“ODIO”
EN LOS ESTADOS UNIDOS.

2. PRECEDENTES. DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA A LA REPRESIÓN DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
2ª parte. La voz americana ahogada por el poder oculto. De
Henry Ford a Joseph McCarthy.
La verdad sobre Henry Ford
El caso de Henry Ford demuestra la verdadera naturaleza del enemigo al que se enfrentó. El magnate del automóvil inició su denuncia del judaísmo en 1920, con la creación de un periódico llamado “Dearborn Independent” (llegó a tener 250.000 ejemplares de tirada), y recogió sus ideas fundamentales en su famosísima obra “El Judío Internacional”, que junto con los “Protocolos de los Sabios de Sión” y “Mi Lucha” dominaron la escena antijudía de la primera mitad del siglo XX y que han llegado con fuerza intacta hasta los comienzos del siglo XXI. Hoy han sido purgados de editoriales, librerías y bibliotecas.
Como ha sucedido siempre en Norteamérica, los hombres que se han enfrentado al Judaísmo no han sabido valorar sus propias fuerzas ni las del adversario, y se dieron cuenta del peligro con el paso de los años (con lo cual no recibieron un legado que les permitiera conocer en su totalidad al enemigo). Cuando Henry Ford intentó ir un poco más lejos, es decir, cruzó ese umbral de tolerancia que permiten a los gentiles (lo supieron bien Lincoln, Patton, Forrestal, McCarthy, Pound, Yockey, los dos hermanos Kennedy, Rockwell), se movilizó el mastodonte y aplastó al patriota norteamericano. Una campaña de prensa espectacular (con la cadena de periódicos propiedad de Hearst –Hirsch- a la cabeza), el judío Albert Einstein (padre de la bomba atómica contra Alemania y pacifista contra la URSS), los dignatarios traidores protestantes y católicos (el cardenal Spellman a la cabeza), silenciaron a los partidarios de Ford. Ford había filtrado la posibilidad de presentarse a las presidenciales (como Rockwell). No llegaron a destruirlo, porque intuyó que sería aniquilado sin esfuerzo por una organización visible e invisible como un iceberg (con la mayor parte de sus fuerzas subterráneas) y se sometió. Cuando Leni Riefensthal viajó a finales de los años 30 a Estados Unidos recibió el veto más feroz de Hollywood, sólo Walt Disney la recibió en privado, pero nada más. Él sabía que lo aniquilarían en caso de aparecer en público con ella.
(En
la imagen, Henry Ford recibiendo una orden de honor de la Alemania nacionalsocialista).
De hecho, la ofensiva judía contra Ford y sus empresas (el eterno boycot a los productos) fue de tal magnitud que sorprendió al mismo Ford. Sufrió un “accidente” que terminó de doblegarlo. Colaboró en esfuerzo bélico americano en la Segunda guerra Mundial. El gran luchador que era, fue humillado y obligado a una retractación publica.
En una carta pública con fecha del 30 de junio de 1927 se retracta de sus acusaciones y se compromete a no reincidir. Incluso lo obligan a afiliarse a una logia masónica de Detroit pro-sionista llamada “Palestina”.
Naturalmente, esto no afecta en absoluto a su libro. De hecho, es la rúbrica de autenticidad.
Ocultar la verdad tiene un efecto aún más perverso que difundir la mentira. No conviene sobredimensionar al adversario, pero aquel que lo infravalora nunca podrá ganar. Eso es lo le ocurrió a Ford.
El “Bund” germanoamericano.
En Estados Unidos, una quinta parte de la población era de origen alemán. Existían diferentes grados de asimilación según el tiempo que llevaban en Norteamérica. En la zona de los Grandes Lagos, la proporción de germanoamericanos era enorme (Milwakee lo era en un 90 % a principios del siglo XX).
El
Bund se organizó como heredero de los “Amigos de la Nueva Alemania”,
pero dirigido por norteamericanos y con fuerte presencia de los símbolos estadounidenses.
