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QUINTA
CLASE DICTADA EL 19 DE ABRIL DE 1951
La historia de peronismo, como todo episodio histórico, tiene sus
actores, tiene sus causas y tiene su escenario. Una vez conocidos estos tres capítulos,
recién podemos estudiar el desarrollo de los acontecimientos y de sus efectos
en la historia. Cuando yo acepté dictar este curso en esta Escuela, creí
inicialmente que sólo iba a tener que relatar los acontecimientos, cosa que no
me traería ningún inconveniente dado que yo los he vivido y que también los he
sufrido. ¿Qué dificultad podría tener en narrarles a ustedes todas las luchas
del genera Perón, si yo, directa o indirectamente las he compartido siempre? Yo
me dije: éste es mi gran tema. Pero cuando tuve que sentarme a esbozar el
programa, advertí que eso no era todo y me di cuenta que no se trataba
solamente de relatar los episodios de la historia del peronismo, sino de
hacerla comprender, de hacerla sentir y de inculcarla, como dice el general
Perón. En ese momento fue cuando comprendí que el problema no era tan simple, y
menos para una mujer humilde cuyo único título es nada más que su gran voluntad
y su gran amor por la causa del General y de su pueblo. Por eso me han visto
ustedes andar por caminos que si no son desconocidos para mí –ya he dicho
en otra oportunidad que siempre me ha gustado el tema de la historia, porque he
estado buscando en él una medida que no encuentro para el general Perón y
nuestro pueblo-, son caminos menos conocidos o poco frecuentados para mí. En
estos años de lucha no he podido alcanzar todavía a medir la importancia que
tiene nuestro pueblo, nuestro movimiento y su líder en relación con los grandes
acontecimientos de la historia.
No he leído la historia para explicarla, ni para dar clases o
divertirme, sino para aprender en ella a querer y a sentir todavía más esta
breve pero extraordinaria historia de Perón y de su pueblo. Lo que he podido
aprender a través de los acontecimientos generales de la historia, es lo que he
querido que también ustedes aprendan aquí. En otras palabras, no me interesa
que ustedes sepan quién fue Licurgo, ni en qué año nació; me basta con que
aprendan que lo mejor de él –y de todos los hombres extraordinarios de la
historia-, está en la doctrina del general Perón y ha sido realizado en la
breve historia del peronismo.
No me interesa tampoco que ustedes sepan mucho sobre la Revolución
Francesa, o sobre las luchas entre plebeyos y patricios, o entre espartanos e
ilotas; pero si me interesa que sepan que ningún movimiento de masas o de
pueblos es comparable con el que realizó nuestro pueblo el 17 de Octubre de
1945.
Para eso hemos estudiado la historia universal, buscando
precedentes y precursores de la historia del peronismo. Analicen un poco lo que
hemos hecho hasta aquí. ¿Nos hemos limitado a describir los acontecimientos
históricos? ¿Nos hemos puesto a relatar siempre vidas de grandes hombres? No;
en realidad, yo he presentado a los autores del movimiento peronista, únicos y
exclusivos; el general Perón y el pueblo. Ya saben también cual es la medida de
nuestro pueblo, porque lo hemos comparado con otros pueblos y, sobre todo, con
sus grandes manifestaciones de rebelión, con la Revolución Francesa y con la
revolución rusa.
Ahora tenemos que estudiar las causas y, luego, el escenario del
peronismo, para recién después hacer el relato de sus episodios fundamentales.
Creo que ha llegado el momento de considerar cuáles fueron las causas del
peronismo. Recuerdo que en el capítulo, por ejemplo, de la historia de la
Revolución Francesa, son más las páginas que se dedican al estudio de sus
causas que a los acontecimientos de la misma revolución. Todavía hay mucha
gente que se dedica a escribir libros que explican por qué se produjeron la
Revolución Francesa, la revolución rusa y la revolución americana. No quisiera
que eso sucediera con nuestro movimiento peronista. Preferiría que se escriba
más sobre lo que hemos hecho que sobre los motivos o las causas de lo que hemos
realizado. Sin embargo, no puedo eludir, en ese curso, el tema mismo, y tengo
que dedicar una o dos clases al estudio de las causas del peronismo.
Me he puesto a pensar, como podría hacerlo cualquiera de ustedes,
sobre este tema, y creo que no es muy complicado llegar a conocer rápidamente las
causas que determinaron el nacimiento del peronismo. ¿Cuándo nació el
peronismo?
No nació el 4 de Junio, pero tal vez pueda decirse que en esa
fecha se levantó el telón sobre el escenario. No es el episodio mismo, porque
tal vez lo único peronista del 4 de Junio fue Perón y su proclama. El pueblo
todavía no está allí, como estará el 17 de Octubre y el 24 de Febrero o como
está ahora todos los días acompañando al general Perón y a su movimiento. El 4
de Junio dio el primer paso el general Perón para llegar a su pueblo, y aunque
el ejército que lo acompañaba es parte del pueblo, no es todo el pueblo.
Para demostrar que todavía no había nacido el peronismo, piensen
ustedes que el gobierno de la Revolución del 4 de Junio no era totalmente
popular, y si no recuerden en el nombre de algunos ministros de entonces, y eso
basta. Recuerden que el mismo coronel Perón fue inicialmente colocado en un
puesto exclusivamente militar. El peronismo no nació, para mí, el 4 de Junio de
1943, pero tampoco nació el 17 de Octubre, porque el 17 de Octubre de 1945, el
peronismo triunfó por primera vez. Quiere decir que para esa fecha ya había
nacido.
