9 de junio de 1956
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PROCLAMA DEL MOVIMIENTO DE RECUPERACIÓN
NACIONAL
Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor
angustioso de su pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han
decidido a tomar las armas para restablecer en nuestra patria el imperio de la
libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes.
Como responsables de este Movimiento de Recuperación Nacional, integrado por las
Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del pueblo —del que provienen y al que
sirven— declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de
restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones
democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido
llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la
violencia en el poder.
Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que
nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento
de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más
inevitable e inminente.
Deploramos que precisamente desde el gobierno se haya cerrado sistemáticamente
toda posibilidad de pacificar la República y alcanzar la armonía entre los
argentinos, en contraposición con el sentido de responsabilidad, la tolerancia y
la paciencia patriótica del pueblo.
La Nación entera, y con ella la tranquilidad, el bienestar y la dignidad de los
argentinos han caído en manos de hombres y de fuerzas que aceleradamente
retrotraen a la patria a épocas de sometimiento, de humillación y de vergüenza.
Su acción nefasta ha desquiciado y lesionado profundamente el orden político,
económico y social de la República.
Este Movimiento de Recuperación Nacional, se lanza a la acción revolucionaria
con objetivos claros y un programa concreto para restablecer la soberanía y la
justicia social y devolver al pueblo el pleno goce de su libertad y sus
derechos.
Declara objetivos fundamentales de su acción:
En lo político
Han violado y desconocido el imperio de la Constitución y de las leyes,
sustituyéndolo por un llamado “derecho de la Revolución”, que no es otra cosa
que el entronizamiento de la arbitrariedad, sin más normas ni vallas que la
omnímoda voluntad de los que detentan el poder.
Se han avasallado así las garantías y derechos individuales, sustituyéndose a
instituciones y personas de la jurisdicción de sus jueces naturales,
sometiéndolos a tribunales y comisiones especiales expresamente prohibidas por
la Constitución.
Se ha perseguido, encarcelado y confinado en verdaderos campos de concentración
a miles de argentinos no sometidos a proceso y privados del derecho a la
defensa, por razones ideológicas o políticas.
Por idénticas razones se ha privado a miles de argentinos de derechos
esenciales, como el acceso a los empleos públicos y la participación activa en
la vida cívica de la Nación, sin que tan graves penas provengan de la decisión
de la justicia y ni siquiera del juzgamiento de la conducta de los inculpados.
Como consecuencia de esta arbitrariedad discriminatoria, que divide a los
argentinos en réprobos y elegidos, se ha privado de sus empleos a miles de
ciudadanos, sin tenerse en cuenta ni su antigüedad, ni su idoneidad, ni su
conducta.
Se ha excluido de la vida cívica del país a la fuerza mayoritaria con el
pretexto de inmoralidades y desviaciones en la conducta de algunos sus
dirigentes; verdadera aberración jurídica y moral que podría llevar a la
exclusión de todos los partidos, desde que todos padecen o padecieron en algún
momento de males similares.
Se ha fomentado y organizado desde el gobierno la delación y el espionaje contra
personas e instituciones, inclusive contra las Fuerzas Armadas.
Se ha impedido la libertad de prensa, uniformada al servicio del gobierno,
interviniendo y entregando arbitrariamente los diarios y revistas a sectores
políticos minoritarios adictos al mismo, clausurando los desafectos e
impidiéndose la aparición de nuevos órganos de opinión independiente.
Todo ello unido a la monstruosidad totalitaria de un decreto-ley que bajo penas
gravísimas prohíbe a los ciudadanos hasta el uso o empleo individual de
palabras, fechas, símbolos, fotografías, nombres y expresiones que se
proscriben, configuran los hechos más salientes de un plan siniestro, destinado
a ahogar la libre expresión de la ciudadanía, y entronizar en el poder a
minorías antinacionales que en su hora enajenaron el patrimonio del país y
traficaron con el hambre y el dolor de los trabajadores argentinos.
Este desborde de la arbitrariedad ha culminado con la abolición de la
Constitución Nacional vigente, sancionada por una Convención Reformadora
libremente elegida por el pueblo, con la participación de los mismos sectores
políticos que apoyan a la tiranía, Constitución que juraron acatar y defender
los mismos que hoy la vulneran y suprimen a espaldas del Pueblo y al margen de
su libre voluntad soberana, con el evidente propósito inconfesable de abolir
disposiciones como las del artículo 40, que impiden la entrega al capitalismo
internacional de los servicios públicos y las riquezas naturales del país,
juntamente con otras también fundamentales como las que sancionan los derechos
del trabajador y las que estatuyen la función social de la economía y la
riqueza.
