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REPÚBLICA DOMINICANA
SUS POBLADORES
PRECOLOMBINOS
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CULTURA
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Los taínos son el grupo más importante que se desprende de la rama
arawaca. Su importancia es triple: constituyeron el grupo mayoritario,
eran culturalmente más avanzados y eliminaron los remanentes ciboneyes,
además de absorber a los igneris. Por consiguiente, fueron el gran pueblo
primitivo de Las Antillas Mayores, aunque su cultura correspondía a la de
una sociedad inferior si se le compara con las grandes sociedades
amerindias que formaron los incas del Perú, los mayas de Guatemala y los
aztecas de México. Se señala que la cultura taína muestra alguna
influencia de los indios de Yucatán. Las evidencias que establecen dicha
vinculación son el empleo de la piedra para fines religiosos, y las
manifestaciones como el juego de pelota y el uso de insignias por parte
de los caciques.
El calificativo
taíno significa "hombre bueno", "agrícola".
El primer europeo que habló de ellos fue Cristóbal Colón. En su
diario señala que el taíno no era monstruo, que usaba canoa con remos y
que no conocía ni hierro ni acero. En mensaje a los Reyes Católicos
ofrece la siguiente descripción: "Certifico a vuestras Altezas
que en el mundo creo que no hay mejor gente, ni mejor tierra: ellos aman
a sus prójimos como a sí mismos, tienen un habla la más dulce del mundo y
mansa, y siempre con risa; ellos andan desnudos, hombres y mujeres,
como sus madres los parieron; mas crean Vuestras Altezas que
entre sí tienen costumbres muy buenas...".
Según el Almirante y otros cronistas de Indias, el aborigen era hermoso,
color cobrizo o trigueño. A juicio de los cronistas ese color racial lo
había adquirido el indio al andar sin ropa y debido a lo abrasador
del sol. En cuanto al tipo, señalaban que era fornido, de pelo
largo, que las mujeres peinaban en trenzas. Como muchos arawacos
practicaban la deformación craneal, señala Oviedo: "Son bien hechos
e proporcionados, salvo que tienen las frentes anchas( ... ) Esta
manera de frentes se hace artificialmente: porque al tiempo
que nacen los niños, les aprietan las cabezas...".
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El taíno
usaba pendientes colgantes en forma de placa, tanto para la nariz como
para las orejas. Además usaban brazaletes y tobilleras. Parece ser que
el oro tuvo relación con el concepto de rango, pues un pendiente de oro
colgando de la nariz era símbolo de jerarquía social. En su
desenvolvimiento diario, el taíno era dado al baño frecuente, ya que el
agua tenía para él un sentido de purificación.
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Esta
purificación era doble, pues consideraba que el baño no sólo limpiaba
el cuerpo, sino también las impurezas espirituales.
El comportamiento taíno era el de un pueblo pacífico. Las pugnas
entre ellos no eran frecuentes, salvo frente a los caribes que como
tribu belicosa los hostigaban. Los menos pacíficos de los taínos de
Quisqueya (actual isla de Santo Domingo) eran aquellos que estaban
geográficamente cercanos a las islas de los caribes y que tenían que
enfrentarlos con cierta frecuencia. Entre estos taínos se contaban los
del cacicazgo de Higüey, y los de la zona de Samaná, llamados ciguayos
o macorijes, quienes según parece se fusionaron con los caribes en un
corto proceso. Los indios de las zonas señaladas aprendieron los
recursos del combate primitivo y en consecuencia fueron más agresivos
que los restantes taínos de la isla.