El peronismo, a mi juicio, nació al crearse la Secretaría de
Trabajo y Previsión, nació cuando el primer obrero argentino le dio la mano al
coronel Perón pensando: "me gusta este coronel". El pueblo empezó a
presentir que ya no era una esperanza, sino una realidad. Quiere decir que el
peronismo no nació sólo con la creación de la Secretaría de Trabajo y
Previsión. Nació cuando el primer obrero argentino, al encontrarse con el
general Perón, pensó que ya tenía quien le protegiera y que ya se encontraba
ante la realidad. Cuando lo ponen a Perón en posesión del cargo de Secretario
de Trabajo y Previsión, a él lo aplauden muchos dirigentes gremiales.
Creo que no nos equivocamos, entonces, si decimos que el peronismo
empezó a nacer cuando Perón entró a la Secretaría de Trabajo y Previsión, o sea
al viejo Departamento Nacional del Trabajo. Desde ese día los obreros, o sea el
pueblo, empezaron a formar una sola fuerza con Perón. El peronismo es eso. Es
una fuerza integrada por Perón.
Pero volvamos al tema: ¿cuáles fueron las causas del peronismo?
¿Por qué Perón y el pueblo argentino decidieron unirse para tomar el gobierno
de la Nación? Para liberarse del imperialismo y del fraude. Porque el pueblo
estaba cansado de la gente que ocupaba el gobierno y había perdido la
esperanza; estaba cansado del fraude y decidió formar con el coronel Perón una
sola fuerza, para lograr sus justas reivindicaciones, pero también para
liberarse de la oligarquía, del imperialismo y de los monopolios
internacionales, sobre la base justicialista que después creara el general
Perón.
¿Por qué el gobierno estaba en tales manos? ¿Qué puntos de
contacto existían entre esas fuerzas tan poderosas- oligarquía, imperialismo y
monopolios internacionales- que habían vencido o engañado al pueblo argentino
durante un siglo? Es que esas tres fuerzas eran nada más que tres formas
distintas del capitalismo; por eso estaban tan unidas.
Eran tres formas distintas del capitalismo, en cuyo sistema lo
normal es la explotación del pueblo. Por eso estaban tan unidas y por eso
tenían puntos de contacto tan poderoso.
El peronismo, que no puede confundirse con el capitalismo, con el
que no tiene ningún punto de contacto. Eso es lo que vió
Perón desde el primer momento. Toda su lucha se puede reducir a esto: en el
campo social, lucha contra la explotación capitalista. No se olviden ustedes el
estado en que encontró el coronel Perón al pueblo trabajador cuando entró al
Viejo Departamento Nacional del Trabajo, que para suerte de todos fue barrido
de la historia del país, porque no había sido más que el trampolín de intereses
mezquinos del capitalismo, ya sea internacional o nacional; creando la Secretaría
de Trabajo y Previsión, cuna del justicialismo. No pueden olvidarse ustedes que
desde esa Secretaría, al realizar el coronel Perón la dignificación del pueblo
argentino, afianzó la soberanía de la patria. No puede haber pueblo soberano si
el pueblo no es digno.
Además, al crear la justicia social, el coronel Perón tuvo después
que buscar el soporte para mantenerla y lograr la independencia económica. La
Secretaría de Trabajo y Previsión, creación maravillosa del coronel Perón, es
la cuna del justicialismo en el país. No sólo dio desde esa casa felicidad al
pueblo, siendo como un rayo de luz y esperanza para todos los hogares
proletarios que habían perdido la fe en sus gobernantes, en sí mismos y en los
altos valores de la patria. No sólo les dio salarios, sino que los dignificó, y
la dignificación del hombre por el hombre no tiene precio. Eso es lo grande de
la lucha que tuvo el Coronel en el campo social y que tal vez los argentinos no
terminarán nunca de agradecérsela. Y al decir los argentinos, me refiero a los
argentinos de todos los campos, sean intelectuales u obreros.
En el campo político el general Perón luchó contra las fuerzas de
la oligarquía, que no tenían ningún escrúpulo en servir al capitalismo, y aquí
podríamos recordar un hecho bochornoso: los vendepatrias,
por combatir a un argentino, se unieron a un embajador extranjero, haciendo la
vergonzosa marcha de la democracia.
No sólo sirvieron a los intereses foráneos, del capitalismo, para
ser instrumento de la explotación de los obreros argentinos, sino también que,
en sus mezquinos y bastardos intereses, sirvieron a
potencias extranjeras y pidieron su ayuda y su intervención para desterrar de
esta patria al más ilustre de los argentinos, que venía a reivindicarla
política, social y económicamente, y a implantar una verdadera soberanía; no
esa soberanía tanto tiempo declamada y no practicada, sino una soberanía
practicada con un sentido patriótico, por un hombre que empezó a hablar, a
querer y a actuar como argentino.
Por eso, el general Perón tuvo que luchar contra esa oligarquía
que sirvió al capitalismo sin escrúpulos, y también contra las fuerzas
internacionales del capitalismo, que querían seguir dominando el gobierno, como
lo habían dominado durante un siglo, para explotar mejor al pueblo argentino.