Pero de nuevo, el enemigo era más viejo y astuto.
La imagen de George Washington, padre de los Estados Unidos, esclavista, antijudío y cristiano; y la bandera americana presidían la reunión (en una nueva propaganda que acentuaba el americanismo). Las agresiones no acobardaron a los líderes del Bund.
El congresista judío Dickstein inició una investigación magnificada por la prensa, ¡sobre el dudoso patriotismo de los nazis americanos!

Cuando los enemigos del Bund decidieron que había llegado el momento de destruir la Alemania nacionalsocialista, rompieron por unos instantes la ficción de la democracia real, para convertir a los Estados Unidos en su “base”. Borraron al Bund, borraron la oposición católica liderada por el padre Charles Coughlin (sometido al silencio por sus superiores), borraron al oposición protestante (el pastor Winrod), aniquilaron a Lindbergh, etc.
Estas imágenes no son de Alemania, sino de Estados Unidos en los años 30.


La oposición de los católicos y protestantes a Roosevelt.
cuatro
millones de miembros. Un relativo fracaso electoral en 1936, tras presentar
un candidato presidencial, llevó al padre Coughlin a una profunda meditación
durante dos años. En 1938, inició unas emisiones que podríamos calificar de
corte fascista (estado corporativo y autoritario, acorde con las enseñanzas
de la Iglesia entonces: recordemos a los amigos oportunistas de la encíclica
“Mit brennender Sorge” en la que se llama la atención al régimen alemán
acerca del monopolio de la educación y las exageraciones racistas, que la
democracia estaba condenada decenas de veces en los escritos papales). Coughlin
fundó el Frente Cristiano, como alianza de los cristianos de cualquier confesión
contra el comunismo y la plutocracia. Es indudable que le vio las orejas al
lobo...Acusó a Roosevelt de servir al comunismo y a la plutocracia.
Su periódico Social Justice tenía un éxito notable, con una tirada de un millón de ejemplares. Propugnaba un aislacionismo radical (pues intuía que Roosevelt quería meter a Estados Unidos en una guerra con Alemania). Publicó una serie de artículos del propagandista nacionalsocialista alemán George S. Viereck y los Protocolos. En noviembre de 1938 fue explicando los Protocolos en sus emisiones radiofónicas dominicales. Tenía más de 3´5 millones de oyentes
Rápidamente se opusieron a su antisemitismo el cardenal Mundelein de Chicago y el católico Frank Hogan, presidente del Colegio de Abogados de los Estados Unidos, entre otros. Pero sus superiores no podían llamarle la atención, pues el padre Coughlin estaba en sintonía con la tradición milenaria de la Iglesia .
Había 2000 iglesias que vendían “Social Justice”, incluso el Bund Germano-americano distribuía el periódico. Aunque el sacerdote no tenía vínculos de ningún tipo ni con el Bund ni con Alemania, “Der Stürmer” de Julius Streicher citaba fragmentos del periódico. llegó a citar un discurso de Goebbels casi entero, con su firma.
Todavía en 1942, el padre Coughlin acusaba a los judíos de haber iniciado la guerra. Entonces intervino el Gobierno y prohibió el periódico y en respuesta a una iniciativa oficial, el cardenal de Detroit impuso silencio a Coughlin. Entregando los pastores al rebaño de los católicos norteamericanos en manos de los lobos del Gobierno Oculto.
En el lado protestante, destacó el pastor Gerald B. Winrod. Fundó en 1925 los Defensores de la Fe Cristiana. Como en el caso de Coughlin, él también tardó un poco en darse cuenta del origen del mal: el bolchevismo judío. Su trabajo se centró en el Apocalipsis de San Juan y en “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Sus folletos se repartían por millones en cárceles, hospitales, etc. La revista “The Defender” tenía 100.000 suscriptores. Difundió los Protocolos por los Estados Unidos. Dio numerosas charlas y conferencias. Encontró el mayor eco en el “Cinturón Bíblico” (especialmente en Kansas). En este estado se presentó como candidato al Senado, logrando 54.000 votos contra cuatro adversarios más. Ya entonces se organizó una campaña contra él para “mantener el fascismo fuera de Kansas”. Winrod ofreció un apoyo total a la Alemania nacionalsocialista. En la prensa alemana se le calificaba como el “Streicher estadounidense”. No llegó a articular un movimiento político y su anticatolicismo virulento debilitó la lucha contra el “Enemigo”.