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ECONOMÍA
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Asentados o
sedentarizados en el territorio que llamaron indistintamente Quisqueya o
Haití, los taínos hicieron de la agricultura la base fundamental de su
economía, al situarla por encima de la caza y de la pesca, como de la
recolección silvestre que siguieron practicando. De los cultivos
agrícolas, la yuca constituía el producto más importante por ser la base
alimenticia de donde obtenían el cazabí, cazabe o "pan de las
indias", cuya técnica de elaboración no fue superada por quienes
más tarde les conquistaron. Después de la yuca, otro cultivo importante
era el maíz, seguido de otros vegetales menores como la batata, el ñame,
la yautía, el lerén y el ají. Muchos de estos cultivos los trajeron los
taínos como emigrantes suramericanos, como los implementos y recursos
agrícolas: como también el uso del riego y la fertilización a través de
la orina.
La economía
secundaria apoyada en la caza y la pesca originaba una dieta reducida. La
jutía y el manatí eran animales preferenciales, y se señala que comían
culebras, gusanos y murciélagos. Como complemento, los taínos fabricaban
tipos de bebida que obtenían mediante la fermentación del jugo del maíz y
de la yuca amarga. El jugo de la yuca amarga era sometido a un proceso a
través del cual eliminaban la porción venenosa que contiene.
Los taínos
desarrollaron relaciones de igualdad a través de la agricultura. La
propiedad era colectiva, así como el trabajo y la producción eran
comunitarios, aunque existía una especialización de las tareas que
originó una división del trabajo. El hombre se dedicaba especialmente al
cultivo, a la caza, a la pesca y a la construcción de viviendas y de
canoas. En cambio a la mujer la correspondía la producción del cazabe, la
fabricación de cerámicas y las labores de cestería, además de ocuparse de
las labores domésticas; se ha señalado que las mujeres taínas trabajaban
más que los hombres.
Aparte de la labor de hombres y mujeres, los niños realizaban una función
específica relacionada con la agricultura, aunque se supone que ayudaban
a los mayores en sus respectivas labores. La tarea de los niños era la de
espantar los pájaros que ponían en peligro las siembras de los conucos.
Por lo regular permanecían sentados en partes protegidas por los árboles,
desde donde producían gritos y alaridos con cierta continuidad.
El auge
agrícola permitió dos cosas. La primera fue que los taínos contaron con
un excedente que permitió operaciones comerciales apoyadas en el trueque.
Este comercio de excedente incluyó la producción alfarera. Lo segundo que
produjo el régimen de la tierra fue seguramente el aumento de la población
simultáneo a la estratificación que definió a los taínos.
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CULTURA
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La cultura taína es la que corresponde a un pueblo natural y agrícola.
Por consiguiente, los caracteres que ofrece son propios de una sociedad
en situación neolítica, es decir, que su arte responde a formas e
intenciones religiosas de la vida cotidiana y natural; sus creencias
asumen los matices de un pueblo animista y politeísta de condición
naturalista; sus rituales mezclan aspectos históricos de hazañas que se
vinculan también a las ideas religiosas; y, por último, sus
manifestaciones populares de costumbre y entretenimiento responden al
carácter de una sociedad colectiva.
La
condición agrícola del pueblo taíno se complementa con la producción
cultural de la cerámica y otros implementos afines como la cestería,
cuerdas, tejidos y objetos de piedra, hueso y madera. Pero las piezas de
cerámica son la expresión por excelencia, no sólo por los procesos de su
elaboración y su profusión, sino especialmente por la utilidad práctica y
cotidiana de objetos tales como platos, tinajas, cucharas, potizas, ollas
y otros tipos de vasijas. Después de la cerámica, las hamacas, canastas,
sogas y redes para pescar son pruebas del laborismo taíno en función de
tener los objetos indispensables para su desenvolvimiento.
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A pesar
de que conocieron la textilería en la confección de faldillas para el
uso regular de las mujeres, el taíno trabajó con preferencia la piedra.
De este material obtuvo infinidad de objetos, el más valioso de los
cuales era el trigonolito (ídolo de piedra de tres puntas labradas con
gran precisión). De piedra fabricó también guayos, amuletos, hachas,
morteros y espátulas vómicas que también producía con huesos de manatí.
