Capítulo VIII
4 de noviembre de 1991. Sopa y pan de nuevo esta noche, y no demasiado. El dinero casi se nos ha acabado, y todavía no hemos tenido noticias del WFC. Si nuestro dinero no llega en los próximos dos días, tendremos que recurrir al robo a mano armada de nuevo -una perspectiva nada agradable.
Parece que la Unidad 2 todavía tiene un suministro ilimitado de alimentos, y estaríamos mucho peor si no nos hubiesen dado un cargamento de comida enlatada hace un mes- especialmente desde que somos siete a la hora de comer. Pero es demasiado peligroso conducir hasta Maryland para recoger nuestro suministro de comida. Las posibilidades de toparse con un control de carreteras de la policía son demasiado elevadas.
Esta es la más notable consecuencia hasta la fecha de nuestra campaña de terror y para el público debe ser con mucho la más irritante-. Viajar con el coche particular se ha convertido al menos en la zona de Washington- en una auténtica pesadilla, con enormes atascos por todas partes causados por los controles. En los últimos días esta actividad policial ha aumentado significativamente, y parece como si fuera a convertirse en una norma habitual en un futuro cercano.
Hasta ahora, sin embargo, no han parado a peatones, ciclistas y autobuses. Todavía podemos seguir abasteciéndonos, aunque con menor facilidad que antes.
¡Vaya, la luz se ha ido otra vez! Es la segunda ocasión esta noche en que hemos tenido que sacar las velas. Hasta este año, el nivel más bajo de tensión eléctrica había ocurrido en el verano, pero ahora estamos en noviembre y nos hemos acostumbrado ya a la reducción temporal del voltaje en un 15 % que ellos impusieron en julio. Ni siquiera esta reducción definitiva nos está salvando de un número creciente de apagones.
Pienso que es obvio que algún pez gordo se está beneficiando con la escasez de tensión. Cuando Katherine tuvo la suerte de encontrar algunas velas en una tienda de comestibles la semana pasada, pagó un dólar y medio por cada una. El precio del queroseno y las linternas de gasolina está por las nubes, pero las ferreterías nunca tienen en existencia. Cuando tenga un poco de tiempo libre, veré lo que puedo improvisar en ese sentido.
Hemos estado manteniendo la presión contra el Sistema durante la última semana con numerosas acciones de bajo riesgo y realizadas por un sólo hombre. Como ejemplo, ha habido aproximadamente 40 ataques con granadas contra edificios federales y medios de comunicación en Washington, y nuestra unidad es responsable de 11 de ellos.
Desde que resulta casi imposible entrar en cualquier edificio federal, excepto en una oficina de correos, sin un registro minucioso, hemos tenido que volvernos más ingeniosos. En una ocasión Henry simplemente tiró de la anilla de una granada de fragmentación y la deslizó entre dos cartones en una gran plataforma de transporte esperando fuera de la entrada de carga del Washington Post, ajustándola entre los cartones para que el resorte de seguridad no se moviera. Él no esperó por allí, pero las noticias de los informativos confirmaron que había habido una explosión en el edificio del Washington Post que mató a un empleado e hirió gravemente a otros tres.
Más a menudo, sin embargo, hemos usado lanzadores de granadas improvisados sobre escopetas de caza. Nos dan un alcance máximo de 150 yardas, pero la granada siempre explota demasiado pronto a menos que el dispositivo de retraso esté modificado. Todo lo que uno necesita para usarlas eficazmente es un lugar para ocultarse en la zona en torno a 100 yardas del blanco.
Hemos disparado desde el asiento trasero de un coche en marcha, desde la ventana del baño de un edificio cercano, y -anoche - desde unos arbustos en un parque pequeño a través de la calle hasta el edificio designado como objetivo. Con suerte uno puede alcanzar una ventana y conseguir una explosión dentro de una oficina o un corredor. Pero incluso cuando la granada rebota en un muro exterior la explosión revienta las ventanas, y la metralla sobresalta a la gente.
Si nosotros continuamos durante mucho tiempo así, obligaremos al gobierno a cegar todas las ventanas de los edificios federales y esto ayudará a aumentar la conciencia de los empleados federales. Pero está claro que no podemos mantener este tipo de actividad indefinidamente. Ayer perdimos a uno de nuestros mejores activistas -Roger Greene, de la Unidad 8- y perderemos más con el paso del tiempo. El Sistema ganará cualquier tipo de guerra de desgaste sin la menor duda, considerando la ventaja numérica con la que cuentan en comparación con nosotros.