El caso de Charles Lindbergh.
Charles Lindbergh, el aviador más famoso del siglo XX. Aquel que cruzó el Atlántico en su avión “El espíritu de San Luis” y fue admirado y querido por millones de norteamericanos como nadie antes.
Ante
su sincero patriotismo y su integridad personal, el Enemigo estaba temeroso.
El primer golpe fue el secuestro y asesinato de su hijo el 1 de marzo de 1932, supuestamente por un tal Hauptmann. El juicio fue una pantomima y el primer ensayo de manipulación masiva de los medios de comunicación.
La campaña contra Roosevelt y los belicistas que le sostienen arrecia en todo el país. El senador Lindbergh es uno de sus más calificados líderes. Pero Lindbergh será políticamente asesinado por una de las más sucias y estruendosas campañas difamatorias que el mundo ha visto. Mostrando claramente que obedecen a una voz de mando y a una consigna general, la Gran Prensa, la Radio y Hollywood atacan al senador desde todos los ángulos; se desentierran viejos asuntos que conciernen a la familia de su esposa; se insinuará que se ha dedicado, al tráfico de influencias; se pedirá, muy seriamente, que se le someta a examen psiquiátrico; se publicarán frases dichas por él diez años atrás, pero teniendo buen cuidado de alterarlas convenientemente o de citarlas fuera de su contexto...
En
la imagen recibiendo una condecoración de manos de Hermann Goering. Aquello
fue la excusa que sus enemigos esperaban.
Charles
Lindbergh es destruido socialmente. El hombre que el Partido republicano pensaba
oponer a Roosevelt en las elecciones de 1940.
El 3 de enero de 1940, Roosevelt pronuncia un discurso ante el Congreso, insultando repetidamente al III Reich. Los términos empleados por el presidente son de una dureza inaudita y se apartan tan completamente de la línea del lenguaje diplomático, que su discurso es interrumpido varias veces por diputados republicanos y hasta de su propio Partido. Una encuesta realizada por el Instituto Gallup demuestra que el 83% de los norteamericanos son opuestos a la entrada de su país en la guerra. El famoso piloto Lindbergh acusa a Roosevelt y a su Gobierno de intentar mezclar a los Estados Unidos en la guerra de Europa.
El famoso discurso de Lindbergh en Des Moines, el 11 de septiembre de 1941, le supuso el absoluto ostracismo social. Denunció que los judíos llevaban a Estados Unidos a la guerra y a la destrucción. Las cientos de condecoraciones, nombramientos honorarios, etc, les fueron retirados o reclamados para su devolución.
Harold Ickes, ministro del Interior, replica acusando públicamente a Lindbergh de ser el «Quisling» de América. Para el judío Ickes, Lindbergh y el 83% de americanos que pensaban como él eran unos «Quislings». (Quisling fue un político noruego que apoyó a Alemania y fue considerado por la propaganda de guerra aliada como el arquetipo del traidor. Los que apoyaron a la URSS eran los patriotas y liberadores).
La represión.
La
cárcel y los campos de concentración terminaron con la oposición norteamericana
a la guerra judía contra Alemania.
En marzo de 1942, se inició el internamiento de norteamericanos de origen japonés (77.000) y japoneses (43.000). Pero los japoneses residentes en Hawai no fueron internados en masa.
Los germanoamericanos y alemanes estuvieron internados hasta 1949, es decir, cuatro años después del final de la guerra.
