó el 30 de julio de 1973

    Es indudable que en todos los movimientos revolucionarios existen tres clases de enfoques: de un lado, el de los apresurados, que creen que todo anda despacio, que no se hace nada, porque no se rompen cosas ni se mata gente. Otro sector está formado por los retardatarios, esos que no quieren que se haga nada, y entonces hacen todo lo posible para que esa revolución no se realice.

    Entre estos dos extremos perniciosos existe un enfoque que es el del equilibrio y que conforma la acción de una política, que es el arte de hacer lo posible; no ir más allá ni quedarse más acá, pero hacer lo posible en beneficio de las masas, que son las que más merecen y por las que debemos trabajar todos los argentinos.

    Es probable que la revolución sea tan vieja como el mundo, porque el mundo nunca ha sido estático, sino que ha estado siempre en evolución permanente, y las revoluciones siempre son parte de esa evolución.

    Quizá los inventores de la revolución organizada hayan sido los griegos, que nos legaron la "demos" griega y la revolución de Platón. Ellos, quizá, fueron los inventores de la revolución organizada; pero la Grecia de ese tiempo, antes de lanzar la revolución, colocó en el frontispicio de todas sus universidades una frase que indica lo que la revolución debe ser. Decía esa frase: "Todo en su medida y armoniosamente". Eso es la revolución: los cambios realizados en su medida y armoniosamente, para que no llegue a resultar que el remedio sea peor que la enfermedad.

    Cuando se habla de revolución, algunos creen que se hace a fuerza de bombas y de balazos. Revolución, en su verdadera acepción, son los cambios estructurales necesarios que se practican para ponerse de acuerdo con la evolución de la humanidad, que es la que rige todos los cambios que han de realizarse.

    El hombre cree a menudo que él es el que produce la evolución. En esto, como en muchas otras cosas, el hombre es un poco "angelito". Porque es la evolución la que él tiene que aceptar y a la cual debe adaptarse. En consecuencia, la revolución por los cambios del sistema periférico, que es lo único que el hombre puede hacer, es para ponerse de acuerdo con esa evolución que él no domina, que es obra de la naturaleza y del fatalismo histórico. El es solamente un agente que crea un sistema para servir a esa evolución y colocarse dentro de ella.

    Quiere decir que la revolución de que nosotros hablamos no es una causa, sino un efecto de esa evolución, que nosotros debemos poner al día a través de sistemas.

    Por eso, contemplando sintéticamente la historia, vemos que al Medievo corresponde un sistema feudal. El Medievo es un producto de la evolución de la humanidad, que no dominamos nosotros. El sistema feudal es lo que el hombre crea para poder andar dentro de ese sistema.

    Después del Medievo viene la etapa nacionalista; es decir, la formación de las nacionalidades. Y allí nacen el sistema demoliberal-capitalista y el sistema comunista; porque los dos nacen en el siglo XVIII y se desarrollan en ese siglo y en parte del siglo XIX.

    Uno es el capitalismo individualista, y el otro es el capitalismo del Estado. En el fondo, son dos sistemas capitalistas.

    Ahora bien, esos sistemas han servido para el siglo XIX y principios del XX; hoy ya están perimidos los dos... No uno sólo: los dos. Y voy a decir por qué están perimidos, por que han sido superados ya por la evolución.

    El sistema demoliberal-capitalista está perimido, porque fue creado para servir a la etapa de las nacionalidades, que hoy también está terminando, para dar nacimiento al continentalismo. Hoy los hombres ya se están agrupando por continentes y no por naciones, y aquel sistema fue creado para eso.

    No podemos negar que en los dos siglos en que ese sistema actuó, la ciencia y la técnica avanzaron más que en los diez siglos precedentes. Pero tampoco podemos negar que todo ese inmenso progreso fue realizado sobre el esfuerzo, el sacrificio, el dolor y la miseria de los pueblos del mundo.

    Pero esos mismos sistemas pusieron al alcance del hombre los medios técnicos y científicos que esclarecieron a los pueblo; porque hoy, un hombre que vive allá en la montaña y baja una vez por año, está todo el día con el transistor en la oreja, que le está diciendo lo que pasa en ese momento en el mundo entero. Los pueblos se han esclarecido y ya no quieren sacrificarse; y si se los somete al sacrificio se rebelan. Aceptan un esfuerzo mancomunado, un esfuerzo realizado por todos en bien de la colectividad y de cada uno, dentro de un régimen de acuerdo y no de presiones.

    Ese es el sistema que corresponde a nuestros días y el que se está imponiendo en el mundo; vale decir, una democracia integrada, donde cada uno hace su vida con toda amplitud y toda libertad, pero luchando para que la comunidad se realice y haciendo posible que, en esa comunidad realizada, cada uno pueda, de acuerdo con sus condiciones y, según sus esfuerzos, realizarse a sí mismo.