Hemos comentado este problema internamente muchas veces, y siempre regresamos al mismo obstáculo: una actitud revolucionaria apenas si existe en América, fuera de la Organización, y todas nuestras acciones hasta la fecha no parecen haber cambiado este hecho. Las masas no están a gusto con el Sistema, su malestar ha aumentado claramente durante los últimos seis o siete años en tanto las condiciones de vida se han deteriorado - pero todavía están demasiado cómodos y complacientes como para aceptar la idea de una revolución.
Por encima de todo esto está la gran desventaja que sufrimos al controlar el Sistema la imagen de nosotros que llega al pueblo. Recibimos información actualizada de nuestros legales sobre lo que el público está pensando, y la mayoría de las personas ha aceptado sin dudar el retrato que el Sistema ofrece de nosotros como "gángsters" y "asesinos.
Sin alguna clase de empatía entre el público y nosotros nunca podremos encontrar a nuevos reclutas en número suficiente para compensar nuestras pérdidas. Y con el Sistema que controla virtualmente cada cauce de comunicación con el público, es difícil saber cómo vamos a desarrollar esa empatía. Nuestras octavillas y la captura ocasional de una emisora durante unos minutos apenas pueden nada contra el imparable caudal de lavado de cerebro que el Sistema utiliza para mantener a la gente a raya.
La electricidad ha vuelto de nuevo, justo cuando me iba a acostar. A veces pienso que las propias debilidades del Sistema provocarán su caída con rapidez tanto con nuestra ayuda como sin ella. Los constantes apagones son sólo una de las miles de grietas en este edificio en ruinas que nosotros intentamos desesperadamente derribar.
8 de noviembre. En los últimos días se ha producido un cambio importante en nuestros asuntos domésticos. La población en nuestro refugio aumentó hasta ocho el pasado jueves. y ahora ha vuelto de nuevo a cuatro: yo mismo, Katherine, y Bill y Carol Hanrahan, antiguos miembros de la Unidad 6. Henry y George han formado equipo con Edna Carlson que también vino con nosotros después del desastre de la unidad 6 y con Dick Wheeler, el único superviviente de una redada policial en el escondite de la Unidad 11 que tuvo lugar el jueves. Los cuatro se han trasladado a un sitio nuevo, en la ciudad.
La nueva estructuración nos ha repartido mejor en cuanto a los campos operativos de lo que estábamos antes, así como también resolviendo el problema personal que nos preocupaba a Katherine y a mí. Nosotros, en el almacén, somos ahora esencialmente una unidad de servicio técnico, mientras que los cuatro que se han marchado forman una unidad de sabotaje y ejecución.
Bill Hanrahan es maquinista, mecánico e impresor. Hasta hace dos meses él y Carol tenían una imprenta en Alexandria. Su esposa no comparte su genio técnico, pero ella es una tipógrafa bastante competente. En cuanto consigamos otro equipo de imprenta, su trabajo será producir muchas octavillas y otros materiales de propaganda que la Organización distribuye clandestinamente en esta zona.
Yo continuaré siendo responsable del equipo de comunicaciones de la Organización y del suministro de armamento. Bill me ayudará con lo último y también será nuestro armero y encargado de la armería.
Katherine tendrá una oportunidad para ejercer otra vez sus habilidades editoriales, aunque a escala limitada, en eso ella tendrá la responsabilidad por transformar la propaganda mecanografiada que recibimos del WFC en los titulares y el texto listos para Carol. Ella podrá resumir, borrar y hacer otros cambios necesarios para las pruebas de imprenta según su criterio.
Bill y yo terminamos nuestro primer trabajo de armamento especial ayer. Modificamos un mortero de 4.2 pulgadas para utilizar proyectiles de 81 milímetros. La modificación era necesaria porque hemos sido incapaces de conseguir un mortero de 81 mm para los proyectiles que capturamos en nuestra operación en el Campo de pruebas de Aberdeen el mes pasado. Uno de nuestros miembros más veteranos, sin embargo, tenía un mortero de 4.2 pulgadas aprovechable que había mantenido oculto en un lugar apartado desde finales de los 40.
La Organización está planeando una misión muy importante en un día o dos, en la que se utilizará el mortero, y Bill y yo nos sentíamos obligados a terminar el trabajo a tiempo. Nuestra dificultad principal estaba en encontrar un pedazo de tubo de acero del diámetro adecuado para soldarlo dentro del cañón de 4.2 pulgadas, puesto que no tenemos ningún torno u otras herramientas en este momento. Una vez encontramos a un proveedor para el tubo el resto era bastante fácil, y nosotros estamos orgullosos del resultado -aunque pesa más de tres veces lo que un mortero de 81 milímetros.
