Capítulo IX
9 de noviembre de 1991. ¡Qué día! Esta tarde a las dos en punto se ha convocado una sesión extraordinaria del Congreso para oír un discurso del Presidente. Va a solicitar una legislación especial que permita al gobierno acabar con el racismo y combatir el terrorismo con mayor facilidad.
Una cosa que pedirá al Congreso, según la prensa, es la ley del pasaporte interno durante mucho tiempo esperada. A pesar de nuestra destrucción el mes pasado de los ordenadores que iban a usarse para el programa de pasaporte, es evidente que el gobierno sigue adelante con el proyecto.
El Capitolio había sido rodeado por todas partes con entre 3,000 y 5,000 policías secretos y soldados uniformados y armados. Los jeeps con las ametralladoras montadas estaban por todas partes. Había dos tanques e incluso varios APC.
Los miembros de la prensa y del personal del Congreso tenían que atravesar tres anillos separados de barricadas y alambre de púas, y en cada uno de que ellos fueron cacheados a fondo en busca de armas con el fin de proteger el Capitolio. Los helicópteros sobrevolaban la zona. Ningún comando de guerrillas decidido al sabotaje o el asesinato podría acercarse a menos de dos manzanas del lugar, incluso en una acción suicida.
De hecho, el gobierno extremó excesivamente las medidas de seguridad sólo para elevar el sentimiento de urgencia de la ocasión. Estoy seguro de que el espectáculo de todas las tropas y armas alrededor del Capitolio no dejó ninguna duda en las mentes de los telespectadores sobre la existencia de una situación de emergencia en el país que requiere fuertes medidas del gobierno.
Entonces, cuando las cámaras de la televisión se estaban preparando para cambiar la escena de las masas en el exterior del Capitolio al podio del portavoz en la Sala donde el Presidente iba a hablar, un impacto de mortero -aunque nadie sabía de qué se trataba- explotó a unas 200 yardas al noroeste del edificio. Los espectadores de la televisión oyeron la explosión pero no podían ver nada excepto una nube de humo grisáceo sobre el Capitolio.
Durante los siguientes segundos hubo confusión general. Soldados con máscaras de gas corriendo en una dirección, mientras serios policías secretos con pistolas corrían en la otra dirección. El comentarista de la televisión anunció con voz jadeante que alguien había puesto una bomba en uno de los parques de estacionamiento de Capitolio.
Él balbuceó durante una minuto aproximadamente, especulando acerca de quién lo había hecho, cómo habían logrado introducir la bomba con tantas fuerzas de seguridad, cuántas personas habían resultado heridas por la explosión, y cosas por el estilo. Entonces llegó el segundo impacto.
Éste fue un estallido y un fogonazo a unas 50 yardas frente a la cámara de la televisión. Hizo casi un impacto directo sobre una escuadra de soldados que manejaban una ametralladora detrás de un montón de sacos de arena en el aparcamiento Este del Capitolio.
"¡Es nuestro mortero!" -grité. También debe de haber pensado lo mismo cada hombre con experiencia militar que esté contemplando la escena, que un mortero era responsable de las dos explosiones.
Los morteros son pequeñas armas maravillosas, sobre todo para la guerra de guerrillas. Dejan caer sus cargas mortales silenciosa y casi verticalmente sobre el objetivo. Pueden dispararse desde posiciones totalmente a cubierto y las personas en la zona objetivo no pueden decir de dónde vienen los proyectiles.
En este caso yo supuse inmediatamente que nuestra gente estaba disparando desde una zona apartada, densamente arbolada de la orilla oeste del Potomac, a sólo dos millas del Capitolio. Henry y yo habíamos comprobado la zona hace algún tiempo para semejante propósito, porque desde allí cada edificio federal importante de Washington está dentro del alcance del mortero de 81 mm.
Aproximadamente 45 segundos después del segundo impacto, el tercero dio en el tejado del ala sur del Capitolio y explotó dentro del edificio. Ellos habían alcanzado el objetivo por fin, y los proyectiles empezaron a llover con intervalos de cuatro a cinco segundos. Mientras tanto, prácticamente todos, incluyendo la mayoría de los equipos de televisión, había corrido para ponerse a cubierto, pero un cámara intrépido permaneció en su sitio.
