UN CRIMEN QUE NO CESA:
LA EXPERIMENTACIÓN CON ANIMALES
Por
Francesca Colombo
La
experimentación con animales en la investigación científica causa polémica
en Italia, no sólo porque cada año se sacrifica a miles de seres vivos, sino
también porque muchos la consideran inútil. Los defensores de los animales
demandan la prohibición de esos experimentos, pero muchos biólogos aseguran
que las pruebas se realizan con procedimientos que evitan sufrimiento
innecesario, y productores de fármacos alegan que sin ellas no se descubriría
la cura de muchas enfermedades.
Los
efectos biológicos de unas 30 mil sustancias químicas se estudian en ratas,
ratones, monos, conejos, cobayas o perros, de acuerdo con un informe de la
Liga Italiana contra la Vivisección de Animales (LAV son sus siglas en
italiano).
Ese
informe indica que en Italia se mata a 70 mil animales anualmente, y que 70
por ciento de ellos son ratas y ratones, por ser los más fáciles de manejar,
los que ocupan menos espacio en los laboratorios y los que más se reproducen,
con un número anual de crías que va de 50 a 100.
Los
autores del estudio destacan la crueldad e inutilidad de las pruebas de
toxicidad de medicamentos u otros productos, en las que se obliga a los
animales a ingerir o respirar barniz, pesticidas, desinfectantes y pegamentos,
entre otras sustancias, o se recubre con ellas su piel y ojos para verificar
si causan corrosión o irritación.
Así
se causa a los animales náuseas, diarrea, temblores, disturbios en el
comportamiento, convulsiones y hasta la muerte, por exposición a benceno,
amianto, metanol, gasolina o dioxinas. “Los animales pagan el precio de los
experimentos. Se los considera objetos, no sujetos de derechos. Sufren y
terminan con anemia, convulsiones o hemorragias internas. Al final, mueren o
los matan”, dijo a Tierramérica la responsable del sector Vivisección de
la LAV, Roberta Bartocci.
Pero
el director del Laboratorio de Biología del Desarrollo de la Universidad de
Pavia, Carlo Alberto Redi, opina que han aumentado la sensibilidad de los
investigadores y sus esfuerzos para evitar esos males, sobre todo en las jóvenes
generaciones. “Hoy hay más respeto por el mundo animal, aunque en algunas
situaciones es imprescindible usar seres vivos para probar medicamentos que
curen las enfermedades”, dijo a Tierramérica.
En
su laboratorio, Redi trabaja con unos tres mil ratones por año. Cada uno de
ellos registrado y con una historia clínica. El laboratorio es inspeccionado
con frecuencia y cada experimento debe ser autorizado por el Ministerio de
Salud, explicó.
Los
defensores de los animales alegan que la utilidad de muchos experimentos es
nula, porque las sustancias no causan el mismo efecto en todas las especies.
Por ejemplo, la aspirina provoca defectos congénitos en perros; la penicilina
mata a las cobayas; y el flúor es cancerígeno en ratas. A la inversa, muchos
animales no desarrollan enfermedades que aquejan a los humanos. La exposición
prolongada al benceno puede provocar leucemia en seres humanos, pero en
animales eso no ocurre.
El
amianto causa en humanos, además de enfermedades respiratorias crónicas y
graves, tumores malignos llamados mesoteliomas en pulmón y abdomen, pero los
animales deben estar expuestos a una concentración de cien a mil veces
superior para desarrollar ese tipo de cáncer del mesotelio (capa protectora
de la mayoría de los órganos internos).
Además,
la experimentación con animales ha traído consecuencias desastrosas para los
seres humanos, según los activistas. La Talidomida se vendió como sedante y
calmante de náuseas para embarazadas, tras ensayos con animales de los que se
dedujo que era segura, pero produjo más de 12 mil casos de malformaciones de
bebés.
Otros
ejemplos, dicen los defensores de los derechos animales, son los del Opreno,
usado contra la artritis, que mató a 61 personas y causó reacciones adversas
graves a otras tres mil 500, y el Clioquinol, antidiarreico que provocó 30
mil casos de parálisis, ceguera o muerte en Japón.
Pero
si estas experimentaciones no garantizan seguridad ni eficacia para los seres
humanos ¿por qué se hacen todos los días? Según los defensores de los
animales, la razón es comercial, y se relaciona en Italia, por ejemplo, con
la existencia de 16 empresas acreditadas ante el Ministerio de Salud para
realizar exámenes de toxicidad. Una de ellas es Italfarmaco, que trabaja para
las industrias química y farmacéutica, tiene filiales en cinco países, da
empleo a mil 400 personas y factura en promedio casi un millón de dólares
por día.
La
LAV pedirá al Parlamento Europeo la prohibición de esas pruebas, pero
algunos especialistas consideran innecesaria esa medida. Luciano Caprino,
profesor de farmacología de la Universidad de Roma Uno, dijo a Tierramérica
que “las leyes que regulan la experimentación con animales son precisas y
bien desarrolladas, y si alguien no las respeta, el trabajo científico no se
publica y las autoridades sanitarias no avalan el procedimiento”.
Actualmente
el Parlamento Europeo estudia un proyecto de Registro, Evaluación y
Autorización de Sustancias Químicas, elaborado en 2003 y más conocido por
sus siglas en inglés, REACH. La entrada en vigor de esa norma obligaría a
los productores e importadores de sustancias químicas a registrar en una base
de datos central información sobre su propiedad, modo de empleo y
procedimientos de uso seguro. El objetivo declarado de esa iniciativa es
proteger la salud y el ambiente, pero también la competitividad de la
industria química de la Unión Europea, que factura unos 607 mil millones de
dólares anuales y da empleo a 1,7 millones de personas.
Talavera
por España