Hoy hicimos un trabajo que era bastante simple en teoría pero que nos dio más problemas en la práctica de lo que habíamos supuesto: derretir el relleno de explosivo del contendor de una bomba de 500 libras de peso. Con una buena dosis de esfuerzo y juramentos -y con varias quemaduras de agua hirviente que nosotros empleamos, sacamos la mayor parte del explosivo tritonal de la bomba en diversas latas de zumo, botes de mantequilla de cacahuetes y otros recipientes. El trabajo nos llevó todo el día y acabó con la paciencia de todo el mundo, pero ahora tenemos material para hacer bastantes bombas de mediana potencia para varios meses.
Estoy convencido de que he encontrado en Bill Hanrahan a un magnífico camarada para llevar a cabo los nuevos deberes de nuestra unidad para con la Organización. (Nosotros nos designamos ahora Unidad 6 y estoy al mando.) Ciertamente el nuevo arreglo es más agradable para Katherine y para mí, ahora que nosotros compartimos NUESTRO edificio con otro matrimonio en lugar de con dos solteros.
Yo escribí "otro matrimonio," pero, claro, era un "lapsus" al escribir, puesto que Katherine y yo no nos casamos formalmente. En los últimos dos meses -y particularmente en las últimas dos o tres semanas- sin embargo, nosotros hemos experimentado tanto juntos y nos vuelto tan dependientes el uno del otro por la camaradería que un lazo tan fuerte como el del matrimonio se ha desarrollado entre nosotros.
En el pasado, siempre que uno de nosotros tenía una tarea de la Organización para llevar a cabo, normalmente intentábamos trabajar juntos en ella. Ahora tal colaboración no requerirá de ninguna argucia.
Es interesante que la Organización, que ha impuesto en todos nosotros una vida que es antinatural en muchos aspectos, ha llevado a una relación más natural entre los sexos dentro de la Organización que la que existe fuera. Aunque las mujeres solteras son teóricamente "iguales" a los hombres, en que están sujetas a la misma disciplina que los miembros masculinos, nuestras mujeres son más valoradas y protegidas de lo que lo son en la sociedad.
Considerando, por ejemplo, la violación, que ha llegado a ser como una pestilencia omnipresente en nuestros días. Ya había estado aumentando en una proporción del 20 al 25 por ciento por año desde comienzos de 1970 hasta el año pasado, cuando la Corte Suprema ordenó que todas las leyes que convierten en un crimen a la violación son inconstitucionales, porque ellos presumen una diferencia legal entre los sexos. La violación, decretaron los jueces, sólo puede perseguirse según las leyes aplicables a los ataques de naturaleza no sexual.
En otras palabras, la violación ha sido reducida a la categoría de un puñetazo en la nariz. En los casos dónde no se puede demostrar ninguna lesión física, ahora es casi imposible de obtener una acusación o incluso un arresto. El resultado de este disparate judicial ha sido que la incidencia de la violación ha hecho subir verticalmente el índice en las estadísticas que han estimado recientemente que una de cada dos mujeres americanas pueden esperar ser violadas por lo menos una vez en su vida. En muchas de nuestras grandes ciudades las estadísticas son mucho peores.
Los grupos de liberación de la mujer han recibido este acontecimiento con consternación. No es exactamente lo que tenían en mente cuando empezaron la agitación hace dos décadas para conseguir la "igualdad". Hay consternación al menos entre las filas de estos grupos; sospecho que sus líderes, la mayoría de las cuales son judías, tenían es mente este resultado desde el principio.
Por otra parte, los portavoces negros del movimiento por los derechos civiles, han tenido sólo alabanzas para la decisión de la Corte Suprema. Las leyes contra la violación, dijeron, son racistas porque un número exageradamente grande de negros han sido culpados por su aplicación.
Hoy día las bandas de delincuentes negros andan dando vueltas por los aparcamientos y las zonas de recreo de colegios y vagan por los corredores de edificios de oficinas y complejos de apartamentos, mientras buscando cualquier mujer blanca atractiva y sin acompañante, sabiendo que el castigo, o de la ciudadanía desarmada o la policía maniatada, es sumamente improbable. Las violaciones de las bandas en las aulas escolares se han convertido en un nuevo deporte especialmente popular.
Algunas mujeres particularmente liberales pueden encontrar que esta situación proporciona una cierta cantidad de satisfacción para su masoquismo, como una forma de expiar su sentimiento de culpabilidad racial. Pero para las mujeres blancas normales es una pesadilla diaria.
