Poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la pérdida de gran
parte de la reserva oro de los Estados Unidos amenazaban gravemente la
existencia del área dólar, gravedad que sigue aumentando con los gastos de
posguerra, con lo que USA se colocaba en situación parecida a la de
Inglaterra después de la guerra anterior si alguna Nación conseguía la
formación de esa reserva. En consecuencia era preciso crear el instrumento
necesario para consolidar el área
dólar. El Fondo Monetario internacional fue la solución. En él participarían
la mayoría de los países occidentales, comprometidos mediante una larga
contribución al fondo, desde donde se manejarían todas sus monedas, se fijaría
no solo la política monetaria, sino también los factores que directa o
indirectamente estuvieran ligados a la economía de los asociados. La realidad
después se encargó de ir mucho más allá, como podemos ver ahora, cuando
llega la hora de los lamentos.
He aquí alguna de las razones, aparte de muchas otras, por las cuales el
Gobierno Justicialista de la República Argentina no se adhirió al fondo
Monetario Internacional. Para nosotros, el valor de nuestra moneda lo fijábamos
en el país, como también, nosotros establecíamos los cambios de acuerdo con
nuestras necesidades y conveniencias. Para el intercambio internacional
recurrimos al truque y así nuestra moneda real fueron nuestras mercaderías.
Ante el falseo permanente de la realidad monetaria internacional y las
maniobras de todo tipo a que se prestaba el insidioso sistema creado, no había
más recurso que hacerlo así o dejarse robar impunemente.
Ha pasado el tiempo, y en casi todos los países adheridos al famoso Fondo
monetario Internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar
las lamentaciones. Este fondo, creado según decían para estabilizar y
consolidar las monedas del Mundo libre, no ha hecho sino envilecerlas en la
mayor medida.
Mientras tanto, los Estados Unidos se encargaban, a través de sus empresas y
capitales, de apropiarse de las fuentes de riqueza en todos los países donde
los tontos o los cipayos le daban lugar, merced a su dólar ficticiamente
valorizado con referencia a las envilecidas monedas de los demás.
Juan Domingo Perón (1967)
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Del
libro "La Economía Social Según Juan D. Perón (1947-1974)"
compilado de Juan J. Balati. Editorial de Belgrano. |
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PRENSA
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ninguna salvación.
(Virgilio -'Eneida' - Libro II)
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