No querían resignarse a perder el beneficio de esa explotación de nuestro
pueblo, para que éste continuara sirviendo sumisamente sus intereses, mientras
ellos despreciaban a los argentinos y los subestimaban, porque jamás los
creyeron buenos obreros ni capaces de dirigir nada; sólo los consideraban
burros de carga, sin darse cuenta de que el pueblo argentino, dispuesto a
engrandecer a la Patria, tiene una estatura que es imposible medir, porque es
un pueblo que sabrá morir en las fronteras antes que vivir jamás de rodillas
ante nadie.
Por eso, la lucha del entonces coronel Perón en el campo político
fue ardua, desgraciadamente, y no quisiera detenerme en esto. Digo
desgraciadamente, porque es una desgracia para nosotros que haya habido
–y existan todavía- argentinos que sirvan a los imperialismos y a
intereses foráneos, contra los supremos intereses de la Nación; es una
desgracia que todavía haya argentinos –como los hubo- que se unieron ante
las potencias que ya conocemos, porque se sentían más dignos, más "niños
bien", o porque no querían seguir perdiendo las cuatro monedas con las les
compraban sus conciencias.
Los peronistas y el pueblo humilde de la Patria, el pueblo
trabajador y todos los que acompañamos al coronel Perón, podemos sentirnos
orgullosos de nuestro egregio apellido de argentinos, porque lo llevamos con
honor y lo supimos defender, en las horas inciertas, con la dignidad de buenos
argentinos.
Para nosotros, los peronistas, era fácil defender nuestro digno
apellido de argentinos, pero desgraciadamente en todas partes se cuecen habas y
en todas partes hay traidores y vendepatrias.
Nosotros vimos –y seguimos viendo anonadados- cómo es posible que ciertos
individuos que se llaman argentinos, sigan siempre defendiendo lo foráneo, aun
con mentiras y con intereses que ya no pueden ser ocultos a ningún argentino
bien nacido.
Para nosotros fue fácil, pero imagínense ustedes ¡qué dolor habrá
sentido el Coronel en su corazón de argentino, en su corazón de patriota,
viendo a aquel grupo de destacados, a quienes Dios no había iluminado, para
comprender que en esta Argentina de San Martín nos tocaba vivir una época
sencilla, humilde, silenciosa pero heroica, en defensa de la patria,
recurriendo sólo a nuestra dignidad de sentirnos orgullosos y honrados con
nuestro querido patrimonio que es necesario defender en un momento caótico para
la humanidad. ¡Qué horas inciertas habrá tenido el coronel Perón en esa lucha
política ardua, ante la incomprensión de muchos argentinos, porque a él no le
habría interesado el ataque del exterior –al contrario, lo hubiera
alentado en sus sueños de patriota-, pero le dolía el ataque de los argentinos
aliados a la fuerza foránea, de los que cruzaban el río para despotricar contra
el país, de los que se aliaron a embajadores extranjeros, de los que defienden
monopolios, como abogados, por cuatro monedas –porque los compran con
chauchas-, de esos que ya conocemos, que creían que era de niños bien gustar de
todo lo extranjerizante! ¡Qué dolor habrán causado al coronel Perón, pero
también qué honda satisfacción habrá tenido al ver que un grupo de argentinos,
y sobre todo el pueblo humilde de la patria, las fuerzas del trabajo, lo
comprendían y lo seguían, lo que nos demuestra que Dios les había iluminado el
alma, tal vez porque los humildes viven al aire libre, con el alma siempre
abierta a las cosas extraordinarias! ¡Ellos vieron a Perón y lo siguieron son
el entusiasmo y la fe con que solamente los seres superiores pueden comprender!
Siempre he dicho que el mayor enemigo del hombre de genio es el
mediocre, aquellos enemigos de Perón son los mediocres. El mediocre es enemigo
de toda cosa nueva y por lo tanto enemigo de toda revolución, y lo que había
que hacer en el país era una revolución total, tanto en lo político, como en lo
social, como en lo económico.
Además, ellos creían todo exagerado, porque eran incapaces de
comprender nada de lo que se quería realizar. Es claro, ellos, incapaces de
realizar nada que no sea para ellos, están en contra de aquel que quiere
realizar algo para la comunidad, algo para servir a todos. Por eso hemos de
seguir cuidándonos de tales enemigos que todavía están y siguen trabajando. No
nos podemos confiar nosotros en el triunfo que nos ha dado Perón. Debemos
seguir manteniendo la llama latente del coronel Perón y continuar nosotros
iluminando los senderos de la patria con nuestra vida, con nuestro sacrificio,
con nuestro reconocimiento diario al general Perón en esta cruzada patriótica
que las futuras generaciones quizás comprendan más que nosotros mismos.
Y luego, además de luchar contra los malos argentinos, tenía que
luchar contra los intereses que ya todos conocemos. En el campo económico, el
coronel Perón tenía que luchar por la independencia económica y por la economía
social. Por la independencia económica: y para eso producía una verdadera
mutilación de los imperialismos dominantes, reconquistando los servicios
públicos de la Nación, que eran los instrumentos con que nos dominaban. Por la
economía social, poniendo el capital al servicio del pueblo, haciendo sentar
por primera vez ante una mesa paritaria a patronos y obreros, para repartir
equitativamente las ganancias de un capital que había explotado al pueblo y que
jamás lo había recompensado con una justa retribución.