Nosotros vimos magníficas llamaradas y trozos de acero que saltaban por todas partes volando por el asfalto, estruendos en medio de la construcción hecha añicos y los vehículos ardientes, explosiones dentro y fuera del Capitolio, cobrando su tributo sangriento en las altas jerarquías de la tiranía y de la traición.
Todo había terminado en unos tres minutos, pero mientras duró era el espectáculo más magnífico que yo he visto nunca. ¡Qué impresión debió causar en la gente que estaba viendo la televisión!
Y hubo más acción hoy, tanto en California como en Nueva York. El Ayuntamiento de Los Ángeles se había reunido para seguir la transmisión del discurso del Presidente al Congreso antes de votar varios decretos anti-racistas propios. Casi al mismo tiempo que comenzaban los fuegos artificiales aquí, cuatro de nuestros hombres, usando falsas identificaciones policiales, entraron en el ayuntamiento y lanzaron granadas. Mataron a ocho miembros del Ayuntamiento, y los nuestros se escaparon sin problemas.
Una hora antes, en Nueva York, la Organización usó un bazooca para disparar a un avión de pasajeros que había llegado de Tel Aviv repleto de personalidades de vacaciones, la mayor parte judíos. No hubo supervivientes. (Nota al lector: Un "bazooca era un lanzador portátil para cohetes pequeños, usado principalmente como una arma de la infantería contra los vehículos blindados durante la Segunda Guerra Mundial, en 60-54 Antes de la Nueva Era, y ya obsoleto en el año 8 ANE. Tel Aviv era la ciudad más grande de Palestina durante el periodo de ocupación judía de ese país infortunado en la Era Antigua. Las ruinas de la ciudad todavía son demasiado radiactivas para la ocupación humana.)
¡En resumen, ha sido un día muy ajetreado para la Organización! Yo me fortalezco grandemente por estas demostraciones de nuestra capacidad por lanzar múltiples y simultáneos golpes contra el Sistema, y estoy seguro de que lo mismo les ocurre a todos los demás camaradas.
A pesar de todo el ruido, humo y destrucción causado por nuestro ataque en el Capitolio, murieron sólo 61 personas, según nos enteramos más tarde en las noticias. Entre éstas se cuentan dos diputados, un oficial subalterno y cuatro o cinco miembros del personal del Congreso. Pero el auténtico valor de todos nuestros ataques de hoy radica en el impacto psicológico, no tanto en las víctimas directas.
En primer lugar, nuestros esfuerzos contra el Sistema han ganado extraordinariamente en credibilidad. Más importante, sin embargo, es lo que nosotros le hemos enseñado a políticos y burócratas. Ellos han aprendido esta tarde que ninguno está fuera de nuestro alcance. Pueden esconderse detrás de alambre de espino y tanques en la ciudad (Washington), o bien ocultarse detrás de muros fortificados y sistemas de alarma en sus estados, pero aún así nosotros podemos encontrarlos y matarlos. Todos los guardias armados y las limousines a prueba de balas de América no pueden garantizar su seguridad. Ésa es una lección que ellos no olvidarán.
Ahora están furiosos contra nosotros y prometiendo al público solemnemente que nos aplastarán, pero después de que hayan tenido tiempo para pensar sobre la cuestión algunos de ellos estarán dispuestos a "invertir en seguridad". La gran debilidad del Sistema es su absoluta corrupción moral. Ellos nos superan ampliamente en hombres y en armas, pero ninguno de sus líderes tiene otro interés que el suyo personal. Están listos para traicionar al Sistema en el momento en que lo consideren ventajoso.
Por ahora, no debemos permitirles saber que todos están destinados inevitablemente al patíbulo. Debemos permitirles creer que pueden hacer un trato con nosotros y pueden salvar sus cuellos cuando se produzca la caída del Sistema. Sólo los judíos no tienen dudas en este aspecto.