Hay estudios no publicados que prueban que los norteamericanos de origen alemán sufrieron mutilaciones y castraciones en los cuarteles durante la primera Guerra Mundial. Los sufrimientos fueron atroces en ambas guerras.
La
“ley del silencio” tras la Segunda Guerra Mundial.
El caso Forrestal.
Intentó convencer a Franjlin D. Roosevelt, hijo, de que los judíos dominaban los Estados Unidos (escogió a un judío y masón). Éste se enfureció. Recibió advertencias de los poderes ocultos.
Forrestal se había opuesto al repentino
desarme de Estados Unidos y a la entrega de China al comunismo (que ha supuesto
más de 60 millones de asesinatos sin contar más de dos mil millones de abortos
forzosos).
La suerte de Forrestal estaba echada. Se desencadenó una campaña de prensa en su contra por defraudar al Fisco (otra vez).
repuesto y preparado para la batalla.
El Almirante Ellis M. Zacharias dice que “vivió en peligro desde el momento en que resolvió explorar el problema del Poder Norteamericano. Tenía que vérselas con una mala palabra de cinco letras”. Se refiere a la palabra “judío”.
Uno de los textos en los que se refleja más fielmente la presión antialemana de Roosevelt y la judería, es precisamente el "Diario", de Forrestal. Este último relata con fecha 27 de diciembre de 1945 una conversación que sostuvo con el padre del futuro presidente de los Estados Unidos. Se expresa así:
"Hoy he jugado al golf con Joe Kennedy. (Joseph P. Kennedy, embajador de Roosevelt en la Gran Bretaña en los años inmediatos al estallido de la guerra.) Yo le pregunté sobre la conversación sostenida con Roosevelt y Neville Chamberlain en 1938. Me dijo que la posición de Chamberlain en 1938 era la de que Inglaterra no tenía que luchar y que no debería arriesgarse a entrar en guerra con Hitler. Opinión de Kennedy: que Hitler habría combatido a Rusia sin ningún conflicto ulterior con Inglaterra, si no hubiese sido por la instigación de Bullitt (William C. Bullitt, después embajador en Francia), sobre Roosevelt en el verano de 1939 para que hiciese frente a los alemanes en Polonia, pues ni los franceses ni los ingleses hubieran considerado a Polonia causa de una guerra si no hubiese sido por la constante presión de Washington. Bullitt dijo que debía informar a Roosevelt de que los alemanes no lucharían; Kennedy replicó que ellos lo harían y que invadirían Europa. Chamberlain declaró que América y el mundo judío habían forzado a Inglaterra a entrar en la guerra."
“Prohibido pensar y escribir”: Yockey.

A continuación citamos fragmentos del prólogo de Willis Carto al libro de Yockey, “Imperium”:
“El único crimen auténtico de Francis Parker Yockey fue escribir un libro, y por ello debía morir.
Francis Parker Yockey nació en Chicago en 1917. Yockey era un pianista a nivel de concierto; también era un dotado escritor. Estudió idiomas y se convirtió en lingüista. Como abogado, nunca perdió un caso. Poseía una comprensión extraordinaria del mundo de las finanzas... lo cual es sorprendente, porque sabemos que en su filosofía la economía es relegada a una posición relativamente poco importante. Y es como filósofo que Yockey llegó a la cumbre y como a tal se le recordará; fue un hombre de una visión increíble. Además, su personalidad se completaba con el precioso don del sentido del humor.
Como la gran mayoría de americanos, Yockey se opuso a la intervención de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (entre el 80 y el 90 %). No obstante, se alistó en el Ejército y sirvió hasta 1942, donde recibió una honorable licencia médica. Durante los siguientes años se dedicó a la práctica de su carrera, primero en Illinois, y después en Detroit donde fue nombrado Ayudante del Fiscal del Condado de Wayne County, en Michigan.
