Capítulo VII
23 de Octubre de 1991. Esta mañana es mi primera oportunidad para escribir desde que Katherine y yo recogimos las municiones en Maryland la semana pasada. Nuestra unidad ha llevado a cabo tres misiones en los últimos seis días.
En total, la Organización es responsable de más de 200 acciones aisladas en diferentes partes del país, según las noticias. Nosotros estamos ahora en lo más intenso de una guerra de guerrillas.
El lunes pasado por la noche, Henry, George, y yo atacamos el Washington Post. Fue rápido, necesitando poca preparación, aunque nosotros debatimos unos minutos antes sobre la manera en que debía hacerse.
Henry fue en busca del personal, mientras, destruimos una de sus imprentas. La idea de Henry era que tres de nosotros debíamos entrar por la fuerza en la sala de redacción y en las oficinas editoriales en la sexta planta del edificio del Washington Post y matar a tantas personas como pudiésemos con las granadas de fragmentación y las ametralladoras. Si nosotros golpeábamos antes de la hora del cierre, a las 7:30 de la tarde, los cogeríamos a casi todos.
George desechó esa maniobra por ser demasiado arriesgada para llevarse a cabo sin una planificación detallada. Cientos de personas trabajaban en el edificio del Washington Post, y los ruidos de las granadas y los disparos en la sexta planta llevarían a muchos de ellos como hormigas a las escaleras y al vestíbulo. Si nosotros intentáramos bajar en los ascensores, alguien podría darle al interruptor principal, y estaríamos atrapados.
Por otra parte, el taller de imprenta del Post es visible a través de una gran cristalera desde el vestíbulo. Así que yo preparé una bomba casera pegando con cinta adhesiva una granada de mano a una mina antitanque pequeña. El artefacto entero pesaba aproximadamente seis libras y era bastante desmañado, pero podría arrojarse a unos 50 pies como una granada grande.
Aparcamos en un callejón a unas 100 yardas de la entrada principal del Post. En cuanto George hubo desarmado al guardia, Henry abrió un agujero grande en el ventanal del taller de imprenta con su escopeta recortada. Entonces yo tiré de la anilla del artilugio formado por la granada y la mina que había preparado y lo lancé entre los rodillos de la prensa más cercana, que habían preparado para arrancar por la noche. Nos cubrimos detrás de un parapeto de mampostería mientras la bomba explotaba, y entonces Henry y yo tiramos apresuradamente media docena granadas thermite en el taller de imprenta. Nos fuimos a la parte de atrás antes de que cualquiera hubiera salido a la acera, y así nadie vio nuestro automóvil. Katherine, claro, había realizado una magnífica labor con nuestras caras.
La mañana siguiente el Post apareció en las calles sobre una hora más tarde de lo habitual, y todos los suscriptores se quedaron sin sus periódicos, puesto que las ediciones tempranas habían sido eliminadas, pero por otra parte el Post no había sufrido daños graves. Nosotros habíamos estropeado sólo una prensa con nuestra bomba y provocado una humareda con nuestras granadas incendiarias, una de las cuales prendió un barril de tinta, pero a pesar de nuestros esfuerzos, el Post no había visto reducida su capacidad para extender sus mentiras y veneno.
Realmente nos mortificamos por este resultado. Quedó claro que de forma tonta habíamos corrido un riesgo desproporcionado en relación con cualquier ventaja razonable que hubiésemos esperado.
Nosotros decidimos que, en el futuro, no emprenderíamos ninguna misión por propia iniciativa hasta que no hubiésemos estudiado cuidadosamente el objetivo y nos convenciésemos de que merecía la pena el riesgo. No podemos permitirnos el lujo de golpear al Sistema simplemente por golpear, o nos volveremos como un ejército de mosquitos que intentan picar a un elefante hasta matarlo. Cada golpe debe calcularse cuidadosamente por su efecto.
La idea de Henry de atacar la redacción del Post y la sala editorial parece mucho mejor viendo lo ocurrido. Debíamos habernos retirado por unos días para elaborar un plan adecuado que hubiera destruido el Post, en lugar de nuestra incursión a medias contra las imprentas. Todo lo que hicimos en realidad fue poner en guardia al Post y hacer cualquier futura incursión mucho más arriesgada.
Nosotros nos consolamos un poco la mañana después de la acción. Sospechamos que la redacción había empleado la mayor parte de la noche en sus oficinas escribiendo una nueva versión sobre los sucesos de la tarde y estarían, por consiguiente, hasta tarde antes de marcharse a casa, así que decidimos hacerle una visita a uno de ellos.