En piedra como en madera confeccionaba la pieza que constituye el duho,
asiento reservado para caciques y otros jerarcas.
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En casi toda la producción artesanal de los taínos se pone de
manifiesto un decorativismo sencillo a base de líneas y relieves
antropomorfos. A través de su evolución, desarrolló una pintura elemental
que sigue la concepción universal de toda sociedad primitiva. Por una
parte es realista y refiere las cosas de la naturaleza que le rodean;
pintaban todo aquello que consumían en su dieta porque consideraban que
la representación influía de forma mágica en la recolección de frutos o
la caza de animales. En esas pinturas incluyen figuras humanas que
parecen danzar, y donde el sexo está representado por los órganos
genitales masculino y femenino. Las figuras son planas y frontales, y
cuando se hacen zoomorfas se captan los perfiles casi siempre estáticos.
El otro tipo de pintura es geométrica, y por tanto, interpretativa de la
realidad. Realizada con líneas curvas y rectas, logró una estilización
abstracta. Es el tipo de pintura que más ejecuta el taíno. Los materiales
usados para la ejecución pictórica eran la bija o la tierra colorada para
obtener el rojo; el carbón vegetal, el hollín y la jagua para obtener el
negro; y la resina del níspero para obtener el blanco. Pero aún
existiendo estos colores la pintura es monocrónica. Las muestras de la
pintura taína - realista y abstracta - se localizan en numerosas cuevas
de la isla (Los Paredones, La Caleta, Las Guácaras), lo cual permite
pensar que tal localización obedece al carácter sagrado de las
representaciones.
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RELIGIÓN
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En términos religiosos, el taíno fue animista, politeísta, creyente de la
vida de ultratumba, totémico y fetichista. En su producción artesanal y
en el grafismo pictórico están presentes esas creencias. Respecto a la
creencia señala Fray Ramón Pané: "Cada uno de los indios
observaba particular modo y superstición en adorar los ídolos que tienen
en casa, que llaman cemínes. Creen que haya, como en el cielo, ente
inmortal, y que nadie puede verle y que tiene madre y no principio; a
éste llaman Jocabunagua Maorocon y a su madre Atubei, Jimao, Guacar,
Apito y Zuimaco, que son cinco nombres. Estos de que yo escribo son de la
isla Española, porque de las otras islas no sé cosa alguna por no
haberlas visto jamás. Saben asimismo de qué parte vinieron y de dónde tuvo
origen el sol y la luna, y cómo se hizo el mar, y dónde van los difuntos.
Creen que los muertos se les aparecen cuando va uno solo, pero no cuando
muchos juntos; todo esto les han hecho creer sus pasados, porque ellos no
saben leer, ni contar sino hasta diez".
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Los
sacerdotes llamados behiques tenían mucha influencia sobre la población
en general, ya que ellos tenían un doble poder; como intermediarios
entre los dioses y los hombres, y como médicos o curanderos. Sin
embargo, la religión en sí estaba en poder de los hombres,
correspondiéndole al cacique el ser jefe, guerrero y religioso al mismo
tiempo. Una de las creencias más generalizadas era el cemitismo,
representado por ídolos o cemíes, considerados como dioses tutelares.
Cada cacique o jefe tribal tenía un cemí particular, aparte de que
existían cemíes que eran aceptados como bienhechores por los diversos
grupos clánicos. Estos ídolos estaban representados en diferentes
formas y fabricados con diversos materiales: piedra, barro, madera,
hueso, concha y hasta de algodón. Los cemíes más aceptados eran los
trigonolitos.
En cuanto al animismo, el taíno creía que los espíritus de los muertos
podían tener sus moradas en los árboles. Creía percibir la presencia de
éstos cuando se producían movimientos de las ramas o ramificaciones
especiales de las raíces. Cuando ello ocurría, el behique o sacerdote
buscaba interpretar los deseos que los muertos querían manifestar,
según la creencia. Por otra parte, una práctica ritual muy importante
lo era la de la cohoba, a través de la cual se buscaba obtener los
mensajes cemíticos.