Por un acto arbitrario y despótico se reimplanta una Carta Fundamental ya
superada por la realidad política, económica y social de la República, al amparo
de cuya imprevisión y laxitud fue posible en otras épocas la entrega del país a
las fuerzas internacionales del capitalismo y el sometimiento, el hambre y la
humillación de nuestro pueblo.
Y para hacer más evidente la burla a la ciudadanía y la prepotencia de la
arbitrariedad, ni siquiera se la reimplanta en todo su vigor como norma de
convivencia o valla del poder, sino “en tanto y en cuanto no se oponga a los
fines de la Revolución”, vale decir, en cuanto no se oponga a la voluntad
omnímoda e Incontrolada del gobierno. Jamás, en toda la historia, gobierno
alguno ha tenido el descaro de hacer semejante profesión de tiranía y
despotismo.
En lo económico
Se han tomado medidas tendientes a quebrantar la industria nacional, depreciar
la moneda, crear el desaliento en la inversión de capitales útiles, elevar los
precios acentuando el desequilibrio entre éstos y los salarios, provocar
sectores importantes de desocupación, que llevarán por hambre a los obreros a
someterse a la voluntad del capitalismo.
Todo ello unido al desprestigio internacional de nuestra economía por el propio
gobierno, a la acelerada contratación de empréstitos extranjeros y a la adopción
de determinados compromisos anteriores, constituyen etapas de un plan destinado
a retrotraer al país al más crudo coloniaje, mediante la entrega al capitalismo
internacional de los resortes fundamentales de su economía.
En lo social
Se han desconocido legítimas conquistas de los trabajadores, se ha destruido la
organización sindical —base indispensable de la paz social y del progreso del
país—, mediante la intervención a la Central Obrera y a todos los sindicatos.
Se ha perseguido, encarcelado y confinado a miles de trabajadores, y se los ha
privado arbitrariamente del derecho elemental de intervenir activamente en la
vida de las organizaciones a que pertenecen.
En síntesis, desde el propio gobierno se ha realizado una acción sistemática
tendiente a destruir la organización sindical y anarquizar a los trabajadores,
acción que persigue la finalidad inconfesable de debilitar el frente social para
posibilitar el camino del sometimiento del pueblo, y con él, del sometimiento de
toda la Nación.
En las Fuerzas Armadas
Se ha tratado en toda forma de minar su unidad y su armonía y se han desquiciado
sus cuadros con la baja o retiro obligatorio de centenares de jefes, oficiales y
suboficiales que honraban a la institución por sus virtudes morales y su
capacidad profesional.
Al mismo tiempo se ha obligado a muchos oficiales al desempeño de funciones
civiles incompatibles con su estado militar, creándose hacia la institución un
lógico resentimiento y desconfianza del pueblo, difícil de superar, y que es la
semilla más criminal que podía haberse sembrado para dividir y anarquizar a la
Nación.
Esto es, en lo fundamental, el panorama trágico de las horas difíciles que vive
la República. La proliferación de conflictos sindicales, los actos diarios de
sabotaje en todo el territorio del país y el continuo descubrimiento en toda la
República de planes subversivos o actos de insurrección, denunciados por el
propio gobierno, no son (como él pretende, para encubrir su responsabilidad y
engañar a la opinión) fruto de la acción aislada de personas perturbadoras, sino
síntoma del clima de opresión y subversión en que vive la República y expresión
evidente del espíritu indomable y de la decisión del pueblo de reconquistar su
libertad.
Tan grave estado de cosas impulsa nuestra determinación y nos decide a recoger
el clamor unánime del pueblo, antes de que la República desemboque en una lucha
fratricida que terminará por destrozarla.
El programa del Movimiento de Recuperación Nacional
I - En lo político
·Restablecer el Estado de derecho mediante la vigencia plena de la Constitución
Nacional y el imperio de la justicia en un ambiente de real libertad y pura
democracia.
·Consolidar la soberanía popular mediante la realización de elecciones generales
en todo el país en un plazo no mayor de 180 días, con plenas garantías para
todos los partidos políticos en el proceso electoral y preelectoral, incluida la
utilización con iguales derechos de todos los medios de expresión y difusión.
·Prescindencia absoluta del gobierno en materia electoral y fiscalización de los
comicios por las Fuerzas Armadas.
·Libertad efectiva y absoluta de prensa para todos los sectores de la opinión.
·Amnistía general y derogación de todos los decretos y medidas discriminatorias
dictados por razones ideológicas o políticas.
·Libertad de todos los presos políticos y sometimiento a la justicia competente
de los que hubiesen cometido delitos comunes.
·Reincorporación de los empleados y obreros eliminados arbitrariamente por
razones ideológicas o políticas.
·Levantamiento de las interdicciones a personas y empresas e intervención de la
justicia en los casos de violación de las leyes en vigor.
·Rehabilitación de los partidos políticos privados de personería v plena
libertad para la formación de nuevas fuerzas, dentro de las normas establecidas
por la legislación vigente.