Después de examinar el periódico, escogimos al editor que había escrito un artículo muy odioso contra nosotros. Sus palabras destilaban un odio talmúdico. Los racistas como nosotros, decía él, no merecen ni la menor consideración por parte de la policía o cualquier ciudadano decente. Nos debían disparar de inmediato como a perros rabiosos. Un contraste evidente con su preocupación habitual con los violadores y asesinos negros y sus diatribas contra la "brutalidad policial" y los reaccionarios!
Puesto que su editorial era una incitación al asesinato, nos pareció apropiado darle a probar su propio remedio.
Henry y yo cogimos un autobús en el centro de la ciudad y después detuvimos un taxi con un conductor negro. Para cuando paramos frente al camino de la entrada de la casa del editor en Silver Spring, el negro estaba muerto en el maletero.
Yo esperé en el taxi mientras Henry tocaba el timbre y le dijo a la mujer que tenía que entregar un paquete para el Post y que necesitaba una firma en el recibo. Cuando unos momentos más tarde, el editor apareció en albornoz y somnoliento, en la puerta, Henry prácticamente lo partió por la mitad con dos tiros que le descerrajó con la escopeta recortada que llevaba bajo el abrigo.
El miércoles, nosotros cuatro (Katherine conducía el automóvil) destruimos por completo el repetidor de televisión más potente del área de Washington. Aquello era peligroso y había momentos en que pensaba que no lograríamos escapar.
Todavía no está claro qué efecto están teniendo nuestras acciones sobre el público en general. La mayor parte se ocupa de sus asuntos como hace siempre.
Sin embargo, ha habido efectos. La Guardia Nacional de una docena de estados ha sido llamada para reforzar las fuerzas de la policía local, y hay contingentes de guardias estacionados delante de cada edificio gubernamental de Washington, de los medios de comunicación más importantes de varias ciudades y de las casas de centenares de funcionarios del gobierno.
Dentro de una semana, sospecho, que cada diputado, Juez Federal, y burócrata del gobierno federal desde el nivel de secretario adjunto hacia arriba, se habrá asignado un guardaespaldas permanente. Todos los sacos de arena, ametralladoras y los uniformes caqui que uno está empezando a ver por todas partes en Washington no nos facilitan las cosas pero pueden despertar la conciencia del público -aunque yo estoy seguro de que la situación es menos dramática en Iowa que aquí.
Nuestra mayor dificultad es que el público nos ve a nosotros y todo lo que hacemos sólo a través de los medios de comunicación. Podemos hacer bastante ruido para que los medios de comunicación no puedan permitirse ignorarnos o restarnos importancia, así que ellos están usando la táctica opuesta de inundar al público con falsedades, verdades a medias y mentiras sobre nosotros. Durante las últimas dos semanas han estado dándonos un buen repaso, sin descanso, intentando convencer a todos de que somos la encarnación de mal, una amenaza a todo lo decente, noble y que merece la pena.
¡Ellos han desatado todo el poder de los medios de comunicación de masas sobre nosotros; no sólo el habitual tratamiento parcial de las noticias, sino bastantes artículos de fondo en los suplementos del domingo, completados con fotografías falsificadas de reuniones y actividades de la Organización, discusiones de "expertos" en la televisión! Algunas de las historias que han inventado sobre nosotros son muy increíbles, pero tengo miedo de que el pueblo americano sea tan incauto para creerlas.
Lo que está pasando ahora recuerda la campaña de los medios de comunicación contra Hitler y los alemanes en los años 40: las historias sobre Hitler con ataques de furia y mordiendo las alfombras, planes alemanes falsificados para la invasión de América, bebés despellejados para hacer lámparas y luego convertirlos en jabón, las muchachas secuestradas y enviadas a granjas de sementales. Los judíos convencieron al pueblo americano de que esas historias eran verdad, y el resultado fue la Segunda Guerra Mundial, con millones de lo mejor de nuestra raza eliminados salvajemente -por nosotros- y toda Europa oriental y central convertida en un enorme campo de prisioneros comunista.
Ahora parece que el Sistema ha tomado la decisión, una vez más, vez de aumentar el estado de histeria bélica del público en contra de nosotros presentándonos como una amenaza más grande de lo que realmente somos. Nos han convertido en los nuevos alemanes y el país está siendo preparado psicológicamente.
Así, el Sistema se está esforzando más de lo que nosotros hubiéramos imaginado en despertar la conciencia del pueblo sobre nuestra lucha. Lo que me preocupa es mi sospecha de que las jerarquías del Sistema realmente no están preocupadas por nuestra amenaza contra ellos y están usándonos cínicamente como una excusa para llevar a cabo ciertos proyectos de sus propios planes, como el programa del pasaporte interior.