Ustedes, con alto criterio, sabrán comprender lo ardua y difícil
que habrá sido la lucha del coronel Perón en estos cuatro aspectos que acabo de
enunciar ligeramente. Pero cuando se está iluminado por algo superior, cuando
la causa es la Patria, cuando el objetivo es la felicidad y la dignidad de su
pueblo, no hay escollos, no hay obstáculos ni hay sinsabores que puedan
detener. El coronel Perón estaba iluminado por algo divino, y pudo darnos la
Argentina de bonanza y de felicidad en que estamos viviendo ahora, y, sobre
todo, la dignidad nacional, ya que cada uno de nosotros se siente ahora más
orgulloso de nuestro egregio apellido de argentinos. Al trasponer las
fronteras, todos los argentinos se dan cuenta de la conquista ciclópea que ha
obtenido el general Perón en el sentido de la soberanía y de la dignidad del
país, por la cual ha bregado.
La lucha ha sido ardua, pero venció. Venció como vencen los
grandes, acompañado por el pueblo, por los hombres y mujeres de bien, por los
humildes, a quienes, como ya dije, tal vez porque Dios no les dió riquezas materiales, les brindó la riqueza más grande a
que podemos aspirar los hombres y mujeres de bien: la grandeza espiritual para
comprender a los grandes y para comprender todo lo superior, viendo con los
ojos del alma, que ven mucho más allá...
Es grande la lucha que le hizo el antiperonismo
capitalista al general Perón, porque la causa que dio nacimiento al peronismo
es, precisamente, el capitalismo. Ya ustedes habrán podido darse cuenta de eso
y lo sabrán, sin necesidad de que lo expliquemos.
Perón no es anticapitalista, ni tampoco es anticomunista: Perón es
justicialista. Por eso es que los capitalistas y los comunistas se volvieron antiperonistas. Perón quiere hacer realidad su
justicialismo; pero eso es combatido por los antipersonalistas
del capitalismo, la oligarquía y los capitales extranjeros, y por los antiperonistas del comunismo, o sea, por los imperialismos
de izquierda y de derecha. Perón está basado en su justicialismo, es decir, en
la felicidad, la grandeza y la soberanía de la patria.
Sabemos, pues, que el peronismo es esencialmente distinto del
capitalismo. Antes de 1943, el capitalismo no tenía más que un solo enemigo: el
comunismo.
El capitalismo no podía seguir dominando en el mundo y a la larga
iba a ser vencido por el comunismo, porque a los pueblos no se los puede
explotar indefinidamente. Todo tiene su fin. Ante el peligro de ser vencido el
capitalismo en manos del comunismo, y ante la desgracia que azotaba al mundo,
de un capitalismo sin patria ni bandera y aun desnaturalizado, Perón decidió
salvar a su pueblo de los dos males: el antiguo del capitalismo y el futuro del
comunismo. Por eso podemos decir que el comunismo es otra de las causas del
peronismo, pues si no hubieran existido en el mundo el capitalismo y el comunismo,
Perón tal vez no hubiese debido crear el justicialismo como doctrina del
peronismo, y todos los países quizás hubieran vivido dentro de una grandeza
espiritual, con soberanía, con independencia económica y con justicia social.
De allí que al estudiar las causas del peronismo, tengamos que
analizar al capitalismo representado directamente por la oligarquía, los
imperialistas y los monopolios internacionales, y al comunismo como causa
indirecta, representado por los falsos dirigentes del pueblo que sólo quieren
someterlo a una explotación tan inhumana como la del capitalismo.
Para comprender bien la historia del peronismo, hay que establecer
bien claramente que no es el peronismo un simple movimiento político, y en este
sentido es muy importante que ustedes piensen, cuando están al frente de las
unidades básicas, que están representando a un movimiento de una causa superior
y no a los viejos partidos de la política circunstancial, que sólo trabajaban
sobre la mentira y el engaño. El Partido Peronista es un movimiento superior, y
eso lo debemos grabar nosotros muy profundamente en nuestros corazones.
El peronismo ha cambiado todo el orden político, económico y
social de la Nación. Lo que antes había, no tiene nada que ver con lo que hay
ahora. Esto es lo que debe entender claramente cada peronista. Lo que había
antes de la reforma de Perón era un sistema capitalista de gobierno y de vida.
Lo que hay ahora es un sistema distinto, que Perón llama justicialismo, pero
que la historia indudablemente unirá siempre al nombre de Perón y le llamará,
como le llaman los niños, los humildes y los trabajadores de la patria:
peronismo.
La mayor parte de los peronistas están de acuerdo, y en eso
coinciden todos los peronistas, con que el peronismo es una cosa completamente
distinta del comunismo. Pero de lo que todos no están convencidos es de que el
peronismo también es absolutamente distinto del capitalismo. Esto es muy
importante que lo aclaremos. El peronismo es completamente distinto del
capitalismo, y no vamos a caer nunca en el error de creernos pequeños
oligarcas, porque con la oligarquía nace el capitalismo.
Observen ustedes que yo no he dicho que el peronismo es
anticomunista o anticapitalista. Ser "anti"
es estar en posición de pelea o de lucha, y el peronismo quiere crear,
trabajar, engrandecer a la patria sobre la felicidad de su pueblo. Los que
pelean son ellos; unos, porque sirven a intereses internos mezquinos y bastardos, cuando no a intereses también foráneos de
imperialismos de derecha.
Nosotros no queremos destruir a nadie. El mundo está dividido en
dos bandos y nosotros no queremos destruirlos a los dos, porque destruiríamos a
la humanidad. Nosotros queremos que los dos bandos se den cuenta de que ninguno
de ellos tiene razón, y de que la razón es nuestra. Tenemos la solución que
ellos no tienen, ¿para qué vamos a pelearnos? Ellos no tienen la solución,
porque ninguno de los dos quiere dejar un poco de su egoísmo y de su ambición,
y, además, porque a ninguno de los dos le interesa servir honrada y lealmente a
sus pueblos y a la humanidad.