En 1946, a Yockey se le ofreció un empleo en el tribunal de los crímenes de guerra y fue destinado a Europa, concretamente a Wiesbaden, donde los Nazis de "segunda línea" debían ser juzgados y castigados. La Europa de 1946 era un continente asolado por la guerra, no la próspera tierra que conocemos hoy. Contemplando las matanzas, y viendo con sus propios ojos los efectos del inmundo Plan Morgenthau cuyo propósito era la muerte por inanición de treinta millones de alemanes, y que estaba poniéndose en práctica en aquél momento, él debió, sin duda, sentir reforzada su convicción de que la entrada de América en la guerra había sido un espantoso error. Y sintiendo la fuerza del siniestro poder del Este, probablemente debió preguntarse qué intereses estaban siendo protegidos con una tal “victoria".
Como el Senador Robert A. Taft y muchos otros hombres de aquélla época que tuvieron el coraje de declarar sus convicciones, Yockey llegó a la conclusión de que todo el procedimiento de los “Juicios por crímenes de guerra" servía a los intereses -y había sido creado para servir los intereses - del comunismo internacional. El uso de la tortura, la falsificación de pruebas y el uso de leyes ex-post-facto ante un tribunal que era juez, jurado, fiscal y defensa a la vez constituían solamente una parte de los absurdos aspectos jurídicos.
Durante once meses, el trabajo de Yockey en Wiesbaden consistió en preparar informes sobre diversos casos. Le llamaron la atención y dimitió. Estuvo unos meses en Norteamérica.
Fue a finales de 1947 cuando Yockey regresó a Europa. Se instaló en una tranquila posada de Brittas Bay, en Irlanda. Aislado, concentrado en sí mismo, empezó a escribir, y en seis meses -trabajando sin notas- Francis Parker Yockey completó "Imperium".
Publicó su libro “Imperium” en 1948, venciendo extraordinarias dificultades para encontrar editor y financiar su edición.
Al organizar el Frente de Liberación Europeo en 1949, él y sus amigos lanzaron un manifiesto llamado "La Proclamación de Londres”. Pero, a parte de ser apaleados en Hyde Park, no lograron nada más.
En 1952, el Departamento de Estado rehusó renovarle el pasaporte. Lo solicitó repetidas veces, pero todas le fue denegado.
El FBI lo vigilaba día y noche. Fue encarcelado por falsificación de pasaporte. Con criminales de todo tipo.
Un viernes por la mañana, día 17 de Junio, Murió Yockey. Se encontró una arrugada nota. El forense declaró que se trataba de un suicidio y que el veneno empleado fue el cianuro de potasio. Nadie supo dónde pudo obtenerlo. El caso se dio por sobreseído.
Un periodista susurró a una de las hermanas de Yockey: "Su hermano es un mártir; el primero de una larga lista... si queremos recobrar nuestro país de manos de los que nos lo han robado."
El hecho de que fuera arrestado en el domicilio de un amigo judío -a pesar de que tal amigo le repudiara más tarde- es suficientemente instructivo. No aprenderemos nunca...
El significado del seudónimo que Yockey escogió como autor de "Imperium", Ulick Varange, debe ser tenido en cuenta. Ulick es un nombre irlandés, derivado del danés, y significa "recompensa de la mente". Varange, naturalmente, se refiere a los varangios, esas bandas de héroes nórdicos que, al mando de Rurik y a invitación de los eslavos, civilizaron Rusia en el siglo IX, construyeron el Estado Imperial Ruso y formaron la elegante y dotada aristocracia rusa hasta que fueron asesinados por los bolcheviques, juntamente con otros veinte millones de cristianos y musulmanes. El nombre, por consiguiente, extraído de los extremos occidentales y orientales de Europa, significa una Europa unida "desde los rocosos promontorios de GaIway hasta los Urales", como él mismo exhortó. El apellido, Varange, en fin, significa el origen occidental de la Rusia histórica.
La “caza de brujas” del senador Joseph McCarthy.