    Este es el paso que el mundo está dando hacia el continentalismo. Es sobre esa base como los pueblos se están poniendo de acuerdo por continentes y realizando esta etapa de la evolución de la humanidad en orden y con cierta tranquilidad.

    Por esa razón es que el antiguo sistema demoliberal-capitalista  ha muerto. Hay algunos que todavía lo defienden, y yo he encontrado tontos que suspiran por lo que pasaba en el Medievo. De manera que no debe admirarnos que haya quien suspire por el demoliberalismo capitalista, hoy totalmente superado por la evolución.

    En cuanto al comunismo, ocurre lo mismo. El comunismo cometió un gravísimo error..., es decir, el marxismo. El marxismo se crea en la época de las nacionalidades; pero es el propugnador de un internacionalismo dogmático que corresponde a la etapa del universalismo, cuando el mundo entero, merced al impulso de la evolución, tenga que unirse y organizarse en conjunto para poder subsistir, o de lo contrario lanzar la bomba atómica para suprimir a la mitad de la humanidad. Porque el problema de la superpoblación y de la falta de materia prima, que ya estamos notando, creará problemas sin solución para la humanidad del futuro.

    El comunismo, en el siglo XVIII y en el XIX cuando comienza a promoverse, está ya pensando en ese universalismo. Es un apresurado; el otro, la burguesía, una retardataria: tienen los dos que fracasar. Y así han fracasado. Y ustedes ven en esto que las desgracias suelen unir.

    Y digo esto, compañeros, porque indudablemente la evolución de la humanidad se acelera cada día más. El Medievo, en la época de la carreta, duró cinco siglos. La etapa del demoliberalismo, de las nacionalidades, va durando dos siglos, pero ya es la época del automóvil. El continentalismo quién sabe si durará 25 ó 30 años, en la época del Jet, en que ya se anda a mil kilómetros por hora y en que se va a superar la velocidad del sonido. Porque la evolución marcha con la velocidad de los medios que la impulsan. Estaremos llegando ya al universalismo.

    Conversaba con uno de los dirigentes diplomáticos que actuaron en el Congreso de Estocolmo, que se reunió para la defensa ecológica de la Tierra; porque el hombre ha comenzado a pensar que está despilfarrando los medios naturales que no son infinitos, desgraciadamente, y que un día va a llegar en que se va a quedar sin tierra, sin agua y sin aire, y entonces sí se la va a pasar "canuta", como dicen los gallegos. Indudablemente, este proceso el hombre ha comenzado a verlo. Y yo conversaba con ese señor, un hombre de gran ilustración, de gran capacidad y sobre todo de grandes conocimientos. Le preguntaba qué sacaron en limpio de esa reunión, y me contestó: "Extraordinario. En primer lugar no se habló de los países, se habló de la Tierra. Segundo, nos dimos cuenta de que el mundo marcha hacia la universalización o hacia la hecatombe: segunda enseñanza. Y tercera, nos dimos cuenta de lo estúpidos que han sido los hombres, que durante siglos han muerto por millones, defendiendo unas fronteras que sólo estaban en su imaginación."

    Frente a ese imperativo de la evolución, nosotros debemos pensar que quizás antes del año 2.000, en que se doblará la actual población de la Tierra y disminuirá a la mitad la materia prima disponible para seguir viviendo, se va a tener que producir, indefectiblemente, la integración universal. Es decir que los hombres deberán ponerse de acuerdo en la defensa total de la Tierra y en su utilización como hermanos y no como enemigos unos de otros.

    Además de eso, será necesario llegar a la solución del problema de la superpoblación; eso se ha producido en algunas regiones ya que obedece no sólo al número de habitantes, sino a la desproporción entre el número de habitantes y los medios de subsistencia.

    Las soluciones han sido siempre de dos naturalezas: una es la supresión biológica, es decir, matar gente, de lo cual se encargan la guerra, las pestes y el hambre, que es la enfermedad que más mata en la Tierra. La otra solución es el reordenamiento geopolítico, que permite una mayor producción y una mejor distribución de los medios de subsistencia.

    Si el hombre, en lo que resta hasta el año 2.000 y comienzos del siglo XXI, no ha resuelto el problema por la vía geopolítica, produciendo más y distribuyendo con mayor justicia lo que el hombre necesita para subsistir, no quedará otro remedio que lanzar en masa la bomba atómica, que también puede ser una solución si la insensatez de los hombres no ha utilizado el camino constructivo y se ha decidido por el destructivo.