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Para ello
se apoyaban en la inhalación de polvos alucinógenos, y bajo esos
efectos el behique recibía las palabras de los cemíes.
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Una ceremonia ritual de suma importancia para el taíno lo constituía
el areito, que era una expresión musical de cantos y danzas,
complementada con recitaciones de hechos y hazañas ocurridas en tiempos
antepasados. El areito se considera el signo más avanzado dentro de todas
las expresiones culturales del pueblo taíno. Por lo regular lo practicaban
en plazas ceremoniales que los españoles llamaron "corrales"
y era dirigido por una persona principal. El areito servía para
expresar la unidad tribal y educar a los jóvenes y niños en las
tradiciones familiares y de la sociedad. Tenían significados muy
variados, por lo cual un areito podía ser amoroso, doliente, de guerra,
plañidero y de carácter místicoreligioso. En otras palabras, los areitos
solemnizaban ritos, aniversarios, celebraciones de bodas, ascensión de
caciques, las cosechas y las victorias guerreras. Cantos bailados y
fraseados coralmente iban acompañados por instrumentos musicales
fabricados de madera fuerte y hueca. El instrumento principal era una
especie de atabal, pero también tenían flautas y otros parecidos a la
trompeta. En algunas ocasiones los participantes bebían brebajes que los
embriagaban y terminaban tumbándose al suelo de la borrachera.
En lo relativo a la muerte, no existía una unidad ritual, por lo cual las
ceremonias funerarias respondían a diferentes formas. Lo único que
unificaba los ritos y ceremonias de enterramiento era la creencia en un
mundo supraterrenal o de ultratumba, por lo que los muertos eran
enterrados con sus pertenencias esenciales para que en el más allá
reconciliaran la vida personal con la vida material. Aunque había
diversos tipos de enterramientos, el más sobresaliente era el del
cacique, al cual acompañaban algunas de sus mujeres, que eran enterradas
vivas y a la fuerza.
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HERENCIA
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A pesar de
que el taíno perteneció a una sociedad de cultura natural, y a pesar de
que radicalmente fue sustituida por la sociedad y cultura
hispánica, no constituye ningún riesgo afirmar que dejó su legado o
herencia a lo que es hoy la Sociedad Dominicana. Ese legado
es mínimo y valioso, y no tiene que ver con las opiniones que perciben en
la personalidad dominicana el "mal del indio", es decir,
el prejuicio racial que se tuvo del taíno como hombre pasivo, vago,
supersticioso, contemplativo y acogedor de lo foráneo a la manera de
Guacanagaríx. Todos estos factores de prejuicio han tendido a crear un
complejo y pesimismo insostenible y poco riguroso en la
valoración. Por otra parte, todo lo que se pueda saber acerca de los
taínos es producto de las informaciones y descubrimientos arqueológicos
revalorizados en los últimos años, y que constituyen la principal
herencia taína para los dominicanos. Las expresiones artesanales taínas
recogidas en dichas excavaciones se exhiben hoy tanto en colecciones
públicas como particulares. Son herecia taína, además, los productos agrícolas
que tienen que ver con la producción (tabaco, maíz, yuca, batata,
ñame ... ); con la alimentación (cazabe, palmito, guanimo);
condimentación (ajíes, bija ... ); bebidas refrescantes (guarapo) y
medios medicinales (plantas de anamú, tua-túa, etc.); los implementos
artesanales, cuyas técnicas de elaboración, cuando no poseen rasgos
aborígenes (potiza, olla, cazuela, tinaja ... ), responden al traspaso
directo de los modos taínos (burén, batea, macuto... ); los materiales de
viviendas: barbacoa, yagua, canoa, hamaca... ; y las denominaciones y
usos lingüísticos: bohío, bejuco, cacata, chinchilín, nigua, maye, cocuyo,
higüey, maguana, . hatuey, y otras.
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