Nosotros no tenemos necesidad de pelear. Es como si estuviéramos
viendo a dos hombres que se pelean por unas monedas, ¡aunque éstos se pelean
por algo más! Nosotros sabiéndonos ricos (no lo seremos en dinero, pero somos
ricos en felicidad, somos ricos por nuestra doctrina, por nuestra dignidad y
porque tenemos la verdad; somos ricos porque hemos tenido la suerte de
encontrar un conductor que nos entregue todas estas cosas, y la felicidad de
que Dios nos haya iluminado para comprender a un hombre de los quilates del
general Perón); sabiéndonos ricos, nos declarásemos enemigos de aquellos dos,
para luego darles una parte de nuestras riquezas ¡sería una locura!
Lo que conviene aclarar bien es que el peronismo es totalmente
distinto del capitalismo. Nosotros queremos trabajar, queremos construir la
felicidad de nuestro pueblo, y deseamos honradamente que todos los pueblos
vivan en paz, que sean felices y que trabajen con la misma alegría con que
trabajan hoy todos los argentinos, quienes, mientras el mundo se debate entre
odios, dolores, persecuciones y muertes, saben que están construyendo cada día
una Argentina más grande y más feliz de lo que la encontraron.
Los argentinos, en esta hora incierta de la humanidad, tenemos el
privilegio de soñar en un futuro mejor; ese privilegio se lo debemos a Perón.
¿Quién en el mundo puede soñar? ¿Qué pueblo en el mundo, en este momento, puede
soñar un futuro mejor? El mañana se les presenta incierto... Y aquí, los
argentinos están pensando en su casita, en sus hijos, en que se van a comprar
esto o aquello, en que van a ir a veranear. Es que el nuestro es un pueblo
feliz. Eso sólo bastaría para que todo el bronce y el mármol del mundo no nos alcanzara a los argentinos para erigir el monumento que le
debemos al general Perón.
Me he vuelto a salir del tema. Tratándose del General me
entusiasmo tanto en mi extraordinario amor a su causa y a su persona, que me
salgo del tema.
Hoy quiero ocuparme de probar que el peronismo es totalmente
distinto del capitalismo, y perdonen que yo insista tanto en esto, porque es
peligrosísimo que pueda renacer el espíritu oligarca entre nosotros; que se
pueda engendrar en nosotros en pequeño y que después, en grande, renazca el
capitalismo y degenerar este extraordinario movimiento que se ha amasado con el
sacrificio y tal vez también –por qué no decirlo-, en la ofrenda diaria
de la vida de un patriota como es el general Perón.
En las próximas clases veremos que el comunismo tampoco tiene nada
que ver con el justicialismo. Para entender mejor en qué se diferencia el
capitalismo del justicialismo tal vez sea conveniente conocer un poco la
historia del capitalismo. A mí no me corresponde hacer el análisis del
capitalismo. Es materia de otros profesores. Tal vez ellos, con más elocuencia
y eficacia que yo, lo harán, pero yo voy a abordar el tema aunque sea
superficialmente, para referirme a algo que es causa de nuestro movimiento
peronista, o sea el capitalismo.
El capitalismo aparece en el mundo alrededor del año 1700. Algunos
lo hacen nacer después de la creación de la máquina y de la evolución
industrial que la máquina produjo en el mundo. Ustedes saben que la primera
máquina industrial –la de vapor-, fue lanzada al mundo prácticamente en
1705 y que mucho tiempo más tarde se construyó la primera máquina de hilar.
¿Por qué, sin embargo, decimos que en 1700 el mundo conoce lo que era el
capitalismo? Porque el capitalismo significa que toda la riqueza está al
servicio del individuo que la acumula, y el maquinismo, con su evolución, trajo
aparejado el cercenamiento de la actividad individual y el aprovechamiento en
mayor escala del capital.
El capitalismo existe cuando unos pocos individuos son los
poseedores de al riqueza, y el capitalismo nace, a mi juicio, antes de 1705, en
que se comienza la revolución industrial. Para demostrar que en 1700, o tal vez
antes, ya había capitalismo, vamos a hablar un poco de Inglaterra, por ejemplo.
En ese país unos pocos eran poseedores de la riqueza. En 1700 Inglaterra ya
tenía las características de una sociedad capitalista, de una sociedad donde
unos pocos ricos explotaban a muchos pobres.
¿Cómo se habrá llegado a esa situación, dirán ustedes? Por
distintos caminos, en cada país se ha roto el equilibrio de la propiedad
privada. La tierra dejó de ser propiedad de las corporaciones como propiedad
común en las ciudades o aldeas, como sucedía en la Edad Media, pasando a ser
propiedad de unos privilegiados, amigos o parientes de los reyes, comerciantes
enriquecidos, etcétera. El caso de Inglaterra es típico; allí la iglesia
administraba un 30 ó 35% de las tierras laborales, por medio de comunidades y
corporaciones. Cuando Enrique VIII expropió todos los
bienes de la iglesia, tuvo la gran oportunidad de hacer una buena distribución
de esa tierra, que no estaba en manos del pueblo ni bien distribuida. Pero no
sólo no lo hizo así, sino que, poco a poco, fue entregando la tierra a unos
pocos que incluso, ya poseían grandes extensiones; y las entregó gratuitamente
o por sumas irrisorias. Así fue como el 50% de las tierras inglesas quedaron en
manos de unos pocos poseedores, que dieron nacimiento a los lores,
como se llamó desde entonces a los grandes terratenientes. Cuando apareció la
industria, ¿quiénes podían comprar las máquinas a invertir capital en la
construcción de fábricas, que necesitaban mucho dinero para su instalación?