McCarthy, ferviente anticomunista y patriota americano trató de oponerse al enemigo que entonces controlaba los resortes del poder (hoy ya es el poder mismo). Antes había cometido el “crimen” de denunciar la actuación americana en Alemania, el trato a la población civil, etc. Por cierto el joven abogado que apoyó al senador se llamaba Richard Nixon (años más tarde le harían pagar su atrevimiento con el famoso montaje del “Watergate”, esgrimido por todos los liberales del mundo como prueba de que la democracia impera el Estados Unidos).
El senador Joseph McCarthy afirmó el 14 de marzo de 1950 que “la misma administración es la que está nulificando los esfuerzos (defensivos), bien sea por incompetencia o por traición”.
Denunció una vastísima conspiración comunista en todas las esferas del gobierno americano. Daba la “casualidad” que el 99 % de los tales eran judíos.

McCarthy con sus “ayudantes”, los judíos David Schine y Roy Cohn (1953)
El senador judío Herbert H. Lehman acusó al senador de estar levantando el “horripilante símbolo del antisemitismo”.
El 2 de diciembre de 1954, una voto de censura en el Senado lo condenó. McCarthy murió en 2 de mayo de 1957. Por cierto, en el Hospital de Bethesda, Maryland. La prensa dijo que por los efectos del alcohol...
En la película “Tempestad sobre Washington” se trata este asunto de forma muy cuidada para desviar la preocupación del pueblo norteamericano.
McCarthy ha quedado como símbolo de la inquisición, del oscurantismo...no los responsables de que más de cien mil norteamericanos murieran en la guerra de Corea y en Vietnam. Así escriben la historia los escribas... “La caza de brujas” llamaron sus enemigos a este período en que una vez más un hombre solo tuvo que enfrentarse al Mastodonte.
La lista de mártires es interminable...
Para ilustrar otros innumerables casos, citamos un texto completo del magnífico libro de Bochaca:
“Otro caso que ilustra claramente los métodos empleados por el equipo de Roosevelt para eliminar a toda oposición nacional que desea conservar la neutralidad del país, es el de Huey P. Long. Mr. Long, senador por Louisiana, denunció varias veces la política belicista y procomunista de Roosevelt y sus acólitos del «Brains Trust» desde su subida al poder, en 1933.
El 9 de agosto de 1935, Long habla en el Senado para profetizar su propio asesinato; lee un documentado rapport en el que se dice que un grupo de «henchmen» (satélites, empleados) de Roosevelt se han reunido en un hotel de Nueva Orleans para preparar su liquidación física. La presunta víctima muestra incluso la cinta de dictáfono que recoge diversas fases de la reunión aludida. El Senado en pleno se ríe de Huey Long, la Prensa le trata de loco y, como es costumbre, se pide el examen psiquiátrico del senador. Pero no habrá necesidad de reconocimiento médico... Tres semanas después, el senador Long, que fue, cronológicamente, el primero en darse cuenta de que Roosevelt quería provocar una guerra en Europa para luego hacer entrar a los Estados Unidos en la misma, y osó denunciar públicamente la maniobra, es asesinado, ante el State Capitol Building, por un emigrado judío, Karl Weiss, que dispara sobre él varias tiros a quemarropa.
Gerald L. K. Smith, que describe este hecho y otros similares, manifiesta que la familia de Long fue amenazada y los miembros de su Gabinete político sobornados para que no pidieran una investigación oficial sobre el asesinato y las circunstancias que lo rodearon. También el F.B.I. fue paralizado por órdenes directas de la Casa Blanca.
Fue, también, por esta época, cuando ocurrieron las extrañas y oportunísimas muertes de los senadores Shawl, por Minnesota, y Cutting, por Nuevo Méjico, que también se habían distinguido en la lucha política contra la obsesión belicista, germanófoba y prosoviética de Roosevelt y Hopkins. John Simpson, presidente de la «Farmers Union» de Oklahoma City, y contrario decidido a la intervención americana en los asuntos europeos pereció, también, por aquél tiempo, en bien extrañas circunstancias. En cuanto a Oswald K. Allen, que sucedió al asesinado Huey Long como senador por Louisiana, murió unas semanas después de haber tomado posesión; díjose que su muerte fue causada por envenenamiento. Allen se proponía abrir una investigación oficial sobre el asesinato de su predecesor.