    Compañeros: éstas son cosas tan claras que no es necesario ser científico ni estar muy bien informado para comprenderlas. Basta oírlas y conocerlas. Son cosas evidentes, como es evidente la verdad que habla sin artificios.

    Si ese es el problema, la universalización de la Tierra será el mejor camino para la solución geopolítica. Es decir, para resolver el problema con una mejor producción, mejor organizada y mejor distribuida, tanto de la comida como de la materia prima, que van a ser las dos necesidades prioritarias en ese futuro ya casi inmediato.

    Si eso ha de hacerse, no se hará por sí sólo, porque estas cosas solas no se pueden realizar. Tendrán que ser realizadas por las grandes fuerzas que orientan y manejan la transformación de la humanidad.

    En este momento serían: el imperialismo yanqui o el imperialismo soviético, o un tercer mundo. Si esa integración universal la realizara cualquiera de los imperialismos, la haría en su provecho y no en provecho de los demás. Solamente la conformación de un tercer mundo podría ser una garantía para que la humanidad pudiese disfrutar de un mundo mejor en el futuro. Pero para eso, ese tercer mundo tiene que organizarse y fortalecerse.


TERCERA PARTE

DISCURSO DEL GENERAL PERÓN EN LA CGT

Selección de citas extraídas de dicha exposición, que se realizó el 2 de noviembre de 1973

    El justicialismo ha venido propugnando no la lucha, sino la colaboración inteligente que pueda cumplir una función social, por cuanto para nosotros la finalidad de todo nuestro trabajo es, precisamente, la felicidad del pueblo.

    Pensamos que el hombre es lo fundamental, y todo nuestro esfuerzo desde el punto de vista político, social, económica, cultural, etc, va dirigido en beneficio del hombre.

    En este sentido, yo he sostenido permanentemente que la política es solo un medio para dar la posibilidad de que hombres salidos del pueblo puedan tomar en sus manos el destino de la Nación y llevarla hacia los grandes objetivos que perseguimos.

    En lo social, buscamos que cada persona tenga el margen de justicia que necesita para vivir con dignidad y con felicidad.

    Y en el orden económico, sostenemos que el capital está al servicio de la economía, no como era antes en que la economía estaba al servicio del capital. Para nosotros, es a la inversa; el capital no tiene razón de ser sino al servicio de una economía, la que a su vez está al servicio del bienestar social. De esta sintética exposición de fundamentos, nace toda la orientación que el Justicialismo trata de poner en ejecución desde el Gobierno y desde las instituciones del Estado.

    Siempre ha sido para nosotros un tabú la intervención política de las organizaciones sindicales. Todos han venido sosteniendo que la organización sindical no debe intervenir en política. Es decir que mientras las organizaciones políticas intervienen en el proceso sindical, éste no ha de intervenir en el proceso político. Dado que la organización sindical se realiza para convertirse normalmente en un factor de poder, esta premisa es totalmente falsa.

    Nosotros tenemos nuestra experiencia. Hasta 1949 en que se sancionó la Constitución Justicialista, las organizaciones sindicales, por fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, eran consideradas como asociaciones ilícitas que quedaban a merced de una justicia que se encargaba de anular y destruir todo el poder que podría representar la asociación profesional. Nada puede haber más injusto que esto.

    Pero esto tiene su historia. Esa es la premisa fundamental con que se consolidó y organizó todo el sistema demoliberal-capitalista, que tiene su nacimiento en la Revolución Francesa y cuyas consecuencias se han venido sintiendo durante todo el siglo XIX y el siglo XX, que han sido dos siglos en que los trabajadores han luchado en desventaja para poder alcanzar las más elementales reivindicaciones que tienen derecho a exigir.

    Estos dos siglos han sido de lucha. ¿Cómo comienza este proceso? En la Revolución Francesa, después del catorce de Brumario, cuando Napoleón, siendo Primer Cónsul de la República, toma el poder en Francia y termina el proceso de la guillotina y de la desorganización que toda revolución trae inicialmente consigo.

    Napoleón era monárquico. En consecuencia, el pueblo, que había hecho la revolución contra la milicia, el clero y la monarquía, no lo veía con muy buenos ojos porque sabía que no lo representaba con amplitud. Pero la monarquía, el clero y la milicia, contra quienes había hecho la Revolución Francesa, tampoco lo veían bien. De manera que venía a quedar algo así como el "jamón del sandwich" entre dos fuerzas que lo vigilaban y que lo podían destituir en cualquier momento.

    A la percepción de Napoleón, que era un hombre extraordinario en todos los órdenes, no se le escapó el fenómeno que se estaba produciendo, y entonces llamó a la burguesía.

    La burguesía no había intervenido en la Revolución Francesa y estaba casi intacta. La lucha había sido entre los poderes de la monarquía, del clero y de la milicia contra el pueblo llano. La burguesía estaba en la barrera mirándolos a todos desde afuera.