Solamente los terratenientes. Así, la oligarquía de terratenientes pasó a ser
una oligarquía industrial.
Eso en Inglaterra. En otros países –y por otros
procedimientos similares-, los pocos poseedores de la riqueza se hicieron
industriales. Por esto digo que el capitalismo, en mi concepto, existía ya
antes de la industria.
Desgraciadamente, a los pueblos se los explotó siempre por castas
privilegiadas, ya sea de terratenientes, reales, de comerciantes, pero siempre
se los explotó. Los industriales, que ya eran terratenientes, tenían gran
influencia en los gobiernos; era lógico, desde que eran los poseedores de la
riqueza. Con el nuevo poder de la industria, los dominaron totalmente. Así fue
como el gobierno político de las naciones pasó a manos del prócer capitalista.
El gobierno se dirigía desde las cámaras de comercio –aquí lo sabemos muy
bien- y desde las industrias.
Un ejemplo típico de eso es el Wall Street, cuyos magnates tienen fácil acceso al gobierno y
están en el gobierno mismo, no conformándose con dominarlo en su patria, sino
que quieren dominar en el mundo.
Pero el problema no terminó allí. Las industrias nacionales fueron
creciendo hasta un punto en que la producción debió empezar a exportarse, y
hubo que asegurar mercados en el resto del mundo. Desde este momento, el poder
económico del capitalismo presionó a los gobiernos para lanzarlos a la guerra
imperialista o a la conquista pacífica del mundo. A los que tenían dignidad,
debían dominarlos por la fuerza; a los que habían nacido para ser sirvientes,
los tenían de rodillas y les resultaban más baratos. Donde los gobiernos no
entregaban la riqueza nacional, promovían las guerras. Méjico, Cuba, y los boers son un ejemplo. Inglaterra, en cincuenta años, llevó
más de cuarenta guerras de conquista. Donde los gobiernos se entregaban como
títeres, como he dicho, entraban a sus anchas, ya que ni siquiera tenían que
gastar en sueldos administrativos. ¡Vean ustedes qué baratos!
Vean ustedes cómo va entroncándose en la historia el capitalismo
también con nuestra historia. Eso lo conocemos bien nosotros, porque hasta hace
muy pocos años hemos vivido en las garras de ellos, que todavía ahora no pueden
resignarse a haber perdido el cetro de esto, que ellos decían que era una
colonia mucho más barata que otras, porque nos administrábamos solos; ¡y tenían
razón!
En la República Argentina, el capitalismo entró solapadamente. No
tuvo necesidad de hacer la guerra, aunque lo intentó en 1806 y 1807. En el
orden internacional, el capitalismo se parece al capitalismo en el orden
interno de la sociedad. En la sociedad capitalista, hay hombres poseedores de
la riqueza, o capitalistas, que ponen el dinero, y hombres desposeídos, que
ponen el trabajo. Lo mismo ocurre en el orden internacional, donde hay países
supercapitalistas que ponen el capital y países sometidos que ponen el trabajo.
Nuestro país nació en un mal momento desde este punto de vista.
Nació en el momento de la plena juventud del capitalismo y del supercapitalismo. El supercapitalismo,
bajo el pretexto de hacernos progresar, empezó a dominarnos de 1850 en
adelante. Esperó a que estuviéramos en paz, porque el capital jamás se arriesga
en países intranquilos. Primero nos dejaron pelear hasta que logramos nuestra
independencia, y cuando estábamos completamente tranquilos entraron. Cuando
llegaron a la República Argentina, se encontraron con que el gobierno estaba en
manos de la oligarquía, cuyo origen es en parte oligarca de sangre, antiguas
familias patricias, etc., y en parte de dinero, algunos terratenientes.
Por eso nosotros debemos cuidarnos de la baja política de círculos
y sólo preocuparnos de la alta política de los intereses de la Nación y del
pueblo. Por el mezquino interés de llegar, en una ambición desmedida, se hacían
aliados hasta del diablo en contra de los intereses del pueblo y de la Nación.
Para ésos no habría castigo suficiente porque traicionan a lo más sagrado: la
Patria.
Eran hombres que no tenía corazón; sólo querían estar en el
gobierno y pasarla bien. Políticos ambiciosos, mediocres y baratos que quieren
todavía llegar al poder sin importárseles cómo ni haciendo qué. Si pueden
llegar engañando con piel de cordero mejor, y si llegan empujando también,
porque no les interesa cómo. Solamente les interesa no tener líos, y ellos
arreglarían cualquier lío internacional con tal de pasarla bien; es decir,
engañando al pueblo volverían a entregar la Nación.