II - En lo económico
·Revisión de las medidas de carácter económico y financiero que pudieran
lesionar los intereses nacionales.
·Revisión de las medidas económicas y financieras que afectan seriamente el
desarrollo de las actividades productivas.
·Restablecimiento de la plena ocupación y adopción de medidas para contener el
alza del costo de la vida.
III - En lo social
·Devolución del gobierno de los sindicatos a los trabajadores y elección por los
mismos de las autoridades de la Central Obrera en un plazo de 45 días.
·Libertad inmediata a todos los dirigentes y obreros detenidos por razones
políticas o gremiales.
·Renovación de los convenios de trabajo, de común acuerdo entre los trabajadores
y empresarios, mediante los procedimientos determinados por la legislación
vigente al 20 de setiembre de 1955.
·Derogación de los decretos y medidas discriminatorias que impiden a miles de
obreros su participación en la vida de los organismos gremiales.
IV - En las Fuerzas Armadas
·Reestructuración de las mismas con vistas a las necesidades de la defensa
nacional.
·Reincorporación de jefes, oficiales y suboficiales que poseyendo valores
profesionales y morales hayan sido dados de baja o retirados por razones
políticas o ideológicas.
·Mantenimiento de los actuales cuadros con la única excepción que determinen los
tribunales y organismos competentes que establece la ley.
V - En el orden internacional
·Respeto y cumplimiento de todos los convenios, pactos y compromiso
internacionales concertados por el país dentro de las normas constitucionales y
legales.
·Suspensión de la ejecución de aquellos compromisos contraídos en violación de
tales normas, a fin de que oportunamente sean considerados por las autoridades
legalmente constituidas por los órganos y procedimientos que estatuye la
Constitución Nacional.
Sosteniendo tales principios y comprometiendo ante el pueblo
de la República el fiel y estricto cumplimiento de los objetivos señalados, el
Movimiento de Recuperación Nacional toma las armas, en defensa de la patria,
decidido a pacificar la nación por el camino de la verdadera libertad, en el
respeto de la Constitución y la Ley.
No hacemos cuestión de banderías porque luchamos por la patria que es de
todos. No nos mueve el interés de ningún hombre ni de ningún partido.
Por ello, sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones
entre hermanos, llamamos a la lucha a todos los argentinos que con limpieza de
conducta y pureza de intenciones, por encima de las diferencias circunstanciales
de grupos o partidos, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer y
defender un argentino: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria, en
una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
¡Viva la patria!
Buenos Aires, 9 de junio de 1956
Nómina de fusilados por la "libertadora":
MILITARES:
General. Juan José Valle
Coronel Santiago Ibazeta
Coronel José A. Irigoyen
Coronel Eduardo Cortinez
Coronel Oscar Cogorno
Capitán Miguel Costalez
Capitán Néstor Cano
Capitán Luis Caro
Teniente Primero Néstor Videla
Teniente Primero Jorge Noriega
Sub Teniente Juan Abadie
Sub. Oficial Ppal Ernesto Gareca
Sub. Oficial Ppal Miguel Paolini
Sgto. Luis Pugnetti
S.gto. Luciano Rojas
S.gto. Hugo Quiroga
S.gto. Isauro Costa
Cabo José Miguel
CIVILES:
Braulio Ross
Ramón Videla
Carlos Irigoyen
Rolando Zaneta
Clemente Ross
Osvaldo Albedro
Carlos Lizaso
Nicolás Carranza
Francisco Gariboto
Mario Brion
Vicente Rodríguez
Miguel Ángel Mauriño
Aldo Emir Jofré
Dante Hipólito Lugo
Román Salas
Correspondencia de Juan José Valle poco antes de su fusilamiento
Carta a su esposa:
Querida mía:
Con más sangre se ahogan los gritos de libertad. He sacrificado toda mi vida
para el país y el ejército, y hoy la cierran con una alevosa injusticia.
Sé serena y fuerte. Dios te ayudará y yo desde el más allá seguiré velando por
ustedes. No te avergüences nunca de la muerte de tu esposo, pues la causa por la
que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria.
Cuida mucha a Susanita, y que después de este amargo trance encuentren
resignación y mucha felicidad. Tenemos muy buenos amigos; confía en ellos, yo
les he pedido que te ayuden.
Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho
muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido
inspirar siempre. Despídeme de todos: de tu mamá que tan buena ha sido conmigo.
Te deseo mucha resignación. Sé fuerte y continúa la vida con mi recuerdo y con
la frente alta, pues de nada debemos avergonzarnos.
Hoy se difama la honra y el honor; pero yo he procedido siempre con integridad.