    En consecuencia, Napoleón, que al igual que en otros órdenes, tenía en política una gran habilidad, llamó a esa burguesía y la tanteó por donde se tantea siempre a la burguesía: por el bolsillo.

    El Estado se había incautado de todas las posesiones del clero, de la milicia y de la monarquía, que eran dueños de casi toda Francia, y puso en venta esas propiedades. La burguesía las compró porque eran baratas; compró "chateaux" (castillos) y todas esas posesiones pasaron a manos de la burguesía. Cuando estuvieron en poder de esas posesiones, Napoleón los llamó y les dijo: "¿Ustedes han pensado hasta cuándo van a ser dueños de los 'chateaux' y de esas posesiones? Serán dueños mientras nosotros estemos aquí, porque el día que caigamos, ustedes pierden las posesiones y, tal vez, las orejas también". Así fue como les encargó la organización de lo que entonces se llamó el Estado nuevo.

    La burguesía, naturalmente, venía con todos los resabios del sistema feudal del Medievo y estaba enfrentada, en cierta medida, con las corporaciones que eran la incipiente organización gremial de aquellos tiempos, que se realizaba partiendo de células en que el dueño era a la vez el jefe del taller y tenía sus maestros y sus aprendices. De esa manera se formaba la célula gremial de aquel entonces. Esas corporaciones habían actuado en la revolución en apoyo del pueblo llano, de manera que la burguesía les tenía un poco de temor.

    De ahí nacen, entonces, las organizaciones que han sido las que proporcionaron la estabilidad que advertimos a lo largo de todo el siglo XIX y XX. Vale decir, la etapa que el mundo ha vivido y que se ha llamado de las nacionalidades y también del demoliberalismo burgués, porque de su organización paticipó toda la burguesía.

    ¿Qué crea esa burguesía como equilibrio político-social, que es el sector que nos interesa? Ellos crean primero las organizaciones políticas que dan nacimiento a los partidos políticos.

    Simultáneamente crea también los sindicatos, que han venido funcionando hasta hoy. Pero ¿con qué tareas? Simplemente para discutir por diez o veinte centavos de aumento en los salarios, mientras los políticos orquestaban las leyes que les negaban al pueblo todo progreso. Ese ha sido, normalmente, el sistema demoliberal-capitalista que ha dominado los siglos XIX y XX, hasta ahora, ya que en este momento las cosas están comenzando a cambiar en todas partes.

    Ese sistema, naturalmente, estableció como premisa inicial que los sindicatos tenían tareas gremiales, pero que no podían intervenir en política. Desde entonces se les ha venido negando el derecho a las organizaciones sindicales a intervenir en política. Pero la fuerza estaba precisamente en esas organizaciones políticas que eran las que decidían todo. Dentro de ese desenvolvimiento están los que han respetado en cierta medida las organizaciones sindicales y los que las han declarado asociaciones ilícitas.

    Ha pasado el tiempo y las organizaciones sindicales han ido, poco a poco, progresando y adquiriendo un nivel de organización sindical en relación directa con la justicia social que han desarrollado en el medio donde actuaban y proliferaron. Cuando el obrero ha estado en el mundo sin organizarse ha sido juguete de las circunstancias y ha sufrido la mayoría de las injusticias sociales. La justicia social no se discute, se conquista, y se conquista sobre la base de organización y, si es preciso, de lucha.

    Alcanzada esa justicia social, recién podemos pensar en una comunidad organizada a la usanza del Justicialismo, donde se establece el equilibrio de la fuerza que actúa dentro de la Nación, pero no puede existir de ninguna manera el menor asomo de las injusticias basadas en la ley o en una democracia que no se practica.

    Esa evolución está marcando -no solo aquí, sino en el mundo entero- una nueva etapa. Desde que el hombre comenzó a tener sentido como habitante de la Tierra, todas las evoluciones se han hecho hacia integraciones mayores. Siendo el hombre aislado, la primera fue la familia: a continuación vino el clan, la unión de varias familias; después vino la tribu, reunión mayor; luego vino el Estado primitivo; más tarde la ciudad; después vino el Estado feudal; luego vino la nacionalidad, las naciones; ahora vienen los continentes integrados.

    Y es muy probable que, siguiendo esta escala de evoluciones, lleguemos pronto al universalismo: es decir, a la integración total de los habitantes de la Tierra.

    La edad media se caracterizó por un sistema: el feudalismo. La edad moderna ha tenido su sistema: el demoliberalismo-capitalista. El continentalismo se está caracterizando por un cambio tatal en las estructuras y en los sistemas hacia un profundo contenido social.


 

Verdadero Peronismo