Pero nosotros, los peronistas, estamos ya muy bien acostumbrados,
gracias a Perón, y muy alertas; y a cualquier gobernante que quisiera obrar de
esa manera, que fuera un mal peronista o un opositor, lo arrojaríamos del país
de la fuerza. Porque hay algo que no ha enseñado el General: amar a la patria y
ver cuáles son los enemigos de ella. Hay algo que nos ha enseñado el General:
amar a nuestro pueblo y saber cuáles son sus enemigos. Sobre todo, el General
nos ha enseñado a ver cuáles pueden ser los males, y nos ha dado la solución
para la felicidad de nuestro pueblo. Lo que no aceptará jamás el pueblo
peronista es que alguien pueda hacer alianza con los enemigos de la Nación, ni
siquiera disimuladamente, porque lo advertiríamos con los ojos del alma y con
la intuición que el pueblo tiene. Y tampoco nadie podrá ya volver atrás la
conquista social de que disfruta el pueblo argentino, gracias a Perón y por
Perón.
Para defender la justicia social, la independencia económica y la
soberanía política, ya no necesitamos venir a esta escuela Peronista; eso nos
lo enseñó Perón el día que apareció en la Patria; eso nos lo enseña Perón todos
los días con su ejemplo, con su vida espartana y de patriótico sacrificio, que
nos enorgullece a todos. Esas tres cosas nos las enseñará siempre el recuerdo
ilustre del general Perón, y las futuras generaciones de argentinos, al elevar
su memoria hacia Perón, sabrán que tienen que cumplir aquellos tres objetivos,
haciendo cada día más feliz a la Patria, engrandeciéndola económica y
políticamente, y velando por su soberanía, jamás desmentida, pues la hemos sentido
siempre anidada en nuestro corazón, aunque el general Perón fue quien nos hizo
poner de pie a todos los argentinos para defenderla.
Dice uno de los alumnos algo muy simple y muy sabio: Para no
equivocarnos, hay que amarlo siempre a Perón. Sí, porque amando siempre a Perón
el pensamiento no se detiene más que en acciones nobles, la vista no se fija
más que en cosas buenas y grandes, y siguiendo su figura no se pueden realizar
sino grandezas para la patria y para el pueblo.
Yo pienso, compañeros y compañeras, que las conquistas no se
discuten: se defienden, como dijo el General. La justicia social, la
independencia económica, la soberanía de la Patria, no deben discutirse; ha
llegado el momento en que deben defenderse. ¿Cómo hay que defenderlas? Empezando
por ofrecer la vida misma, si es necesario, pero no con palabras sino con la
acción, siguiendo al general Perón.
Es necesario que nosotros, que tenemos el privilegio de llevar el
estandarte peronista, que es justicia social, independencia económica y soberanía
política; nosotros, que tenemos el privilegio de contar en nuestro partido con
la figura señera del General, no podemos permitir que cuatro descastados o
descastadas levanten la tribuna para difamarlo. Nosotros no podemos permitir
que se toque al general Perón, porque él debe ser tan sagrado como la Patria y
ha de ser tanto o más sagrado que nuestra vida. ¿De qué vale vivir la vida si
no se es capaz de entregarla ante el altar de la Patria por una causa superior?
Si en algún momento me pidiera el general Perón mi vida, yo se la entregaría
feliz porque así habría hecho algo grande, sirviendo a la Patria y a un hombre
de los quilates del general Perón. Por eso digo que, llegado el momento de la
bastarda discusión callejera, no debemos aceptar jamás que se lo ataque al
general Perón. Tenemos que juramentarnos en eso, y hay muchas maneras de hacer
callar a los vendepatrias. Tenemos que hablar a todos
los peronistas para que la obra de Perón y Perón sean inatacables. En cambio,
podemos aceptar que se toque a algún funcionario, porque a lo mejor así se nos
podrán abrir los horizontes y sugerírsenos ideas, pero las obras de Perón y
Perón no pueden ser tocadas por quienes siguen vendiendo la Patria al diablo.
Nosotros no vamos a permitir que cuatro argentinos nos amarguen el alma
queriendo manchar lo que es inmaculado; la figura ya gloriosa del general
Perón. Yo le voy a pedir permiso al Director de estos cursos para dictar una
clase especial sobre este tema, porque debemos dar la seguridad al general
Perón de que vamos a desterrar a los políticos de círculos, y si no podemos
hacerlo, tenemos que ir poco a poco silenciándolos y olvidándolos, que es una
manera de enterrarlos, ¡de primera, pero enterrarlos!
Pero puede tener la plena seguridad el General, que nosotros los
humildes, los pequeños, no aspiramos a otro honor que no sea el de colaborar
con él; no queremos más cargo ni podemos ambicionar más distinción sino que
algún día digan de nosotros que fuimos colaboradores anónimos –más
grandes todavía-, pero leales, constantes y disciplinados hasta el renunciamiento.
Por eso yo, tal vez especulando un poco, no ambiciono ni quiero
tener ningún título dentro de nuestro movimiento, porque no pasarán a la
historia los que tengan cargos, ya que Perón es único; pasarán a la historia
los humildes que acompañaron a Perón, porque a la historia no pasarán más que
Perón y el pueblo. ¡Por eso, no pudiendo ser Perón, yo quiero ser pueblo! Los
políticos, los que acompañan al General en los grandes cargos –que me
perdonen, yo los quiero mucho, como todos ven-, no pasarán a la historia;
forman un partido político. De nuestro movimiento no surgirá nada más que el
pueblo y Perón. Yo quiero tener el honor de compartir esa gloria dentro del
pueblo.