Solo pienso, que no terminamos nuestra obra en común: la felicidad de nuestra
querida hija. A ti te queda el hacerlo. Sé fuerte para ello. Y por eso debes
hacer frente a la vida con entereza y mucha confianza en tus fuerzas, que las sé
muchas.
No me dan tiempo ni siquiera a despedirme de ti con un gran beso. Aquí te lo
envío. Pongo en él mi corazón, que ha sido siempre de mi mujercita querida. En
los últimos momentos no quiero tener amargura con los hombres que se olvidan de
todo lo que es humano.
Mi viejita, perdóname este final de nuestra vida. Pido a Dios que te reconforte
pronto para seguir luchando por nuestra hija y por vos misma. Un tropel de
emocionadas palabras son las de mi despedida definitiva. Que Dios te proteja y
en la resignación encuentres alivio a esta tortura. Besos y besos de tu Juanjo.
Adiós mi amor.
Juan José
Carta al presidente de facto Pedro E. Aramburu
Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme
asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos.
Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son
los únicos responsables de lo acaecido.
Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y
sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la
treta.
Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las
ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el
movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos
en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes,
escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas,
vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones,
desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez
más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a
través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del
pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus
almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror
que les causan. Aunque vivan cien años sus victimas les seguirán a cualquier
rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus
hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni
natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran
triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación
incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de
nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas
en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las
Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos
un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien
atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos
alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 de los
argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías
constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún
hombre ni de ningún partido.
Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus
más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria.
Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje
de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y
un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo
el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de
clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del
propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han
logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras
la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país
alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis
asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde,
por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero
que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que
quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado
por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata
de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre. Ruego a
Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria."
Juan José Valle
Buenos Aires, 12 de junio de 1956.-
Carta a su pequeña hija
Mi querida Susanita:
Sé fuerte. Te debes a tu madre. Se muy compañera de ella y ayúdala a pasar este
triste momento. No te avergüences de tu padre, muere por una causa justa; algún
día te enorgullecerás de ello.
Te deseo muchas felicidades en tu vida; y algún día a tus hijos cuéntale del
abuelo que no vieron y que supo defender una noble causa. No muero como un
cualquiera; muero como un hombre de honor.
Ni siquiera puedo darte el beso de despedida; hasta eso los hombres me han
negado. Pero desde el fondo de mi corazón te mando toda la ternura y el
idolatrado cariño que te tengo, hija querida. Desde el mas allá velare por ti en
los momentos difíciles de tu vida, que deseo sean pocos, recurre a mi que estaré
como siempre para defenderte.
Te pido nuevamente que veles por tu mamita. Se su mejor compañera y que sea
también tu mejor segura consejera. Mi chiquita, tene valor y da el ejemplo de
entereza que honra nuestra sangre. Nuestro honor no ha sido manchado jamás y con
orgullo puedes ostentar nuestro nombre. Mi linda pequeña, trabaja con fe en la
vida y en tus fuerzas.
Solo traiciones y venganzas me llevan a este fin, pero no quiero dejarte ninguna
amargura y Dios será misericordioso y velará siempre por ustedes.
Cuida mucho a mamita. Ella es muy buena y debe estar a tu lado por mucho tiempo
más, para que con la resignación recobren la felicidad que hoy se pierde.
Susanita, te quiero y siempre cuidare de ti. En estos papeles están todos mis
besos que hubiera deseado darte. Mi linda, coraje y a luchar con la frente alta
en la vida. Que Fofy sea bueno contigo, eso es lo que a él le pido.
Adiós, querida, besos y muchos cariños de tu papito que siempre te ha adorado.
Papito.
LA OPINIÓN DE PERÓN EN EL EXILIO
“Lo del 9 de junio era
previsible. Hasta mí llegaron dos compañeros, Morales y Lagomarsino, los que me
informaron sobre las intenciones de los generales Valle y Tanco. Ya, en mi poder
contaba con información que por diversos canales me hicieron llegar, algunas de
estricto carácter confidencial, y algunas tendenciosas que señalaban que más que
para favorecer mí regreso o implantar un gobierno peronista ortodoxo, la
intención era hacer una especie de continuismo peronista-lonardista. El fracaso
estaba signado de antemano, dado que dentro de las filas de esos valientes
compañeros y camaradas, se habían infiltrado individuos que simulando peronismo,
eran los gusanos de intriga y desconfianza, aparte de asquerosos delatores,
quiénes realizaban tareas de acción psicológica para crear temores y facilitar,
tal como sostuve, la criminal represión y asesinato de patriotas. Nada pude
hacer, ya que la tozudez de unos, junto a las desmedidas ambiciones de otros, se
sumaban al ansia de sangre de quiénes impusieron la hora triste y dolorosa que
sufre el Pueblo argentino.” (Comentario del general Perón en su exilio a Ramón
Landajo sobre los hechos de junio de 1956 en la República Argentina)
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