Martinez, septiembre 13 de 2001
SEÑOR DIRECTOR
DEL DIARIO LA NACIÓN
DOCTOR D. BARTOLOMÉ MITRE
PRESENTE
De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a usted, a fin de solicitarle quiera tener a bien, disponer la publicación, en la Sección "Carta de lectores", de mi siguiente opinión:
El 11 de septiembre próximo pasado, el mundo fue sacudido, por el mayor atentado terrorista que registra la historia, miles de víctimas inocentes, de todas las nacionalidades, de todas las condiciones sociales y de distintas confesiones religiosas, fueron inmoladas en New York y en Washington, Estados Unidos de Norteamérica.
Como todo acto terrorista, no pudo ser previsto, el Presidente Bush, en su discurso, dijo que deberán ser "pulverizados" los ideólogos y cómplices de este sangriento hecho y tiene toda la razón, nunca terminará el terrorismo hasta que sea eliminado hasta el último de estos asesinos, mientras quede uno solo, el peligro acecha.
Este horrible acontecimiento, nos trae a la memoria, a los argentinos, cuando fuimos víctimas del terrorismo; con la diferencia, que el mundo, en esa terrible circunstancia, no nos comprendió, solo se recibieron duras críticas al término "aniquilar", que es prácticamente un sinónimo de pulverizar, utilizado en el Decreto que sancionó un gobierno constitucional, el de Isabel Perón, cuando ordenó a las fuerzas armadas y de seguridad, aniquilar a la subversión, que estaba asolando a la República Argentina.
Confío en que las organizaciones de Derechos Humanos, hayan reflexionado y entiendan, que los Estados Unidos deberán actuar con la misma energía que lo tuvo que hacer nuestro país en su momento, tal vez con algunos errores, por la falta de experiencia con esa actividad criminal que nos agredía, también confío en que el concierto de las naciones no sea tan dura con Estados Unidos como lo fue con Argentina, cuando nos acusaron de falta de capacidad de prever los atentados sufridos en la Embajada de Israel o en la AMIA.
Un acto terrorista es imprevisible, actúan desde las sombras, con una imaginación que supera cualquier análisis inteligente y además con el factor sorpresa, que impide neutralizarlo con anticipación, se lo conoce solamente cuando se produce y ya es tarde, el daño se hizo, el objetivo criminal se cumplió, de poco sirve detener o conocer a los autores materiales, si no se termina a la organización de manera total, es como combatir a las hormigas, hay que quemar el hormiguero, es la única manera de terminarlas.
Ruego a Dios, que el sacrificio de miles de seres humanos inocentes no quede impune, que el mundo reaccione, que las organizaciones de Derechos Humanos comprendan, que las víctimas son seres humanos y es a ellas a las que deben proteger y no a los victimarios como lo hacen habitualmente.
Sin otro particular, lo saludo con mi mayor consideración y especial afecto.
José Mármol