El doctor William Wirt, senador por Indiana, acusó formalmente a la administración de Roosevelt de planear la entrada del país en la guerra. Especificó que el vicepresidente, Henry Wallace, y los «brain-trusters» Frankfurter, Rex Tugwell y Sam Rosenman eran los abogados de una futura alianza política y militar con la U.R.S.S. El Senado se rió del doctor Wirt. Unos meses después, William Wirt falleció repentinamente; su familia pidió que se le hiciera la autopsia, pero las autoridades negaron la autorización.
Edward Jones, multimillonario, propietario de pozos de petróleo en Texas, fue captado por la administración de Roosevelt como funcionario del «New Deal». Como Jones se diera cuenta de que el objetivo perseguido por los «new-dealers» era «socializar» América, presentó la dimisión de su cargo y se dispuso a alertar la opinión pública del país. Los inspectores del Fisco le visitaron cinco días después de su dimisión como miembro del «New Deal»; fue condenado a setenta y cinco años de prisión, por delitos fiscales. El coronel Myles Lasker, abogado de la señora Roosevelt y correligionario suyo, visitó a Mr. Jones en la cárcel y le ofreció «olvidar el asunto» si aceptaba volver a su anterior cargo oficial.
Los procedimientos especiales utilizados por Roosevelt para eliminar a los hombres y fuerzas que se oponían a su política belicista, en el plan exterior, y marxista, en el plan interior, tuvieron su paralelo en los medios empleados para silenciar o liquidar políticamente a los miembros del Cuerpo diplomático que, habiéndose dado cuenta de las intenciones del presidente, intentaron impedir su realización. Los casos de Tyler Kent, Joseph P. Kennedy y del embajador Earle son particularmente aleccionadores.
Tyler Kent, alto empleado de la Embajada americana en Londres, comunicó a sus amigos Anna Wolkoff, Archibald M. Ramsay y Christobel Nicholson que había visto ciertos documentos que demostraban que Roosevelt, contrariamente a lo prometido a sus electores, estaba comprometiendo a los Estados Unidos en la conflagración mundial, en connivencia con influyentes grupos judíos -y no judíos- de Londres y Nueva York. Kent ocupaba un cargo que le permitía acceso a los mejor guardados secretos: era jefe del Gabinete de Cifra.
Ciertos mensajes enviados por Roosevelt a Churchill y descifrados por Kent, hacían estado de la ayuda del presidente norteamericano al futuro Primer Ministro británico, para desacreditar internacionalmente a Chamberlain, todavía «Premier» y obstáculo a los métodos de la «guerra total». Otros mensajes se referían a los sistemas que se emplearían para burlar la «Neutrality Act.» Kent intentó hacer conocer estos hechos al pueblo americano -no olvidemos que los Estados Unidos eran, todavía, un país neutral- mediante una conferencia de Prensa. Pero no pudo realizar su propósito. La Policía británica le detuvo, a pesar de su inmunidad diplomática; un tribunal especial inglés que no tenía ninguna jurisdicción sobre Kent, ciudadano americano óle juzgó y le condenó a siete años de prisión, en la isla de Wight.
John E. Owen, hijo del cónsul americano en Copenhague y amigo personal de Kent, enterado de la situación en que éste se encontraba, se trasladó a los Estados Unidos para informar al pueblo de los métodos que utilizaba su democrático presidente. Owen, conocedor de todos los detalles del caso Kent, debía hablar por radio acerca del mismo, pero no pudo hacerlo. La víspera de su conferencia radiofónica se le encontró muerto por envenenamiento.