Uno de los aspectos más enfermos de este asunto es que muchos jóvenes blancos, en lugar de oponerse a esta nueva amenaza a su raza, han decidido unirse al parecer. Los violadores blancos se han vuelto puesto más frecuentes, y ha habido recientemente casos de algunos integrados en las bandas de violadores.
Tampoco las muchachas han permanecido totalmente pasivas. El libertinaje sexual de los jóvenes blancos y de las mujeres -e incluso de los niños ha alcanzado un nivel que habría sido hace sólo dos o tres años inimaginable. Los homosexuales, los fetichistas, las parejas mestizas, los sádicos, y los exhibicionistas incitados por los medios de comunicación- están ostentando sus perversiones en público, y el público está uniéndose a ellos.
Justamente la semana pasada, cuando Katherine y yo fuimos a la ciudad para recoger el dinero para nuestra unidad -qué finalmente cumplieron con su obligación cuando nos quedaba apenas la última lata de sopa- tuvimos un incidente repugnante. Mientras estábamos esperando en una parada de autobús para regresar a casa decidí entrar en una farmacia a sólo unos pasos para comprar un periódico. Yo me marché no más de 20 segundos, pero cuando regresé un joven de aspecto grasiento, más o menos blanco, pero con un peinado afro tan popular entre los jóvenes degenerados, estaba mofándose de Katherine con obscenidades mientras bailaba y fintaba alrededor de ella como un boxeador.
(Nota para el lector: "Afro" se refiere a la raza negra o africana que, hasta su desaparición súbita durante la Gran Revolución, ejerció una influencia de degeneración creciente en la cultura y la forma de vida de los habitantes de América del Norte.)
Yo lo agarré por el hombro, le hice girarse y le pegué en la cara tan fuerte como pude. Cuando él se cayó tuve la profunda y primitiva satisfacción de ver cuatro o cinco de sus dientes caídos mientras manaba bastante sangre oscura de su boca destrozada.
Yo eché mano a mi pistola en el bolsillo con la intención de matarlo en el acto, pero Katherine me cogió el brazo, y me tranquilicé. En lugar de dispararle, lo incorporé y le di tres patadas en la ingle con todas mis fuerzas. Él sufrió unas sacudidas convulsivas y emitió un corto y ahogado grito al recibir la primera patada, y entonces permaneció inmóvil.
Un peatón apartó la vista y se apresuró. Al otro lado de la calle dos negros miraban estúpidamente y aullaban. Katherine y yo nos apresuramos para doblar la esquina. Caminamos aproximadamente seis manzanas, entonces volvimos hacia atrás y cogimos el autobús en otra parada.
Katherine me dijo después que el joven había corrido hacia ella tan pronto como entré en la farmacia. La había rodeado con el brazo, le había hecho proposiciones deshonestas y empezó a manosear sus pechos. Ella era bastante fuerte y ágil, y pudo zafarse de él, pero le impidió seguirme hasta la farmacia.
Como norma, Katherine lleva una pistola, pero el día era tan caluroso a pesar de la estación, que resultaba impropio para una chaqueta, y ella llevaba ropa que no permitía ocultar una pistola. Desde que estaba conmigo no le molestaba llevar uno de esos sprays de gas lacrimógeno que se ha convertido en un artículo esencial para las mujeres en estos días.
En ese sentido es interesante destacar que la misma gente que agitaron tan histéricamente en favor de la confiscación de las armas antes de la Ley Cohen están pidiendo en la actualidad que el gas lacrimógeno sea también prohibido. ¡Ha habido incluso recientemente casos donde se ha acusado a mujeres que usaron el gas lacrimógeno para defenderse de una violación de haber realizado un asalto con arma! El mundo se ha vuelto tan loco que nada resulta ya una sorpresa.
En contraste con la situación en el exterior, la violación dentro de la Organización es casi inconcebible. Pero no tengo ni la menor duda de que si ocurriera un caso de violación, el perpetrador sería recompensado con ocho gramos de plomo en cuestión de horas.
Cuando nosotros volvimos al almacén, Henry y otro hombre estaban esperándonos. Henry quería que yo le diera un último informe detallado sobre el mortero que habíamos modificado. Cuando salieron, se lo llevaron. Todavía no sé para qué lo usarán.
Katherine y yo le tenemos un gran aprecio a Henry, y lo echamos de menos en nuestra nueva unidad. Él es el tipo de persona del que dependerá el éxito de la Organización en última instancia.
Katherine ya le había enseñado a Henry la mayoría de sus trucos de maquillaje y disfraz, y cuando él salió con el mortero ella le dio la parte mayor de sus existencias de pelucas, barbas, postizos de plástico y cosméticos.