En cuanto al público, es todavía un poco pronto para saber cuál será su reacción ante las explosiones de hoy. La mayoría de ellos, claro, creerá lo que les digan que crean. En esencia, están saturados de cerveza y televisión. Su mentalidad se basa en las revistas de cine y las series de humor de televisión (sitcom) con las que el Sistema los atiborra. (Nota para el lector: la palabra "sitcom" se refiere al parecer a un tipo de programa de la televisión popular durante los últimos años de la Era Vieja.)
No obstante, nosotros debemos seguir cuidadosamente los sentimientos del público hacia el Sistema y hacia nosotros. Aunque la gran mayoría continuará apoyando al Sistema con tal de que sus neveras estén llenas, es del público de donde debemos extraer a nuestros reclutas para compensar nuestras pérdidas.
Nuestra incapacidad actual para reclutar es una fuente de gran preocupación para todos. Corre el rumor de que no ha habido un solo nuevo recluta en el área de Washington en los últimos dos meses. Durante ese tiempo hemos perdido aproximadamente el 15 por ciento de nuestras fuerzas. Yo espero que la situación no esté tan mal en otros lugares.
De todos los segmentos de la población entre los que nosotros habíamos esperado reclutar nuevos miembros, los "conservadores" y los "derechistas han sido la desilusión más grande. Son los peores traficantes de conspiraciones del mundo -y también los más grandes cobardes. De hecho, su cobardía sólo es superada por su estupidez.
La teoría de conspiración que circula actualmente entre los conservadores es que la Organización realmente está pagada por el Sistema. Nosotros somos provocadores a sueldo cuyo trabajo es provocar el suficiente caos como para justificar las medidas represivas contrarrevolucionarias y antirracistas que el Gobierno está tomando. Si nosotros dejáramos de mecer el barco simplemente, las cosas serían más fáciles para todos. Tanto si ellos lo creen como si no, les da una excusa para no unirse a nosotros.
En el otro extremo, los liberales espasmódicos se han olvidado de su entusiasmo por el radicalismo tan chic de hace unos años, ahora que los radicales somos nosotros. Ellos toman sus señales ideológicas de los gurús y redactores de las revistas, y lo que está de moda actualmente es ser partidario del Sistema. A su manera, los liberales, a pesar de sus pretensiones de sofisticación, son tan tontos y fácilmente manipulables como los conservadores.
Los cristianos son una mezcla. Algunos de ellos se cuentan entre nuestros más consagrados y valerosos miembros. Su odio contra el Sistema está basado además de las razones que el resto de nosotros tenemos- en su reconocimiento del papel del Sistema en el socavamiento y corrupción de la Cristiandad.
Pero todos los que todavía están asociados con las iglesias mayores están contra nosotros. La invasión judía de las iglesias cristianas y la corrupción del ministerio son ahora casi completas. Los prostitutos del púlpito predican la ortodoxia del Sistema a sus rebaños todos los domingos, y recogen sus 30 monedas de plata en forma de subvenciones del gobierno para el "estudio", premios de hermandad, gratificaciones por conferencias y buena prensa.
Los libertarios son otro grupo que está dividido. Aproximadamente la mitad de ellos apoya el Sistema y la otra mitad está contra él. Sin embargo, todos están contra nosotros. El que está contra el Sistema no pasa de verlo como una amenaza mayor que la Organización. A medida que nuestra credibilidad crezca, los libertarios apoyarán más y más al Sistema. Seguramente no hay manera de poder aprovechar nada de ese grupo.
No, no hay mucha esperanza de penetrar en cualquiera de estos segmentos ideológicos de la población. Si podemos encontrar nuevos reclutas, estarán entre aquellos que en la actualidad no han tomado partido.
El lavado de cerebro del Sistema no ha doblegado todas las mentes. Hay todavía millones y millones de personas buenas ahí fuera, que no han permitido que la propaganda del Sistema los seduzca hasta el nivel de los animales como ha rebajado la existencia de tantos que viven solamente para satisfacer sus sentidos. ¿Cómo podemos motivar a estas personas para que se unan a nosotros?
La vida es cada vez más desagradable, cada vez más judía. Pero todavía es bastante cómoda, y la comodidad es el gran corruptor, el gran fabricante de cobardes. Parece que, de momento, nosotros ya hemos captado a todos los revolucionarios auténticos de América en nuestra red. Ahora debemos aprender cómo convertir a más y rápidamente.
14 de noviembre. Hoy tuvimos una visita de Henry, y me enteré de algunos de los detalles del ataque con mortero del lunes en el Capitolio. Estuvieron implicados sólo tres de los nuestros: Henry y el hombre que le ayudó a transportar las piezas del mortero y los proyectiles al lugar elegido para realizar los disparos entre los bosques y dejarlo todo preparado, y una muchacha con un pequeño transmisor en un parque a unas manzanas del Capitolio que sirvió como observador de tiro. Ella transmitió por radio las correcciones del alcance al ayudante de Henry, mientras Henry dejaba caer los proyectiles en el tubo. Los cálculos que hice sobre el alcance de los proyectiles habían sido casi perfectos.
Gastaron toda la munición de 81 mm que fue robada de Aberdeen el mes pasado, y Henry quiso saber si yo podía improvisar un poco más. Le expliqué la dificultad de la tarea.
Las bombas que preparábamos eran bastante sofisticadas. Pero los proyectiles del mortero, eso era otra cosa. Eran demasiado complejos para nuestras posibilidades actuales. Algo podría improvisar, pero sería una aproximación muy basta a la auténtica, que distaría mucho de lo necesario. Tendremos que hacer un asalto en otra armería, con todos los riesgos que trae consigo, antes de poder usar nuestro mortero de nuevo.
Otra cosa sobre la que hablé con Henry fue la oleada de bombas muy rudimentarias que ha ocurrido en los últimos dos o tres días. Han habido cien o más por todo el país, incluyendo cuatro en Washington, y me han confundido en varios aspectos, principalmente la elección de los objetivos -bancos, almacenes, oficinas de empresas- pero también por su aparente falta de experiencia. Por cada bomba que explotó, parece que la policía descubrió otra que falló.
Henry confirmó mis sospechas: las bombas -al menos las de nuestra zona- no son obra de la Organización. Eso es interesante. Parece que hemos estimulado involuntariamente a anarquistas latentes o Dios sabe qué- que han estado acechando en las sombras.
Los medios de comunicación, claro, han estado atribuyendo todo esto a nosotros lo cual es un tanto embarazoso, debido a la falta de pericia demostrada- pero quizás el propio fenómeno no es un hecho negativo. Por lo menos, la policía secreta tendrá algo más para estar ocupada, y eso nos restará algo de presión.
El crecimiento del nihilismo que el Sistema ha estimulado desde hace tanto tiempo, puede estar dando frutos para nosotros en lugar de para el Sistema. Hoy tuve una experiencia bastante interesante a mi entender.
Yo tenía que ir a Georgetown para ocuparme de un problema menor de comunicaciones para la Unidad 4. Georgetown, que una vez fue el área más elegante de Washington, ha sucumbido en los últimos cinco años a la misma plaga que ha convertido el resto de la capital de la nación en una selva del asfalto. La mayoría de las tiendas caras se han convertido en locales de gays, salones de masaje, tiendas porno, licorerías y similares negocios capitalistas. La basura llena las aceras, y los negros que eran allí bastante escasos están pululando por todas partes ahora.
Pero hay todavía muchos blancos que viven en Georgetown -después de la moda. Las que una vez fueron casas de moda, hoy están repletas, pero muchas están ocupadas por colonias de intrusos, principalmente jóvenes marginados y fugitivos.
Ellos llevan una existencia marginal, brutal, pidiendo en las calles, buscando en los cubos de basura entre los desperdicios, robando de vez en cuando. Algunas de las muchachas caen en la prostitución ocasional. Prácticamente todos ellos o así al menos pensaba hasta ahora- están permanentemente drogados. Desde que el Sistema dejó de hacer cumplir las leyes sobre la droga el año pasado, la heroína ha llegado a ser tan barata y tan fácil de conseguir como los cigarrillos.