Joseph P. Kennedy, embajador norteamericano en la corte de Saint James, hizo un viaje a su patria, poco antes de la entrada oficial de ésta en la guerra y, nada más desembarcar, manifestó: "Para meter a éste país en la guerra de Europa, tendrán que pasar sobre mi cadáver". Kennedy sabía perfectamente que la guerra era innecesaria, no ya para los Estados Unidos, sino incluso para Inglaterra, y que ésta podía tener la paz con Hitler cuando quisiera... pero olvidó que él, personalmente, era vulnerable. Su colosal fortuna había sido amasada en tiempos de la Ley Seca, mediante el contrabando al por mayor de licores; por otra parte, sus relaciones con el Fisco de los Estados Unidos distaban mucho de ser cordiales. Así, poco trabajo les costó a Harry Hopkins y a su «gang» de la Casa Blanca, hacer callar a Kennedy, bajo chantaje.
Además, Kennedy, uno de los diplomáticos de primera fila del país, no volvió a ser acreditado en ninguna otra capital extranjera. Y aunque un hijo suyo llegó nada menos que a la presidencia y fue, hasta su trágica muerte, servidor fiel de Wall Street, una extraña «maldición» parece pesar sobre esta familia.
John Winant, sucesor de Kennedy como embajador en Londres, no fue obediente ejecutor de las consignas de Roosevelt, se preocupó más de los intereses americanos que de las necesidades bélicas inglesas y se dio cuenta de porqué su predecesor Kennedy había sido «dimitido». Winant se opuso a los planes de Roosevelt y Hopkins, pero, al igual que Kennedy, era «vulnerable». (Escoger colaboradores «vulnerables» es práctica política muy corriente en estos tiempos; así están sujetos, en caso de desobediencia, por el procedimiento del chantaje. Winant había heredado una colosal fortuna, pero los medios con que ésta habíase constituido distaban mucho de ser regulares. Puesto en la disyuntiva de dar su caución a las maniobras de Roosevelt o ver el nombre de su familia en el lodo y su fortuna sujeta a una comisión investigadora del Fisco, optó por dispararse un tiro en la sien.
Pero tal vez el caso del embajador Earle es el más aleccionador de todos. Earle, ex gobernador del Estado de Pennsylvania llegó a ser, prácticamente, el «segundo de a bordo» en la dirección de la maquinada política del «New Deal». A principios de 1940, Roosevelt le envió como embajador a Sofía. Un día recibió una comunicación de Franz von Papen, entonces embajador alemán en Bulgaria. Von Papen transmitió a Earle una detallada proposición del Gobierno del Reich, tendente a evitar una guerra entre los dos países. A parte de la promesa de respetar las zonas de influencia americanas en el Pacífico y el Atlántico, Alemania se comprometía a cortar sus relaciones comerciales con Latinoamérica, que volvería a formar parte del sistema económico norteamericano. A cambio de ello, el Reich pedía la neutralidad de los Estados Unidos en el conflicto armado europeo. Earle se trasladó rápidamente a Washington y transmitió el mensaje a Roosevelt, pero éste le ordenó callar. Earle objetó contra tal orden y quiso alertar al país sobre las medidas belicistas de su presidente.
Earle fue entonces destinado como agregado naval a una isla del Pacífico Sur, en el archipiélago de las Samoa, donde permaneció durante toda la guerra, virtualmente como un prisionero”. (Fin de la cita).
Luego vendría la China comunista (que hoy sigue siendo mimada con periódicos
“desencuentros” muy medidos), la Unión Soviética como potencia nuclear y la
destrucción de Europa Oriental, el comunismo en Cuba, la sangrienta descolonización
y recolonización de las multinacionales, el montaje teatral de la Guerra Fría,
el desmontaje teatral del “Bloque comunista” y la actual mundialización de
la “Economía”...Todo ello convenientemente adobado por los medios de comunicación
y Hollywood. ¿Alea jacta est?
*
* *
“Cuando los Malvados se ponen de acuerdo, los Buenos deben asociarse;
en caso contrario, irán cayendo uno a uno; un sacrificio cruel en una lucha
vana”.
Edmund Burke
*
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Bibliografía
recomendada:
Esperpento
bibliográfico: