LA MITOLOGIA VASCA.
Aspectos principales y origen indoeuropeo

0. Introducción

La mitología vasca es, sin duda, una de las grandes olvidadas dentro del campo de estudio de las mitologías europeas. A pesar de ser extraordinariamente rica, pocos expertos, tanto nacionales como internacionales, han tratado con profusión la mitología vasca, si exceptuamos, a nivel patrio, a la figuras guipuzcoana del Padre José Miguel de Barandiarán, referencia absoluta en esta materia y del cual se han tomado un gran número de datos y anotaciones para la elaboración de este opúsculo. Tampoco se ha de olvidar a los no menos importantes Resurrección María de Azkue y de Julio Caro Baroja, ambos también oriundos de la misma tierra que vio nacer a tantos y tantos prohombres. De suelo extranjero, son destacables los trabajos llevados por la francesa Julien Vinson y el británico Wenworth Webseter, así como el manual Die Prähistorischen Hohlen in der baskischen Mythologie editado por el Instituto de Historia de la ciudad germana de Leipzig (1), uno de los verdaderos centros de estudio de las ciencias, artes y cultura europeas.


A pesar de los extensos y elaborados trabajos antes mencionados y de sus brillantes exposiciones, existen historiadores y etnólogos con, según mi opinión, manifiesta mala fe, que consideran que el pueblo vasco no es culturalmente indoeuropeo debido a que el Euskera no desciende de ese núcleo lingüístico. A día de hoy, se desconoce el origen del idioma vascongado, aunque sabemos que es pre-indoeuropeo, y a nivel racial, nadie discute que el vascongado es indudablemente de tipo ario. Esa teoría esencialmente basada en el aspecto lingüístico es, a mi modo de entender, errónea en planteamiento. En primer lugar, porque al desconocer el origen del Euskera, no se está en condiciones de afirmar si este idioma es el autóctono de los vascos. Existen teorías que explican el porqué de que un pueblo étnicamente indoeuropeo, no tiene una lengua acorde con su origen. Una de las explicaciones más robustas, dentro de la suposición, es que los vascos adoptaron, por motivos desconocidos, una lengua ajena a ellos. Es probable que al asentarse en la Vasconia actual, existiese un pueblo anterior a esta migración, y que los vascos hiciesen propio ese idioma. Esta suposición encajaría dentro de la teoría de las migraciones indoeuropeas.


A nivel cultural, la consideración de la no pertenencia al tronco cultural y mitológico indoeuropeo es algo, bajo mi entender, falto de toda base. Es cierto que la cultura y mitología vascona tiene ciertas diferencias con la mediterránea e incluso con la germánica qué, como hemos comentado antes, es relativamente deudora de la latina. Empero, también son ciertas e indiscutibles las similitudes vascas con la rama septentrional, como creo haber analizado a lo largo de este opúsculo. Como podrá comprobar el Lector a medida avance en la lectura de este opúsculo, la presencia de una sociedad matriarcal tanto en caso vasco como nórdico (a diferencia de la germánico-mediterránea), una población dispersa en el modelo vasco-nórdico frente al germano-meridional de tipo concentrado y unas actividades económicas similares en los casos vascongado y septentrional (caza, pastoreo y guerra en el primero y caza, pesca y guerra en el segundo) frente a un predominio agrícola son, bajo mi perspectiva, fundamentos suficientes para defender mi supuesto teórico (2).


El objetivo de este escrito es, en primer lugar, tratar de describir del modo más diáfano y conciso posible, los aspectos y personajes más importantes de la mitología vasca y, en definitiva, de las tradiciones y costumbres seculares de los vascos previas a la cristianización del territorio. No cabe duda que este opúsculo se deja muchas tradiciones y personajes en el tintero, pero resulta imposible poder referirse a todas y todos ellos, ya que la riqueza de la mitología vasca es enorme. La publicación de este escrito, por lo tanto, busca introducir al Lector en el conocimiento de estas creencias seculares de los vascongados y no describirlas exhaustivamente.
En segundo y último lugar, pero no por ello menos importante, es mostrar al Lector las pruebas que, bajo mi opinión, demuestran de manera indudable y taxativa la pertenencia de la mitología vasca al tronco cultural indoeuropeo.

1. La cristianización de Vasconia y el fin del paganismo

Evidentemente, es absolutamente imposible determinar cuando los vascones empezaron a tener el conocimiento de una realidad, aun hoy en día, desconocida para el ser humano como es la supraterrenal. Se debe indicar que, todavía en los tiempos contemporáneos, no tenemos datos empíricos que nos rebelen cuando se asentó la etnia vasca en los territorios conocidos actualmente como Vasconia, por lo que se antoja harto difícil, poder determinar cuando los vascos empezaron a desarrollar su propio mythos.


De lo que sí se puede hablar, manteniendo ciertas reservas, es cuando Vasconia abandonó las creencias mitológicas o paganas (1) para convertirse a la nueva religión imperante en Europa, el cristianismo.


Según fuentes y archivos episcopales, refrendados por el estudioso ataundarra José Miguel de Barandiaran, existen datos que aseveran que, desde el siglo IV d.C., hay constancia de la presencia de cristianos en Calahorra (2), Pamplona, Bayona y en ciertas comarcas de Álava.
A pesar de esa minúscula información en los casos mencionados, no existen datos fidedignos sobre cuando se produjo la cristianización en Vizcaya y en Guipúzcoa.


En el caso de la primigenia Vardulia, la teoría más aceptada es que fue cristianizada a finales del siglo XI. Por aquellas fechas, fue, además, cuando se formó la personalidad jurídica y política del territorio, con su primer Conde, Garsea Azenariz (3), y su esposa, Gaila de Ipuccha (4), de cuyo apellido probablemente proviene el actual nombre de Guipúzcoa. Al igual que en el caso guipuzcoano, se considera que Vizcaya y las tierras pirenaicas pertenecientes al Viejo Reino de Pamplona (5), fueron cristianizadas en similares fechas.


Como se puede comprobar, la cristianización de “La Provincia”, nombre que recibía Guipúzcoa hasta principios del siglo XX (6), Vizcaya y la Vasconia pirenaica fue muy tardía, en relación con los territorios circundantes. Evidentemente, una evangelización no es algo rápido y absoluto, por lo que se puede suponer que se mantuvieron ritos y Dioses propios anteriores.


De hecho, y a lo largo de su gobierno, el Rey de Pamplona, Sancho III “El Mayor” (7), fue acusado de no perseguir a herejes paganos. Es un hecho cierto que este monarca no actuó de modo acorde con las exigencias eclesiales, en especial de las provenientes de la Orden de Cluny la cual perseguía lograr que los monarcas del orbe cristiano estuviesen sometidos a la autoridad del Santo Padre de Roma (8). Y no sólo eso, sino que además, se abstuvo de perseguir las creencias precristianas de algunos de sus súbditos guipuzcoanos, los cuales, conformaban la primera línea de combate del ejército del antiguo Reino. En algunos de sus escritos, Sancho III dejó constancia de aquellos valerosos soldados guipuzcoanos, indómitos, belicosos y, también, paganos. Además de por sus indudables éxitos políticos, se debe agradecer la no persecución para con los vascones herejes desde el planteamiento cristiano. Gracias a él, todavía hoy se conservan, aunque ciertamente adulterados, muchos de los usos y ritos originales y propios de la mitología vascongada.


Muchos de ellos, se han mantenido hasta periodos contemporáneos, pero inmersos en ritos de corte cristiano. Existen casos en todos los territorios que pertenecieron al Ducado de Vasconia (9). En el pueblo de Itsasondo, enclavado en pleno Goierri guipuzcoano, el cura de la localidad ascendía, cada siete años, al Monte Muru o Murumendi a celebrar Misa delante de la entrada de la sima donde habitaba Mari, la Diosa numen de la mitología vasca (10).

2. Mari o Maya

Mari o Maya era la Diosa mayor, es decir, la veleidad numen del paganismo vasco. Su nombre, como bien indicó el insigne etnólogo Padre José Miguel de Barandiarán, solía ir acompañado de un gentilicio, dependiendo, según las leyendas mitológicas vascas, donde se mostraba. Acerca del origen del nombre de Mari o Maya, existen diversas hipótesis, ninguna de ellas teorizada, por lo que no considero necesario mencionarlas al no ser este opúsculo un monográfico sobre esta Diosa (1).


Existen además diversas variantes sobre su representación. En Durango, Rentería, Elorrio, Azpeitia, Ascain y otras localidades aparece en forma de una mujer elegantemente vestida que sostiene en sus manos un palacio de oro, mientras que, por ejemplo, en Azcoitia, cuentan las leyendas, Mari se presentaba como una mujer con una halo que circundaba su cabeza en forma de luna llena. Se puede decir que Mari o Maya era representada en cada pueblo vascongado de un modo diferente, pero se conviene que siempre era representada en sexo femenino.


La Diosa principal de la mitología vasca tenía unos poderes acordes con su rango de poder. Mari mostraba dos caras. La primera era de Diosa benefactora que acudía en apoyo de quienes solicitaban su ayuda y premia a aquellos que no dudan de su fe a Mari o Maya. La otra cara es justiciera: Mari fragua tempestades, envía pedriscos a campesinos que osaban conspirar contra la Diosa, castiga con inquietudes interiores a los faltosos, etc...


Mari tenía especial predilección por habitar en simas y cuevas, en las salidas al exterior de las cuales se mostraba a los humanos. Al analizar la geomorfología de Vasconia, se puede observar que la mayor parte de los accidentes geológicos mencionados, están en zonas montañosas. Es muy probable que los vascos primitivos sintieran verdadera fascinación por la montaña y, por lo tanto, resulta evidente que la Diosa se mostrase en dichos lugares. No se debe olvidar que las religiones precristianas estaban adaptadas para el hombre y no viceversa, que es el caso de las religiones de origen semítico.


Entrar en la casa de Mari estaba prohibido y quien se atrevía a cruzar el umbral, corría el riesgo de desaparecer para siempre en las tinieblas de la oscuridad de las cuevas y simas en las que habitaba el numen.


Según cuenta una leyenda azcoitiarra, Mari estaba casada con Maju, el cual aparece de forma semejante a aquella. A pesar de ser el marido de Mari, Maju está considerado como un Dios menor y apenas tiene repercusión en la mitología vasca.


Tras la cristianización de Vasconia, iniciada en los albores del siglo IV d.C. y finalizada sobre el XI, el culto a Mari fue entremezclado con ritos de tipo cristiano. En el caso de Guipúzcoa, concretamente con rituales relativos a la Virgen María, cuyo nombre fue traducido al idioma vasco como Andra Mari. De hecho, hoy en día se siguen conservando, especialmente en las boscosas tierras que rigió Garsea Azenariz, ritos paganos inmersos en el culto cristiano. Como he reseñado en el primer capítulo de este escrito, el párroco de Itsasondo asciende el Murumendi a celebrar Misa delante de la sima en la que apareció Mari. Este es un claro ejemplo de esa interrelación que se produjo entre las creencias autóctonas vasconas y el cristianismo.


Es tal la influencia de esta Diosa en Vasconia que su presencia no se ciñe exclusivamente a la mitología. Existe un libro de linajes que asegura que don Diego López de Haro, primer Señor de Vizcaya, se casó con una de las dos hijas de Mari (2).


Bajo mi punto de vista, Mari constituye un caso único en las leyendas paganas europeas por dos motivos. El primero de ellos, por ser, evidentemente, una veleidad femenina y, el segundo, por las diversas formas en las que era representada. Por regla general, se puede afirmar que el Dios mayor de las diversas mitologías europeas tenía una representación estable, aun con ligeras variables. Probablemente, la ausencia de una escritura en el caso vasco, hizo difícil que existiera una uniformidad en este aspecto. Mientras, por ejemplo, en los casos septentrionales ya existía una escritura llamada futhark (3) qué, además, de legar una mejor constancia de los usos de la época, facilitaría la comunicación entre los integrantes del mismo grupo étnico.


Aun así, no resulta extraño que el Dios más poderoso de las antiguas creencias religiosas vascas fuera femenino. No se debe olvidar en ningún momento el carácter matriarcal de la sociedad vasca. El hombre era eminentemente cazador, pastor y/o guerrero. Las dos primeras profesiones exigían practicar la transhumancia y la tercera, según las circunstancias de la localización del conflicto. Por el contrario, la mujer se dedicaba a labores agrícolas y hogareñas, además del cuidado de la familia, y no acostumbraba a abandonar su comarca.


La mujer constituía, en tiempos primitivos, el pilar sobre el que sustentaba la primitiva sociedad vasca, ya que sobre ella recaía la responsabilidad del cuidado y del orden dentro de los núcleos familiares. El hombre se dedicaba a labores que exigían pasar durante largas temporadas fuera del hogar. Ocupaciones que, además, tenían altos niveles de riesgo, como era la caza y la guerra. Y, la mujer, debía suplir el hueco dejado por su compañero.


Además, estas afirmaciones, en mi opinión, demuestran la pertenencia de la etnia vasca, en lo relativo a sus tradiciones, costumbres y creencias, al tronco cultural septentrional europeo. En naciones como Suecia, Noruega, Islas Feroe, Dinamarca e incluso la antigua Anglamark (4), el matriarcado ha sido un uso social mantenido hasta tiempos actuales y que aún continúa vigente. La única diferencia entre estos pueblos y el vasco fue que, este último, no tuvo una actividad marinera destacable hasta entrada bien entrada la Edad Media.

Probablemente fue debido al diferente tipo de establecimiento poblacional, ya que mientras los vascos se asentaban en valles y pie de montes, las áreas costeras se mantuvieron hasta la cristianización prácticamente despobladas. En el caso nórdico, los puntos más densamente poblados eran los entrantes de mar que se introducen tierra adentro entre paredes rocosas relativamente escarpadas definidos como fjöthr (5) en las lenguas escandinavas.


Por el contrario, en las zonas culturales germánicas y mediterráneas ha prevalecido la figura del hombre, del pater familias, frente a la mujer. Bajo mi juicio, esto es debido a que en las sociedades germánicas y meridionales su modo de vida era, esencialmente, agrícola y de carácter más sedentario y concentrado que las septentrionales.


Llegado a este punto, he de indicar, a fin de evitar interpretaciones erradas, que no se debe entremezclar la estructura social europea septentrional o nórdica con la germánica, error, por otro lado, muy habitual. Entiendo que, por razones fundamentalmente geográficas, los germanos estuvieron más cercanos de los mediterráneos que los septentrionales, separados, excepto en el caso de Dinamarca, por diversos mares del continente.

3. Las Lamias o Lamiñas

Las Lamias o Lamiñas eran personajes femeninos (1) de la mitología vasca que tenían forma humana en la parte superior del cuerpo, mientras que en la inferior, adoptaban morfologías de diversos animales. En las comarcas del interior del País Vasconavarro, las extremidades inferiores eran análogas a las de los ánades, gallinas e incluso cabras. Por el contrario, en las costas de la antigua Vardulia y del antiguo Señorío de Vizcaya, las Lamias tenían una cola de pez en las partes inferiores del cuerpo.


Es inevitable comparar a las Lamias o Lamiñas con las sirenas. Como se ha tratado en este capítulo, en las comarcas costeras vascongadas, se representaba a este personaje mitológico como hembras con forma humana en la parte superior y con cola de pez en la inferior. Por el contrario, en el interior venía a representarse la parte inferior con morfologías animales. Aquí se debe puntualizar que, al igual que las Lamias, las sirenas no se han representado siempre como una mujer con torso y cabeza humana y cola de pez, ya que, por ejemplo, en la mitología clásica griega, se representaba con cuerpo de ave, en contra de la creencia popular ya citada.


Al igual que las Lamias, las sirenas muestran una actitud contradictoria para con el hombre. En ocasiones, rebelan el futuro a los humanos o les dotan de poderes naturales. Pero, también, pueden tornarse como malignas, ya sea atrayendo a los hombres con sus cantos y haciéndolos desaparecer bajo las aguas. La mitología griega así lo atestigua en la hermosa Odisea de Homero.


Se ha de reseñar que, al igual que los tritones de la mitología helénica, también las Lamias tenían su homólogo masculino en la Vasconia continental que, en Zuberoa o Soulé, recibía el nombre de Maide.


Según lo expuesto, creo que, tras lo expuesto, ha quedado diáfano que, tal y como referíamos antes, la similitud existente entre la figura mitológica de la Lamia y la sirena existen unas equivalencias indiscutibles. En base a ello y por último, considero que esta correlación, entre ambas figuras, es otra prueba más sobre la pertenencia de la mitología vasca a la indoeuropea.

4. Kixmi y el fin de la raza vasca

Cuenta una leyenda procedente del Goierri guipuzcoano, el nacimiento de Cristo no fue bien recibido por los antepasados vascones. El Padre Barandiarán, en su “Diccionario de mitología vasca” (1), así lo relata:

“(...) los gentiles (2) se divertían un día en el collado de Argaintxabaleta, en la Sierra de Aralar, cuando vieron que del lado de Oriente avanzaba hacia ellos una nube luminosa. Asustados por el fenómeno, llamaron a un sabio anciano y le condujeron a aquel lugar para que contemplase la misteriosa nube y les declara lo que esta significaba. El anciano les dijo: “ha nacido Kixmi (3), y ha llegado el fin de nuestra raza; echadme por el vecino precipicio” (...)”.

A continuación, analizaremos, de forma somera por motivos de espacio, este texto. Según las creencias mitológicas europeas, el enemigo provenía siempre de Oriente, ya que el este era asociado a tribus enemigas de las indoeuropeas, como es el caso de las amarillas. El hecho de considerar el Océano Atlántico como el finis terrae también influía en este hecho. La raza indoeuropea emigraba siempre hacia el Oeste, en contra de la famosa doctrina del (4). La nube luminosa también es clarificadora como un rasgo de pertenencia vasca, en lo mitológico, al tronco cultural indoeuropeo, ya que es común el temor hacia los elementos naturales en todas las mitologías del llamado “viejo” continente.
Aquí se debe hacer un pequeño inciso y es que no hay que confundir la adoración de los elementos naturales con creencias solares. Este es, a mi juicio, un error muy frecuente. Cierto es que los indoeuropeos adoraban al sol, empero, además de al Astro Rey, también realizaban ritos y cultos hacia los otros elementos; ya sea el viento, el agua, la tierra o el fuego, por ejemplo.
Ritos solares no son algo exclusivo del tronco cultural indoeuropeo. Los incas adoraban también a Viracocha como creador del sol. Para los aztecas, la función esencial de todo individuo era estar al lado del sol, aun después de muerto (5). Tras esta acotación, continúa el análisis del texto:

“Asustados por el fenómeno, llamaron a un sabio anciano y le condujeron a aquel lugar para que contemplase la misteriosa nube y les declara lo que esta significaba (...)”

Como se evidencia en el párrafo seleccionado y volviendo al eje central de este capítulo, los gentiles pidieron consejo a un “sabio anciano”. En las mitologías indoeuropeas, y dentro de ellas la vasca como se pretende demostrar, la ancianidad representaba conocimiento. El saber es algo intrínsecamente adscrito a la longevidad. El conocimiento se basa en la experiencia, tal y como afirman los empiristas. Además, en las sociedades guerreras, como la vasca, el anciano era aquel que, además del saber, poseía o había poseído la fuerza. El longevo era una persona que había sobrevivido a múltiples batallas y guerras. Se ha de recordar que, en aquellos tiempos, la mortandad en las contiendas bélicas era muy elevada (
No todas las ramas culturales y mitológicas a nivel mundial valoraban tanto la ancianidad o longevidad de sus miembros como lo hacía la indoeuropea. Para muchos pueblos, especialmente, los de tipo nómada (véase, por ejemplo, el caso de los tuaregs), la ancianidad representaba una carga para la sociedad.
Una vez explicado mi punto de vista sobre este punto, continuaré con la analítica del texto:

“ha nacido Kixmi, y ha llegado el fin de nuestra raza; echadme por el vecino precipicio” (...)”

Si se desea explicar, desde un punto de vista objetivo e imparcial, esta frase del párrafo propuesto, hay que abandonar todo tipo de valoraciones a favor de tesis cristianas.


El anciano afirma, en la frase que, con el nacimiento de Cristo, llegó el fin de la raza vasca. Evidentemente, hay que reseñar que estamos hablando de un texto extraído de una leyenda mitológica, por lo que no es conveniente tomar al pie de la letra esta afirmación. No obstante, a pesar de esto, esta leyenda dice más, como se está viendo, de lo que se extrae de su lectura preliminar.
Según considero, cuando el anciano adscribe la destrucción de la raza vascona al nacimiento de Cristo, lo hace por dos motivos esenciales. El primero de ellos, basándose en un contenido étnico y el segundo, bajo una perspectiva de tipo religioso, ético, cultural y probablemente social.


Acerca del contenido étnico, hay que referirse a que ambas religiones (llámese indoeuropea y cristiana) son divergentes en el plano racial. Mientras que el conjunto de creencias indoeuropeas son propias de su misma raza, la cristiana pertenece o desciende a la raza semita. En la frase de la leyenda hay un evidente recelo hacia la raza semita, como un posible brazo ejecutor de la vascona.


Sobre la perspectiva religiosa, las diferencias entre las creencias del tronco cultural indoeuropeo, en el cual, incluyo indubitativamente a la vasca, y las cristianas/semitas son más que obvias. La mitología indoeuropea propugna una religión guerrera e imperial, si el Lector me permite parafrasear al filósofo italiano Julius Évola (6), y de rasgos y reminiscencias hacia la Naturaleza, mientras que las cristianosemíticas es, o podría decir, son religiones dirigidas hacia pueblos agrícolas y comerciantes, con valores muy diferentes a los indoeuropeos.


Se debe recalcar, como se acaba de hacer, que los vascones eran un pueblo esencialmente guerrero, pastoril y cazador, por ello, sus bases, usos y ritos religiosos estaban adaptados a tales características, como ya se ha referido en el capítulo anterior. No es óbice deducir que un pueblo eminentemente belicoso acataría una religión, y entendiendo como unitaria las creencias cristianas y semitas, que predica una serie de valores diametralmente opuestos a los propios.


La religión cristiana está basada en una serie de axiomas contrarios a las originales creencias espirituales de los vascones, y por ende, del resto de pueblos indoeuropeos. En primer lugar, el monoteísmo es algo propio de la semítica, mientras que las arias siempre se han distinguido por su carácter politeísta (7). En segundo, el contraste existente en el concepto ético de la vida. Mientras que en las creencias politeístas la máxima recompensa espiritual venía acompañada de la muerte violenta, es decir, en batalla. Por el contrario, en el caso cristiano/semítico, la recompensa, en resumen, la salvación del alma, se otorga por el cumplimiento de una serie de valores morales y éticos. El gran filósofo y pensador alemán, Nietzsche ya habló del concepto de la moralidad esclava inmerso en la religión cristianosemítica, de ahí su propuesta de recuperación de la verdadera espiritualidad europea.


Debo añadir que no busco comparar o juzgar cual de ambas creencias, así como sus valores, es la verdadera o la más justa, ya que caería en juicios de valor eminentemente subjetivos y, probablemente, tendenciosos.


A modo de cierre del capítulo y por lo aquí expuesto, no debe sorprendernos y, entendiendo en todo momento qué se está tratando en este capítulo del presente opúsculo, que, para el sabio anciano, con la llegada de Cristo, el fin de la raza vascongada estuviera cerca.
Y, por último, creo que, vuelve a quedar demostrado de manera taxativa la pertenencia de la mitología vasca, dentro del tronco mitológico y/o cultural indoeuropeo.


5. Basajaun: el Señor del bosque

Basajaun o, dependiendo comarcas, Baxajaun, cuya traducción al castellano es la de “señor salvaje” o “señor de la selva”, es, probablemente, y junto a las Lamias, el personaje mitológico vasco más popular y, concretamente, en la antigua Vardulia, de la que parece ser es originario.
A pesar de ese conocimiento, existe un error de interpretación, ya que Basajaun es representado como un humano dotado de un vigor extraordinario y dedicado al asalto de aquellos que osan penetrar en sus bosques. Sin embargo, la mayor parte de las leyendas presentan a este personaje mitológico como un Dios (1) de carácter protector como luego se explicará.
Si bien en el caso de Mari y de las Lamias, la representación era variada y heterogénea, en esta ocasión, se puede afirmar que la descripción de Basajaun es muy pareja en las diversas versiones que sobre el se ofrecen.

Como se viene celebrando los últimos años, la Selección de Vasconia disputó su tradicional encuentro de Navidad. No decimos nada nuevo al afirmar que este único partido anual es algo que nos parece realmente pobre. En primer lugar, por la escasa entidad de los rivales que se traen (Bolivia, Macedonia, Honduras, etc...) y porque un partido anual es algo, a todas luces, insuficiente. Pero bueno, las cosas son así y, a pesar de todo, allí estuvimos los hooligaNS vascos animando a nuestra Selección. Después de muchos años disputándose estos partidos en San Mamés, este año le volvía a tocar el turno al Estadio de Anoeta. Hay que decir que, debido a las fechas, el Vasconia-Honduras se celebró en miércoles, y no en sábado como es habitual.


Evidentemente, este se reflejó en la cantidad de público existente, que fue menor a lo de otros años. También hay que decir que desde Bizkaia tampoco vino mucha gente, mientras que de Gipuzkoa y Nabarra siempre hay nutrida presencia, tanto en Donostia como en Bilbao.
Pero bueno, a nosotros tampoco nos importaba en demasía esto, ya que nosotros teníamos bien claro cuales eran nuestros objetivos: animar y reivindicar nuestra Selección, el demostrar que los hooligaNS de Vasconia podemos estar presentes allí donde juegue nuestro equipo, que vean los rojos que somos la (su) dura realidad y, por supuesto, el estar todos (o la mayor parte...) de los NS vascos unidos.
Respecto a ubicación, teníamos entradas de fondo norte y allí estuvo presente (y bien visible, que no le quepa duda a nadie) nuestra pancarta, así como diversas banderas patrióticas. Entre los que íbamos más gente que se nos unió, calculo que estaríamos unas veinte personas. Cierto es que no fuimos muchos, pero hay que destacar que es el primer año que vamos, como grupo, y que tampoco se sabía a ciencia cierta cuantos seríamos. Mientras que nosotros vamos a más, los rojos volvieron a dar pena. Una clara menor presencia de gente en su grada (se pusieron donde los Mujikos), no se sacaron pancartas (excepto la de Indar Gays que era la única que se salvaba, parte de la de la Peña Marika y una asquerosamente cutre, muy acorde con el grupo, jejeje..., de los Txerri Norte) y animación bastante escasa.
A nivel de animación, por nuestra parte, se hizo lo que se pudo, con peores y mejores momentos. Estos últimos llegaron en los 20 minutos en los que se animó y mucho.


Respecto a los cánticos, pues de todo un poco: de apoyo a la Selección, patrióticos, raciales y políticos. En fin, lo clásico. Hay que reseñar que no tuvimos ningún tipo de incidentes con guarros, ni antes, durante y después del fútbol.Tras el partido, unos potes posteriores y se puso vuelta cada cual a su casa, con la satisfacción de haber estado allí demostrando la creciente fuerza de los NS en Vasconia y, por supuesto, de haber estado animando a nuestra Selección Nacional.


Según el Padre Barandiarán, Basajaun tiene cuerpo alto de forma humana, cubierto de pelo. Su larga cabellera le cae por delante hasta las rodillas, cubriendo el rostro, el pecho y el vientre. Uno de sus pies es como el del hombre; el otro tiene planta circular (2).
La mitología vasca presenta a este Dios menor como el protector de los rebaños. Cuando el tiempo amenazaba galerna o tormenta, tan comunes en tierra vascongada, Basajaun ponía en sobreaviso a los pastores a fin de que retirasen el ganado y lo cobijasen en lugar seguro. Además, los pastores podían descansar tranquilos gracias a Basajaun, ya que la sola presencia de este en el lugar, era garantía de que no aparecería el máximo enemigo del pastor: el lobo. Como se ha comentado al principio de este capítulo, la imagen de Basajaun dista mucho de ser un temible salteador de bosques. Es evidente que el aspecto físico (alto, corpulento y rasgos duros) de este personaje ha sido muy influyente para crear per se esa imagen.


Como sucede en otros mythos vascos, Basajaun tiene también su referente femenino, llamada Basandere cuya traducción castellana es idéntica. Su aspecto distaba mucho del personaje masculino, ya que era de hermosa figura y con cabellos de oro. El hábitat de Basandere era sustancialmente diferente al de su homólogo masculino, ya que esta vivía en las entradas de las cuevas, en las cuales pasaba largas horas peinándose su hermoso cabello. Cuenta la leyenda que un pastor sustrajo el peine de Basandere y fue perseguido por ella misma. Cuando estaba a punto de dar caza al ladrón, este último tocó una peña que acababa de ser iluminada por el sol del amanecer. Basandere le dijo “da gracias al sol” (3) y marchó a su cueva de Mondarrain sin hacer daño alguno al malhechor.

6. Sorginas y Akelarres: magia en Vasconia

Al igual que en el caso de Basajaun, existen también una serie de suposiciones erróneas acerca de las Sorginas (1). Por regla general, se considera que las Sorginas son mujeres que toman parte en reuniones nocturnas con fines malignos y en maleficios de toda clase. Es cierto que la mitología vascongada presenta, en muchas ocasiones, a las Sorginas como tales, empero, no siempre es así, ya que también las Sorginas pueden ser representadas como genios, tanto de género masculino o femenino, que realizan actos extraordinarios, sin ser necesariamente maléficos.


La línea cronológica de las Sorginas es algo más tardía que el resto de personajes y Dioses que se han presentado, ya que en el caso que ahora se explica, esta figura mitológica alcanza su cenit en el momento de la cristianización total del País Vasconavarro. La causa de este retraso es, sin duda, debido al estado sugestivo creado por la Iglesia en, no sólo Vasconia, sino toda Europa, con la magia negra esencialmente.


La ubicación espacial de las Sorginas está centrada particularmente en el Este de Guipúzcoa y Norte del Reino de Navarra y, más concretamente, en las comarcas actuales de Goierrialdea, Donostialdea (2) y toda la zona vascófona prepirenaica de Navarra. Los múltiples topónimos así lo afirman: Sorginiturri (3) en Goldaratz y Ataun, Sorgierreka (4) en Motrico, Sorginzulo o Sorgintxulo (5) en Cegama y Hernani, Sorginleze (6) en Zugarramurdi, etc...


La mitología vasca da cuatro versiones, según José Miguel de Barandiarán, sobre como se convierte una persona en Sorgina. La primera de ellas es a causa de haber dado tres vueltas a una Iglesia. La segunda en cuestión es por no haber sido bien bautizado, mientras que la tercera es por haber besado a Etsai (7). La última causa es haber recibido de otra Sorgina un alfiletero.


Como se puede observar, era relativamente fácil poder llegar a ser una Sorgina. Tampoco era difícil localizar y distinguir a este personaje. Según la mitología, las Sorginas tenían la capacidad de adoptar diversas formas incompletas de animales. Al decir incompletas, me refiero a que las Sorginas podían convertirse en animal, pero no completamente, ya que siempre alguno de los miembros de este personaje, mantenía su forma humana.


La ausencia de lunares en la piel también era tomada como una prueba. Así, las personas sin manchas cutáneas podían ser acusadas de ser Sorginas, rompiendo de este modo la creencia popular de las características verrugas de las, en este caso, mal llamadas brujas.
No debe sorprender que estas creencias mitológicas, hábilmente entremezcladas con la persecución de la brujería por parte del Santo Oficio de la Inquisición, fueran motivo de no pocos problemas en Vasconia, en donde se desató, a lo largo de las centurias XVI y XVII, importantes persecuciones de carácter religioso (8). Evidentemente, la Iglesia aprovechó una imaginada connivencia entre Sorginas y los escasos vascos que mantenían ritos y usos autóctonos y precristianos para acabar, de un modo prácticamente absoluto, con las creencias politeístas en los territorios vascongados.


A continuación, se tratará de describir los centros de reunión de las Sorginas, conocidos por el nombre vasco de Akelarres (9) o Aquelarres en lengua castellana. Estos lugares, distribuidos y ubicados esencialmente en la primigenia Vardulia y el Norte navarro, han pervivido hasta los tiempos actuales, como parajes en los que el paganismo, las creencias y ciertos aspectos culturales del pueblo vasco se han entremezclado, formando un cuerpo único, con leyendas y cuentos tradicionales.


El Santo Oficio de la Inquisición explicó, en sus informes, como en que consistían los Akelarres y quienes practicaban a los mismos. Según esta fuente, los participantes en este ritual acudían a una presunta convocatoria del demonio para adorarlo a través de uno de sus vicarios que, por lo general, aparecía vestido de negro o disfrazado de buco (10). La ceremonia consistía en un gran banquete en el que solían consumirse diversos alucinógenos, tras el cual los miembros del Aquelarre rendían cuentas a Satanás informándole de los males causados desde la última reunión; la “contramisa” o misa negra concluía con danzas y saltos en corro hasta el acoplamiento carnal, una orgía sexual en la que nada se respetaba. El canto del gallo daba fin a la ceremonia, y sus miembros, presuntamente cargados de energía maligna, regresaban a sus lugares de procedencia preparados para seguir ejerciendo la brujería.


Según la mitología vasca y las investigaciones de José Miguel de Barandiarán, los Akelarres vascongados reunían a los adoradores de Akerbeltz (11), los cuales debían abjurar de la religión cristiana y, como consecuencia final, debían adorar al diablo, representado por Akerbeltz. Se debe suponer, y aquí se entra en el terreno de las hipótesis, que, muy probablemente, este rito surgió como respuesta a la evangelización realizada por la Iglesia. Según la fuente mencionada, los Akelarres vascos tenían implícitos cinco ritos: adoración, ofrendas, rendición de cuentas, aceptación de órdenes y otras funciones no definidas.


Como se acaba de presentar, los estudios del Padre Barandiarán coinciden en ciertas variables con los datos dados por la Inquisición. El ilustre ataundarra encontró, en sus múltiples y exhaustivas investigaciones, por toda la geografía vascongada, leyendas que corroboran hasta cierto punto esta versión inquisitiva.


Empero, se debe considerar que la Inquisición buscaba acrecentar el poder eclesial en una zona, Vasconia, que le era más difícil de controlar y en la que todavía se mantenían ciertos recuerdos de rituales y usos propios anteriores a la conversión cristiana. Por ello, el Santo Oficio desmesuró sus informes sobre los Akelarres, cuyas celebraciones son bastante discutidas. No cabe duda que este proceso de Zugarramurdi supuso, en aquella época, un correctivo duro y aviso para aquellos vascos que, si bien ya no eran paganos, mantenían, dentro del cristianismo, ritos autóctonos.


Por último, se debe reseñar que los Akelarres no son propios exclusivamente de los vascos, aunque si es cierto y contrastado que es la región de Europa, sin duda, con mayor presencia e importancia de los mismos. En la localidad francesa de Carcassonne, en la región del Languedoc, existen pruebas de la celebración de Aquelarres en el año 1330. En definitiva, otra prueba más que la mitología vasca, como parte de la cultura autóctona, son indudablemente indoeuropeas, ya que no se entiende que dos regiones tan separadas, sin contacto conocido entre ellas y su habitantes, desarrollaran, aunque con relativas divergencias y diferencias, ritos precristianos similares.

7. Ritos solsticiales: El origen indoeuropeo

Como refiero en la introducción, uno de los dos objetivos finales de este opúsculo, es la demostración de la pertenencia vasca en el ámbito cultural y mitológica, entendiendo esto último como un universo filosófico y religioso, al tronco indoeuropeo.


Hasta el momento, se ha presentado al Lector algunos de los Dioses y personajes más importantes dentro de la mitología de Vasconia. En este capítulo, empero, se versará sobre los ritos de origen indoeuropeo que se hayan en la mitología vascona.


En connivencia con el ya mencionado carácter matriarcal de la sociedad vasca precristiana en la que la mujer era la administradora del culto y jefa del clan familiar, no debe extrañar que, al igual que Mari, el sol fuese representado como un Dios de carácter femenino, excepto en el Soulé, sito en la Vasconia continental, con mayor influjo de las tradiciones gasconas.


En algunas regiones del antiguo Ducado Vascongado, al ponerse el sol, le saludan diciendo “Eguzki amandrea badoia bere amangana” (1) aduciendo una retirada del sol hacia el interior de la tierra. Concretamente, en las hidalgas tierras del Duranguesado, el sol es considerado como sacro personaje y lo loan como “Eguzki santu bedeinkatue (...)” (2).


No cabe, pues, duda del carácter sagrado del sol dentro de las creencias precristianas vascas y de los múltiples ritos, no propios de los vascos pero sí indoeuropeos, los cuales se analizarán a continuación.


En primer lugar, hay que referirse, sin duda, al rito solar por excelencia dentro del tronco cultural y mitológico indoeuropeo. Como el Lector habrá adivinado, se trata de la Noche de San Juan, Doniane o Donibane en lengua vascongada.


Tampoco se deben olvidar otros rituales solsticiales. En la Nochebuena, todavía aún en tiempos actuales, en muchos pueblos y aldeas de Vasconia se coloca el Gabonzuzi (3). El Gabonzuzi es un tronco sobre el cual deben pasar los animales de la casa, antes de ser incinerado. De ese modo, el fuego, es decir, el sol, actúa de purificador para con ellos.


Si bien no podemos hablar de ritos en el caso que, a continuación, se presentará, es algo que, indudablemente, esta relacionado con ritos y/o cultos solares como es la esvástica vasca o Lauburu (4). Este símbolo, tan popular a día de hoy, fue la representación que los antiguos vascones hicieron del Astro Rey. De hecho, y en multitud de caseríos, se pueden encontrar en la parte superior del arco de entrada, Lauburus esculpidos en la piedra. Según afirma José Miguel de Barandiarán, y cito textualmente, “(...) -el Lauburu- ahuyenta a los espíritus, a cierta categoría de brujos y Lamias, a los genios de las enfermedades, de la tempestad y del rayo” (5). Además, las esvásticas o suásticas vascas estaban orientadas, al igual que la fachada principal de la vivienda, hacia el Este. La mayor parte de las construcciones indoeuropeas fueron construidas en dicha orientación por motivos solares.


A pesar de que el Lauburu es, sin género de dudas, el símbolo solar más conocido, no es el único que posee la rica mitología vasca. También se pueden encontrar a lo largo de toda la geografía de Vasconia multitud de símbolos como signos ovífilos, rosetones, círculos concéntricos, estrellas pentagonales o pentalfas y un largo etcétera de simbología de corte solar (6). A otro nivel, el sol no sólo ha sido representado por símbolos, sino también por flores, como es el caso del Carlina acaulis o cardo silvestre.

8. Otros Dioses y personajes mitológicos

Como se ha comentado a lo largo de este texto, resulta intrínsecamente imposible poder desarrollar todo el conjunto mitológico vasco, así como sus Dioses y personajes mitológicos. En el capítulo presente, el objetivo versa en el nombramiento y explicación sucinta de diversos personajes y Dioses precristianos que, por razones obvias, no se han referido en este opúsculo.

9. Conclusión: Aspectos psicológicos de la mitología vasca. La mitología vasca, parte de la indoeuropea.

A modo de conclusión, trataré de abordar, en primer lugar, el aspecto psicológico de la mitología vascona. Se debe recalcar que un conjunto de creencias no buscan meramente formular hipótesis a fin de responder las dudas históricas del hombre. La mitología, como mencionado conjunto, se enlaza directamente con el psique humano en general, y con el vasco, es este caso, en particular.


Como acertadamente afirma A. Brioso (1), y cito textualmente: “el ser humano ha buscado, y continúa buscando, entender los hechos, los fenómenos, los acontecimientos y los comportamientos que le rodean o que le son propicios”. Bajo este prisma, se debe entender la cultura y mitología vasca anteriores a la semitización cultural de Europa, a través del cristianismo, como un campo que abarca el conocimiento, como un corpus de información y experiencia. Es decir, considero que se debe entender la mitología como el conocimiento de los vascos precristianos. A través de la religión pagana politeísta, los antepasados de los vascones explicaban sucesos reales, a saber, los fenómenos naturales, los ciclos climáticos, las estaciones, la astronomía y, por supuesto, su vida diaria y ordenación social, dentro de una ética y moral.


En anteriores capítulos, me he referido a que la primitiva religión vasca, y por ende, la indoeuropea, tienen un común denominador y diferenciador con la judeocristiana, ya que la propiamente europea, era una religión adaptada a las necesidades del hombre, y no como la judaica y cristiana, en la que el ser humano debía amoldarse a las exigencias de Dios o Yahvé. Ángel M. Fidalgo lo explica, en su Metodología experimental y cuasi-experimental (2), de un modo muy acertado y correcto: “Tal multitud de Dioses (en referencia al politeísmo pagano europeo) no es azarosa sino que responde a la relación estrictamente funcional o comercial que (...) establece con sus deidades, multiplicando y especificando tanto Dioses como necesidades pueda tener”.


En base a ello, se está en condiciones de afirmar que las religiones europeas se fundamentan en la transmisión de conocimientos y creencias de generación en generación, con unas divinidades adaptadas al hombre, en un auténtico adelanto al concepto del antropocentrismo del Renacimiento. Por contra, las religiones semíticas, entre las que, como ya se ha citado, se halla el cristianismo, se basan, y vuelvo a citar al Autor antes mencionado: “la religión judía se fundamenta en principios dogmáticos revelados por una voluntad superior” (3). Es decir, el teocentrismo, que llegó a su punto álgido en el Medievo.


Todo esto lleva a la conclusión que el hombre vasco y europeo, se diferenciaban, no sólo en el evidente aspecto racial, con los semitas, sino que también lo hacía en el aspecto religioso, y post facto, psicológico. El hombre indoeuropeo no mostraba un temor absoluto hacia sus Dioses. Cierto es que existía un respecto y un culto para con los mismos, pero sus deidades estaban, también, al servicio del hombre y viceversa, en un círculo, si se me permite emplear el término biológico, simbiótico de creencias. Por el contrario, y a modo de cierre de este apartado, el semita evidenciaba su terror hacia Yahvé, en el caso judío, o Allah en el árabe, con una actitud sumisa y un comportamiento aterrorizado, basta recordar que los creyentes de estas religiones no deben pronunciar el nombre de su Dios y emplean diversas formas para referirse al mismo.

10. Anotaciones

Introducción:
(1) Editado en el año 1941.
(2) Ver el capítulo dedicado a Mari o Maya.

Capítulo 1:
(1) Para una mayor comprensión de lo que se entiende por “pagano”, el Autor recomienda la lectura del libro “Imperialismo pagano” escrito por el filósofo italiano Julius Évola, Editorial Heracles (Argentina), sin año.
(2) ¿? – 1066
(3) Sin datos.
(4) Hasta el año 1134 no se le empezó a denominar como Reino de Navarra.
(5) Guipúzcoa fue conocida popularmente como “La Provincia” hasta el siglo XVIII
(6)
(7) 1000 – 1035
(8) Conocida con el nombre de Reforma Gregoriana.
(9) Fue la primera entidad política a la que pertenecieron todo lo que hoy se conoce como Vasconia. El Ducado de Vasconia nació a principios del siglo VIII tras la victoria vascona sobre sus enemigos visigodos para desaparecer a comienzos del siglo IX dando origen al Reino de Pamplona.
(10) Según T. Martínez de Lezea, traductora y experta en mitología y tradiciones vascas.

Capítulo 2:
(1) Recomiendo al respecto la lectura del Diccionario de mitología vasca (pág. 128), José Miguel de Barandiarán, Colección Ipar Haizea, Editorial Txertoa, 1984.
(2) Según el Conde don Pedro de Barcellos en su “Livro dos linhagens”, siglo XVI.
(3) Rúnica.
(4) Inglaterra, a día de hoy.
(5) Fiordos.

Capítulo 3:
(1) En el caso concreto de Laburdi, Bajanavarra y Zuberoa, José Miguel de Barandiarán constató que existían Lamias de ambos géneros. El femenino recibía, en Zuberoa, el nombre ya mencionado y el masculino el de Maide.

Capítulo 4:
(1) Ver página 103.
(2)
(3) En castellano, mono.
(4) Marcha hacia al Este.
(5) Para los aztecas, los muertos en combate eran los encargados de guiar al sol en sus ciclos de, aproximadamente, 22 años.
(6)
(7) Véase los casos germánico/escandinavo, latino, celta, vasco, etc...

Capítulo 5:
(1) Según estudios de José Miguel de Barandiarán.
(2) Diccionario de mitología vasca (pág.39), José Miguel de Barandiarán, Colección Ipar Haizea, Editorial Txertoa, 1984.
(3) Diccionario de mitología vasca (pág.41), José Miguel de Barandiarán, Colección Ipar Haizea, Editorial Txertoa, 1984.

Capítulo 6:
(1) Brujas, en castellano.
(2) Comarca de San Sebastián.
(3) Fuente de Sorgina, en castellano.
(4) Río de Sorgina, idem.
(5) Sima de Sorgina, idem.
(6) Cavernas de Sorgina, idem.
(7) Diablo, idem.
(8) En el año 1610, en la localidad navarra de Zugarramurdi, el Santo Oficio procesó a cuarenta vecinas, doce de las cuales fueron condenadas a morir en la hoguera. Este juicio significó el momento álgido de la persecución judeocristiana contra las creencias originales vascas.
(9) Prado del macho cabrío.
(10) Macho de la cabra.
(11) Macho cabrío, en castellano.

Capítulo 8:
(1) La abuela sol va hacia su madre, en castellano.
(2) Sol santa, bendita (...), en castellano.
(3) Tea de Nochebuena, en castellano.
(4) Cuatro cabezas, en castellano.
(5) Diccionario de mitología vasca (pág.59), José Miguel de Barandiarán, Colección Ipar Haizea, Editorial Txertoa, 1984
(6) Para un mayor estudio del tema, el Autor recomienda la lectura de De astronomástica vasca (págs.584-602), M.G. Ramos, La Gran Enciclopedia Vasca.

Capítulo 9:
(1) La ciencia e investigación científica en psicología (pág. 24), A. Brioso, Editorial de la UNED, 2001.
(2) Metodología experimental y cuasi-experimental (pág. 339), Ángel M. Fidalgo Aliste, Editorial de la UNED, 2001.
(2) Metodología experimental y cuasi-experimental (pág. 340), Ángel M. Fidalgo Aliste, Editorial de la UNED, 2001.

10. Bibliografía empleada

A continuación, se cita todo el material empleado y, en ocasiones, citado en el texto por el Autor para la realización de este opúsculo.

- De astronomástica vasca, M.G. Ramos, La Gran Enciclopedia Vasca, sin año.
- Diccionario de mitología vasca, José Miguel de Barandiarán, Colección Ipar Haizea, Editorial Txertoa, 1984
- Livro dos linhagens, Conde don Pedro de Barcellos, siglo XVI.
- Imperialismo pagano, Julius Évola, Editorial Heracles (Argentina), sin año.
- Die Prähistorischen Hohlen in der baskischen Mythologie, Instituto de Historia de Leipzig (Alemania), 1941.
- Mitología escandinava, Heinrich Nieder, Ediciones Edicomunicación, 1997.
- Arquetipos e inconsciente colectivo, Carl Gustav Jung, Ediciones Paidos, 1984.
- Mitos romanos , Jane F. Gardner, Akal Ediciones, 1995.
- La ciencia e investigación científica en psicología, A. Brioso, Editorial de la UNED, 2001.
- Metodología experimental y cuasi-experimental, Ángel María Fidalgo, Ediciones UNED, 2001.