A nuestra unidad se le asignó la tarea general - después del ataque con bombas contra el FBI - de combatir los medios de comunicación en esta área a través de la acción directa. Así como a otras unidades le fueron asignadas otras armas del Sistema como objetivos. Pero está claro que no podemos ganar sólo con la acción directa; hay demasiados de ellos y pocos de nosotros. Debemos convencer a una parte importante del pueblo americano de que lo que estamos haciendo es, al mismo tiempo, necesario y apropiado.
Lo último es tarea de la propaganda, y hasta ahora nosotros no hemos tenido mucho éxito. Las unidades 2 y 6 son principalmente responsables de la propaganda en el área de Washington, y yo sé que los miembros de la unidad 6 han esparcido toneladas de octavillas en las calles; Henry recogió una de una acera del centro ayer. Aunque me temo que las octavillas solas no pueden hacer mucho contra los medios de comunicación del Sistema.
Nuestro esfuerzo más espectacular en cuanto a la propaganda ocurrió aquí el miércoles pasado, y acabó en un desastre enorme. El mismo día que nuestra unidad voló la estación de televisión, tres hombres de la unidad 6 tomaron una estación de radio y empezaron a transmitir un llamamiento al pueblo para que se uniera a nuestra lucha por destruir el Sistema.
Ellos habían grabado su mensaje en cinta, y trabaron las puertas de la estación, después de encerrar a todos los empleados en un almacén. Tenían la intención de escapar mientras la cinta estaba siendo transmitida, esperando que la policía pensaría que todavía estaban dentro y sitiarían el lugar usando gas lacrimógeno dándoles una media hora o más de tiempo de emisión.
Pero la policía llegó más pronto de lo esperado y atacó la estación casi inmediatamente, atrapando a nuestros hombres dentro. Dos murieron en el tiroteo y el tercero no se espera que sobreviva. El mensaje de la Organización estuvo en antena menos de 10 minutos.
Aquéllas fueron las primeras bajas que sufrimos aquí, pero ellos sólo habían liquidado la unidad 6. Sus restantes miembros, dos mujeres y un hombre, han pasado temporalmente a la nuestra. Con uno de sus miembros en manos de la policía, ellos tenían que abandonar su cuartel general inmediatamente.
Con esto perdimos una de las dos imprentas de la Organización en el área de Washington, aunque pudimos recuperar la mayor parte de sus materiales de impresión y el equipo más ligero. Y ganamos su camioneta de reparto, que sería muy útil si se quedaban aquí.
28 de Octubre. Anoche tuve que hacer lo más desagradable que me han ordenado desde que me uní a la Organización hace cuatro años. Participé en la ejecución de un amotinado.
Harry Powell era el jefe de la unidad 5. La semana pasada, cuando el Mando Operativo de Washington (WFC) dio orden de ejecutar a dos de los defensores más odiosos y locuaces del mestizaje racial en esta zona - un sacerdote y un rabino, coautores de una petición al Congreso ampliamente difundida pidiendo ventajas fiscales para las parejas mixtas -, Powell se negó a cumplir la orden. Envió un mensaje al WFC que decía que él se oponía en adelante al uso de la violencia y que su unidad no participaría en ningún acto más de terrorismo.
Fue arrestado inmediatamente, y ayer, un representante de cada unidad bajo la dirección del WFC -incluso la Unidad 5- fue convocado para juzgarlo. La unidad 10 no pudo enviar a nadie, y así, 11 miembros -ocho hombres y tres mujeres - se reunieron con un oficial del WFC en el almacén del sótano de una tienda de regalos propiedad de uno de nuestros legales." Yo era el representante de la unidad 1.
El oficial del WFC enunció los cargos contra Powell, muy brevemente. El representante de la unidad 5 confirmó los hechos entonces: Powell no sólo se había negado a obedecer la orden de ejecución, sino que les había dicho a los miembros de su unidad que no obedecieran ninguna más. Afortunadamente, ellos no habían permitido que los manipulara.
Powell tuvo una oportunidad para defenderse. Lo hizo durante más de dos horas, interrumpido de vez en cuando por una pregunta de alguno de nosotros. Lo que dijo me conmovió, pero estoy seguro que hizo que nuestra decisión fuera más fácil para todos.
Harry Powell era, en el fondo, un "conservador responsable. El hecho de que fuese no sólo un miembro de la Organización sino que hubiera llegado a ser jefe de unidad refleja más sobre la Organización que sobre lo hecho por él. Su queja fundamental era que todos nuestros actos de terror contra el Sistema estaban empeorando las cosas al "provocarlo" para que aumentara las medidas represivas.