Los policías generalmente los dejan tranquilos, aunque algunas de las historias sobre lo que sigue ocurriendo entre estos jóvenes son terribles. Dentro de sus fortalezas, los edificios repletos en los que viven, cocinan, comen y duermen y hacen el amor y dan a luz en inyectan la droga en sus venas y se mueren, ellos parecen haber regresado a un estilo de vida pre-civilizado. Cultos religiosos de chiflados, en medio de incienso y conjuros, encantaciones, florecen entre ellos. Varias tipos de culto a Satanás, reminiscencias de antiguos cultos semíticos, son dominantes. Se rumorea que tienen lugar torturas y crímenes rituales, así como canibalismo ritual, rituales de orgías sexuales y otras prácticas no occidentales.
Yo había terminado mi trabajo para la Unidad 4 que, teniendo algunos de nuestros miembros más bohemios, puede mezclarse sin problemas en el ambiente de Georgetown mejor que cualquiera de nuestras otras unidades- y me dirigía hacia la parada de autobús cuando me encontré con un incidente demasiado frecuente. Dos jóvenes delincuentes -parecían puertorriqueños o mexicanos- estaban forcejeando con una muchacha pelirroja en la acera, intentando empujarla hacia un portal.
Un ciudadano prudente habría pasado sin implicarse, pero yo me detuve, miré un momento, y entonces me dirigí hacia el trío. Los dos varones morenos estaban distraídos suficientemente por mi presencia para darle una oportunidad a la muchacha de escaparse fácilmente. Ellos me miraron con odio y me gritaron unas obscenidades, pero no intentaron coger a la muchacha que rápidamente puso cien pies o más entre ella y los que habían intentado raptarla.
Yo me volví y seguí mi camino. La muchacha caminó despacio, permitiéndome alcanzarla. "Gracias," dijo ella, mientras se dibujaba en su rostro una sonrisa afectuosa. Era bastante bonita, pero vestía con andrajos y no tenía más de 17 -obviamente era uno de los marginados de Georgetown.
Yo charlé con ella mientras caminábamos juntos. Uno de los primeros fragmentos de información que yo saqué de ella era que no había comido en dos días y que tenía mucha hambre. Nos detuvimos en un puesto de comida en la acera y le compré una hamburguesa y un batido. Después de eso tenía todavía hambre, por lo que le compré otra hamburguesa y algunas patatas fritas.
Mientras ella comía hablamos, y aprendí varias cosas interesantes. Una era que la vida entre los marginados se diversifica más de lo que yo hubiera imaginado. Hay colonias que están en las drogas y colonias que estrictamente se abstienen de las drogas, colonias que son racialmente mixtas y otras totalmente blancas, colonias sexualmente equilibradas y otras en las que todos son hombres, jaurías de lobos. Los grupos también están divididos según su culto religioso.
Elsa que es su nombre- dijo que ella nunca había tomado drogas. Dejó el grupo con el que estaba viviendo hace dos días, después de una disputa doméstica, y estaba a punto de ser raptada y llevada a una guarida de lobos cuando yo intervine.
Ella también me dio algunas pistas buenas acerca de quién es responsable de los recientes atentados que nos confundieron a Henry y a mi. Parece ser de conocimiento general entre sus amigos que algunas de las colonias de Georgetown están "en esa clase de cosas -usted sabe, inquietando a los cerdos".
La propia Elsa parece ser completamente apolítica y no estar involucrada de ninguna forma en las bombas. No quise preguntar demasiado y que ella pensara que yo era un policía, así que no la presioné para que me diese más información sobre el asunto.
Bajo estas circunstancias no podía permitirme el lujo de llevar a Elsa a nuestro cuartel general conmigo- pero todavía tenía que luchar con esa tentación. Le di un billete de cinco dólares cuando nos despedíamos, y me aseguró que encontraría un lugar para ella en uno de los grupos sin dificultad. Probablemente regresaría al grupo del que había salido. Me dio su dirección, para que yo pudiera buscarla.
Pensando sobre esto durante esta tarde, me parece que nosotros podemos estar pasando por alto algunos aliados potencialmente útiles entre estos jóvenes marginados. Individualmente ellos no son muy valiosos, estoy seguro, pero quizás podamos hacer uso de ellos de forma colectiva. Debe ser considerado con gran detenimiento.