En eso, el general Perón debe tener la esperanza –porque no
podemos decir, desgraciadamente, que le podamos dar ya la satisfacción de
haberlo logrado totalmente- de que todos los peronistas de buena voluntad vamos
a proceder así y a formar en nuestro corazón de peronistas auténticos la férrea
voluntad de apartar de nuestro lado a todo aquel que haga "trenzas",
que se sienta más importante de lo que es, para cumplir todos con el ya
histórico lema del general Perón: "Uno para todos y todos para uno".
Vuelvo nuevamente al tema. A los otros, a los que no se
encontraban del lado de la oligarquía –como Sarmiento- lo entusiasmaron
con el progreso técnico. Así fue poco a poco cayendo el país en manos de
capitalismo internacional, con la complicidad de la oligarquía gobernante y de
los que, con motivo del progreso técnico, entregaron todo sin control.
Ya pueden ustedes ver claramente cómo el capitalismo conquistó al
país y entender por qué cualquiera que quisiese gobernar libremente a la Nación
debía romper el poder capitalista. Eso es lo que hizo Perón en sus tres formas:
capitalismo interno, supercapitalismo y oligarquía
que los servía en el gobierno del país. Son tres sistemas muy poderosos, con
los que tuvo que luchar el general Perón y que todos conocemos. Poco a poco los
capitalistas extranjeros vieron que era mayor negocio hacer algunas cosas aquí
que hacerlas en Europa o en Estados Unidos, y los ricos de aquí aprendieron
también ellos a ganar más dinero explotando a los obreros. Así se fue creando
poco a poco el problema social, político y económico del capitalismo argentino.
Tenemos, entonces: un supracapitalismo
que sacaba la riqueza argentina hacia el extranjero, un capitalismo interno que
explotaba a los trabajadores directamente y una oligarquía que respetaba y
ayudaba la acción de los capitalistas en nombre de la libertad. Pero una era la
libertad de los ricos patrones y otra la libertad de los obreros: la de los
patrones, la de enriquecerse, y la de los obreros, la de morirse de hambre.
¡Creo que hay una pequeña diferencia!
La oligarquía en el gobierno servía los intereses de los ricos y
nunca la del pueblo. Cuando alguien en el gobierno hacía una cosa rara, no muy
capitalista, contra ése se lanzaba un instrumento poderoso creado por los supracapitalistas, que lo llamaron –y siguen
llamando- "el cuarto poder", y que todos conocemos. El capitalismo
aseguró bien sus planes, pero no contó, tal vez, conque el hombre no podía ser
explotado siempre. Un buen día se agruparon los obreros en sindicatos, y aunque
fueron perseguidos, no fueron destruidos. El hambre y el dolor de sus hijos los
unió para siempre. Poco a poco la reacción fue creciendo y empezó a hablarse en
el mundo de la doctrina comunista. El capitalismo, sin embargo, se encerró en
sus posiciones, porque es egoísta, frío y calculador, y de tan calculador el
diablo perdió. En este momento lo estamos viendo claro en el mundo. Perón ha
dicho muchas veces: por querer salvarlo todo, van a perder hasta la cabeza.
Pero no quieren saber nada.
Ante el peligro comunista, y antes que el pueblo lo aceptase como
solución desesperada, Perón tomó en sus manos la tarea inmensa de hacer en la
Argentina una cosa nueva, porque Perón es de los hombres a quienes les gusta
andar por los caminos nuevos, a diferencia de otros a quienes les gusta siempre
caminar sobre las cosas hechas. El grupo grande se conforma con un éxito,
mientras que el grupo pequeño no se conforma sino con la gloria.
Perón respira y aspira el aire del siglo que ha de cantar sus
glorias y vive casi en la eternidad. De esos hombres es el general Perón. El
empezó a hablar de sustituir la lucha por la cooperación y los obreros lo
siguen. Son más generosos y pueden comprender más porque no tienen el alma
cerrada por la avaricia, mientras los capitalistas lo niegan y lo acusan de
demagogo. Perón, entonces, crea en e país el gran instrumento que da la
solución: la justicia social. La justicia social empieza a destruir al
capitalismo. El capitalismo sólo tiene por finalidad aumentar el capital:
dinero, dinero y más dinero. La justicia social exige que ese dinero sea
distribuido, como decía el entonces Coronel, equitativamente; que gane el
capital, pero que el capital sea útil al hombre, al obrero y a la familia.
El capitalismo tiene su propio fin en el dinero. El justicialismo
de Perón tiene su fin en el hombre. Ahí está la gran diferencia. En la
Argentina justicialista podrá haber capital, pero no capitalismo.
Podrá haber fábricas e industrias, pero no explotación de los
trabajadores. Es decir, nosotros no estamos contra el capital constructivo,
nacional, siempre que éste también sea humanizado. El justicialismo es tan
distinto del capitalismo, que tal vez yo no lo sepa explicar en términos
técnicos; tal vez lo haría mejor, en ese sentido, el doctor Gómez Morales. Pero
ésa es una verdad tan grande, que los que ahora atacan a Perón no son los
anticapitalistas sino los mismos capitalistas.
Pero no les tememos. "Ladran, Sancho –decía Don Quijote-, señal que cabalgamos". Ellos van a tener un despertar muy violento. Nosotros, felizmente, gracias a Perón, ya hemos despertado, y estamos de pie junto al pueblo. Cuando pase esta hora de incertidumbre, el mundo entero verá que Perón tenía razón; haremos que se salve del comunismo, salvándolo a la vez de capitalismo. Ya hoy los obreros del mundo ven en el general Perón una luz, y nosotros, los argentinos y los humildes, ya hemos abrazado al General para hoy, para mañana y para siempre.
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