¡Bien, por supuesto, todos nosotros entendimos eso! O, por lo menos, yo pensé que todos nosotros lo habíamos aceptado. Al parecer Powell no lo hizo. Es decir, él no entendió que uno de los propósitos principales del terror político, siempre y en todas partes, es obligar a las autoridades a tomar represalias y aumentar la represión, para así enemistarse con una parte de la población y generar simpatía por los terroristas. Y el otro propósito es crear inquietud al destruir el sentimiento de seguridad de la población y su creencia en el poder del gobierno.
Como Powell continuó hablando, llegó a estar más claro que él era un conservador, no un revolucionario. Él habló como si el propósito entero de la Organización fuera obligar al Sistema a establecer ciertas reformas, en lugar de destruir totalmente el Sistema, y construir algo radical y totalmente nuevo en su lugar.
Él se opuso al Sistema porque le subieron demasiado los impuestos de su negocio. (Él había sido propietario de una ferretería antes de que nos viéramos obligados a pasar a la clandestinidad). Se opuso a la permisividad del Sistema con los negros, porque el crimen y los motines eran malos para los negocios. Él se opuso a la confiscación por parte del Sistema de las armas de fuego, porque sentía que necesitaba un arma para su seguridad personal. Sus motivaciones eran las de un libertario, la clase de individuo egoísta que ve el mal esencial del gobierno como una limitación de la iniciativa libre.
Alguien le preguntó si se había olvidado de lo que la Organización había repetido una y otra vez, a saber, que nuestra lucha era para asegurar el futuro de nuestra raza, y que el problema de la libertad individual se subordinaba a aquella, propósito fundamental. Su réplica mordaz fue que las tácticas violentas de la Organización no estaban beneficiando ni a nuestra raza ni a la libertad individual.
Esta respuesta demostraba de nuevo que él realmente no comprendía lo que nosotros estábamos intentando hacer. ¡Su apoyo inicial all uso de la fuerza contra el Sistema estaba basado en la asunción ingenua de que, ¡por Dios, nosotros enseñaremos a esos bastardos! Cuando el Sistema, en lugar de ceder, empezó a apretar las tuercas con más fuerza, él llegó a la conclusión de que nuestra política de terrorismo era contraproducente.
Sencillamente, no podía aceptar el hecho de que el camino hacia nuestra meta no puede ser alterado en una fase tan temprana de nuestra actuación, sino que debe ser una superación del presente y una forja del futuro -con nosotros eligiendo el rumbo en lugar del Sistema. Hasta que le arrebatemos el timón de sus manos y arrojemos al Sistema por la borda, la nave del estado se irá escorando de forma peligrosa. No nos detendremos, no hay marcha atrás. Desde que estamos entre las piedras y bajíos, nosotros lo pasaremos bastante mal antes de lograr una navegación libre de obstáculos.
Quizá él tenía razón en que nuestras tácticas estan equivocadas; la reacción del pueblo contestará esa pregunta en el futuro. Pero su actitud entera, su orientación estaba totalmente equivocada. Cuando yo escuché a Powell recordé al escritor de finales del siglo 19, Brooks Adams, y su división de la especie humana en dos clases: el hombre espiritual y el hombre económico. Powell era el prototipo del hombre económico.
Las ideologías, los fines últimos, la contradicción fundamental entre la visión del mundo del Sistema y la nuestra -todas estas cosas no significaban nada para él. Él consideraba la filosofía de la Organización como si fuera un señuelo ideológico para reclutar a gente como nosotros. Él veía nuestra lucha contra el Sistema como un combate por el poder y nada más. Si nosotros no los fustigásemos, entonces podríamos intentar obligarles a un acuerdo con nosotros.
Yo me pregunté cuántos mas habría en la Organización con la manera de pensar de Powell, y me estremecí. Nos habían obligado a crecer demasiado rápido. No había habido tiempo suficiente para desarrollar en toda nuestra gente una actitud esencialmente religiosa hacia nuestra misión y nuestras doctrinas que habría prevenido el incidente de Powell, cribándolo antes.
Con su forma de ser, no teníamos ninguna opción real sobre el destino de Powell. Había que considerar no sólo su desobediencia, sino también que se había revelado como poco digno de confianza. Tener uno de nosotros y además jefe de unidad- hablando abiertamente a otros miembros de encontrar una manera de acuerdo con el Sistema, con la guerra apenas en sus inicios...Había sólo una forma de tratar un problema así.
Los ocho miembros masculinos presentes escogimos una pajitas, y tres de nosotros, incluyéndome, resultamos elegidos para el piquete de ejecución. Cuando Powell comprendió que iba a ser ejecutado, intentó detenernos. Le atamos las manos y los pies, y tuvimos que amordazarlo cuando comenzó a chillar. Lo llevamos a una zona boscosa lejos de la autopista, a unas 10 millas al sur de Washington, le disparamos y lo enterramos.
Yo regresé poco después de medianoche, pero no pude dormirme. Estaba muy deprimido.